Entrar esta vez a la Facultad de Medicina fue como entrar en un sueño que alucinaba y encandilaba en una atmósfera misteriosa y casi mística. Chanel presentó allí su nueva colección de alta joyería, una colección en la que los creadores de las 50 piezas que incluye —cuatro de ellas, únicas—, se inspiraron en la Gabrielle “Coco” Chanel supersticiosa, la que gustaba de los símbolos, de los amuletos para la buena suerte y creía en ellos. Así nació la colección “Los talismanes de Chanel”.

En su departamento en el 31 de la Rue Cambon todavía se conserva el espíritu de la diseñadora que allí recibía a sus visitas. Allí están todavía las huellas de su gusto por los talismanes y amuletos, todos ellos representando suerte, prosperidad y amor. Todo tiene un significado, las espigas, la rana con la boca abierta y un cristal en ella, el número 5, la forma octogonal del frasco de su perfume Chanel nro. 5, el león… el trébol de cuatro hojas, uno de sus favoritos.

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La diseñadora creía que las joyas tienen la capacidad de empoderar y proteger a la mujer que las lleva y esa fue la idea que tomaron los diseñadores de la nueva colección, reinterpretando lo esencial de Chanel.

Los diamantes eran sus gemas preferidas: “La razón para elegir un diamante es que, densos como son, representan el más grande valor en el volumen más pequeño”, dijo al presentar su primera y única colección, en 1932.

La puesta en escena de las joyas fue magistral. El día cambió cuando en una soleada, clara y calurosa mañana parisina traspasamos una puerta-espejo y entramos en un ambiente de sueños con un toque de magia sobrenatural. Las joyas esta vez fueron presentadas en una escenografía y con unos efectos de luz que las hacía lucir en todo su magnífico esplendor. Salas cubiertas de espejos, superficies blancas y pantallas digitales daban vida, no a una sala de exhibición, sino a una ruta soñada de lujo y reflejos centelleante, esa luz que siempre fue unos de los motivos de inspiración para Coco Chanel.

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Ésta es una colección en que el diseño de las joyas ha sido el resultado de la interpretación libre del equipo que trabaja en los talleres de la maison. El hilo que une las piezas es el patrón cuadrilóbulo, utilizado con frecuencia en el arte gótico y renacentista, un guiño más al espíritu creativo de Mademoiselle que solía preguntarse “¿por qué todo lo que hago se vuelve bizantino?”

Oro amarillo y blanco, diamantes –muchísimos quilates de diamantes y en todos las tallas imaginables–, zafiros amarillos, espinelas rojas, topacios naranja, el trabajo con la técnica de esmaltado “grisaille”, perlas cultivadas japonesas, cada elemento combinado y trabajado para conseguir joyas únicas que potencian la energía y el empoderamiento femenino, siempre de una manera audaz y elegante.