Ya lo decía Hipócrates: “Eres lo que comes”. Y de sobra son también reconocidos los usos medicinales que chamanes y culturas ancestrales hacen de los frutos, hojas y raíces. Es cierto, además, que hoy muchas cremas y medicamentos contienen altas dosis de extractos vegetales, pero ni la piel puede absorber todo ni la dieta del hombre occidental aporta todos los nutrientes que necesitamos. La industria se ha percatado y por eso hay dos términos que arrasan en Japón y Estados Unidos: nutricéutica y nutricosmética.

Ambos consisten en la concentración de sustancias procedentes de plantas y alimentos en forma de pastillas, cápsulas, ampollas o sobres. Los nutricéuticos ayudan a la salud en general y a enfermedades como la diabetes. Los segundos se enfocan a mejorar el aspecto exterior.
Todavía tenemos poca bibliografía sobre el asunto, pero el doctor español Manuel Jiménez Ucero, reputado dietista, inmunólogo y experto en antiedad, trabajó dos años para crear la primera guía en español: Los secretos de la nutricosmética, libro que explica la importancia de las sustancias necesarias para el buen funcionamiento del cuerpo. Se trata de unas 40 vitaminas, minerales y oligoelementos que, al no fabricarlas por sí mismo, deben tomarse vía alimentos o de suplementos. Y así procurarse las dosis mínimas necesarias.

“Dietas como la mediterránea son muy completas; sin embargo, nuestro ritmo de vida nos impide llevarla con plenitud. Por otra parte hay determinados antioxidantes muy difíciles de tomar de forma natural como los licopenos de los tomates (sustancia anticancinógena). Para obtener la cantidad requerida habría que comer diariamente ocho o diez tomates asados o fritos porque así se libera la sustancia”, explica el doctor Jiménez, cuyos estudios son compartidos por los de universidades como Harvard.
Estos suplementos —comercializados en farmacias y supermercados de Estados Unidos y Europa— tienen la ventaja de ser inocuos. “No son dosis elevadas, por tanto no hay peligro. Si no los necesitas, el cuerpo los elimina de manera natural”. Pero, hay que tenerlo claro, no hacen milagros, “sólo cubren carencias”. Y hay que asegurarse de la calidad del producto.

EN DISMINUIR PATAS DE GALLO, la nutricosmética resulta eficaz y duradera, aunque se trata de un proceso lento, mínimo de un mes para empezar a ver resultados. “Si sólo vas a probar una cajita, mejor que no te gastes el dinero”, advierte el especialista, porque en esto hay que ser constante. Es decir, slow beauty en estado puro.
“Es más efectivo un sobre de colágeno diario durante unos cuantos meses; ahora, si quieres corregir la arruga de inmediato, entonces debes pasar por el quirófano”, comenta Jiménez, director a su vez del Grup Policlínic, una importante red de centros médicos privados de Cataluña.
El aconseja diseñar un plan nutricosmético a partir de los 30 años, edad en que la piel empieza a tener carencias. Y receta tomarlos en tandas de tres meses con uno de descanso. Y si bien suponen un desembolso, el doctor nos recuerda que no hay mejor y más barato nutricosmético que el agua: “Un litro al día es el mejor medicamento del mundo”.
¿Nutricosmética versus cremas y sérum?
No, son complementarios. De hecho en Estados Unidos ya están en la twincosmética, combinación de cosmética externa y nutricosmética.
Ahora bien, aunque Jiménez reconoce que existen cosméticos muy eficaces, juegan en desventaja. “Al ser aplicados por vía externa, chocan contra la impermeabilidad de la piel y se reduce su efecto. En cambio, la administración oral favorece la absorción y los potencia. Las ceramidas hidratan mucho. Elizabeth Arden ya lo sabía. Pero tomándolas en pastillas lo hacen mucho más por dentro que por fuera”.
En definitiva, “los cosméticos externos hidratan las capas superficiales sin actuar en las capas más profundas, que es donde están las células vivas”.

La guía que elaboró el experto comprende información, listados con las marcas comerciales más serias, recetas de nutricosméticos para preparar en casa y, también, pautas de alimentación y hábitos de vida, pues comida, ejercicio y descanso son tan importantes como las píldoras. “El ser humano busca borrar los efectos del paso del tiempo, aunque primero tendríamos que huir de los hábitos tóxicos, mejorar nuestra alimentación y cuidarnos con nutricéuticos”, comenta.
También es autor de la Dieta Flash, un método para adelgazar cuya primera fase sustituye los carbohidratos con preparados proteicos enriquecidos. Luego, vuelve a introducirlos de manera saludable. Esta guía de alimentación se limita a marcar pautas y consejos. Y dice cosas como, por ejemplo, que tomar diez gramos de mantequilla en el desayuno son buenos para el colesterol. O que, a esas horas, también es mejor comerse una naranja que beberse un jugo, ya que secreta menos insulina, clave en el peso. El consumo de té o café a partir de media tarde tampoco es bueno para la insulina. Pero si vamos a pecar con un dulce, mejor tomarlo a esas horas que después de una comida copiosa. Y un aporte para la piel: evitar la ingesta excesiva de pasta, grasas animales, cacahuetes y coco.
Otro mantra del libro: nuestro tipo de vida influye en el envejecimiento.

“VIVIMOS CON EL ESTRÉS DE COMO SI TUVIÉRAMOS QUE ENFRENTARNOS A ALGO GORDO CADA DÍA, así que al final de la jornada estamos ansiosos de comer. Eso nos hace envejecer harto porque segregamos mucha insulina y cortisol.
Según sus datos, la nutricosmética sólo supone el uno por ciento del mercado mundial de cuidados personales, elevándose hasta el 20 por ciento en productos faciales. Estados Unidos, Japón y Europa representan el 80 por ciento de ese total. “La investigación para recuperar las funciones curativas de las plantas y los alimentos se está realizando en los laboratorios científicos más avanzados”, agrega. Y esto lleva a otro debate: ¿hasta dónde llega la publicidad en marcas con potentes empresas alimentarias y cosméticas detrás?  Jiménez está de acuerdo en que añadir probióticos al yogur ayuda al intestino, “pero nunca será un remedio milagroso. Todo lo que digan de más sólo sirve para vender”.

Si por ahora la nutricéutica reduce los signos del paso del tiempo o ayuda a prevenir o mejorar enfermedades, en el futuro podría hacer milagros, como la curación de la diabetes, la solución definitiva a la caída del cabello o alcanzar los 140 años en plenas facultades. Todo gracias a otro término de nueva cuña: la nutrigenómica: cómo la alimentación condiciona la evolución de los genes. “Cuando podamos ver como el ADN de la carne o la cebolla que te comes actúa con el tuyo, cambiaremos muchas ideas y llevará a pautas de rejuvenecimiento”. Eso, de aquí a 20 años.

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