Basada en el método de GOCE (Grupo de Obesos en Control de Excesos), creado hace más de una década por el Dr. Antonio Abud, la psicóloga Karolina Lama actualizó el tratamiento y le añadió una fórmula que combina cambios físicos específicos más el aprendizaje de hábitos, reforzamiento de la seguridad emocional y responsabilidades éticas con el cuerpo.

Estas son las claves para “enfrentar correctamente” el vasto y tentador universo alimenticio.

REGLA Nº 1
“Descaramelizar” las neuronas 

La psicóloga postula a los carbohidratos refinados, azúcares y grasas como los principales alimentos productores de dopamina. Este neurotransmisor, conocido mundialmente como “la hormona del placer”, actúa a nivel cerebral generando la sensación de “obsesión por el objetivo adictivo, imposibilidad de dejarlo y tolerancia”. Así, cada vez se necesitaría más de un alimento rico en carbohidratos procesados, azúcar o grasa para volver a obtener el efecto placentero. ¿Cómo evitarlo? Lama, propone “dejarlos como a cualquier otra droga, pues los carbohidratos y el azúcar pueden ser hasta siete veces más adictivos que la cocaína”. Después de 48 o 72 horas, las neuronas se “descaramelizarían” gracias a la leptina, la hormona de la saciedad, que vuelve a ejercer su función en el cuerpo, retomando el control.

REGLA Nº 2
Evitar “el yo me lo merezco” 

Para la psicóloga, la “compulsión por comer tiene una raíz emocional y no estomacal”. Por tanto, el gran refugio de las emociones vendría siendo la comida. Ahí estaría uno de los grandes obstáculos para que una persona consiga el peso que quiere de manera saludable. Por eso, la experta recomienda no ver la comida como a un premio ni como un consuelo, sino que “se debe comer por hambre”.

REGLA Nº 3
No confiar sólo en medicamentos y cirugías 

No es que no funcionen. Pero, la especialista considera que las operaciones bariátricas y los remedios para bajar de peso solucionan sólo uno de los efectos que influyen en el peso: el biológico. No se centrarían en el conjunto de obstáculos que también incluyen lo psicológico y social, y simplemente, “calmarían el hambre” y no solucionarían el problema de fondo: “la adicción tanto física como emocional”.

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REGLA Nº 4
No hacer dieta

Hay que instalar el hábito de comer saludablemente y jamás caer en seguir dietas “superficiales” —de las que generalmente se ponen de moda— y que sólo se basan en una baja ingesta de calorías. Se trata de aprender a incorporar la alimentación correcta de manera constante y que no sea sólo un régimen durante un período. “Si vivo bajo esa ética, luego ésta se extiende a nuestro entorno”.

REGLA Nº 5
Evaluar el acto de comer

¿Qué es lo que se está evadiendo o qué es lo que se quiere calmar con la comida? Antes de tentarse con un bocadillo  hay que partir con hacerse un par de preguntas. Mucha gente come para calmar el estrés, la ansiedad o por problemas de autoestima. Según Lama, “somos lo que creemos ser”, y por eso recomienda fijar pautas alimenticias saludables “acordes con la vida que se quiere llevar”. Incluso el viejo truco de “como más porque es invierno”, como una forma de protegerse del frío, estarían engañándose: “El frío no se regula con comida sino por el hipotálamo”.

REGLA Nº 6
No delegar responsabilidades

“La sociedad chilena está acostumbrada a entregarle la responsabilidad a otros y no hacerse cargo de sus actos”, asegura Karolina Lama par referirse al famoso —y odiado— “efecto reborte”. Se culpa de ello a la dieta en sí y no se asume que muchas veces a través de su conducta el paciente se entrega a las indicaciones de un doctor, un medicamento milagroso o a la dieta de moda y no se preocupa de modificar sus propias conductas. ¿El resultado? Después del tratamiento, el cuerpo vuelve a ser el de antes.

REGLA Nº 7
La “paradoja de la sociedad de consumo”

Según la especialista, la sociedad está condicionada a responder a “un ideal estético de delgadez asociado a lo saludable, pero a la vez, a participar de actividades sociales que promueven y validan comer en exceso”. Así, quienes quisieran cambiar sus hábitos y no participar comiendo en fiestas, cumpleaños o reuniones familiares, figurarían como “excluidos y desadaptados”. Para esto, Karolina asegura que se debe poner especial atención a la relación que se tiene con los alimentos y no necesariamente ligarlos con celebraciones o penas, sino que mantenerse firme en la decisión de privarse de alimentos ricos en grasas o carbohidratos saturados cuando sea necesario.