Quienes se dedican a la belleza están desde hace tiempo enfrentados en una batalla sobre quién es el profesional de la salud más idóneo para aplicar toxina botulínica (TB)Esta neurotoxina producida por una bacteria —conocida popularmente por el nombre de la marca comercial Bótox— provoca ninguneo, acusaciones y más de alguna iniciativa legal fracasada. ¿La razón? En Chile hay un vacío en la regulación de especialidades médicas.

En esta ‘guerra’ la bandera es la eliminación de arrugas. El terreno a conquistar, la cara de mujeres —y cada vez de más hombres— ansiosos por doblar la mano al tiempo. Bien podría llamarse la guerra de los Tres Reinos, claro que en lugar de Escocia, Irlanda e Inglaterra estamos hablando de los tres tercios del rostro humano (tercio superior, medio e inferior), donde oftalmólogos, dentistas y cirujanos plásticos, entre otros especialistas, reclaman soberanía. Una muestra del conflicto es que para el congreso organizado por la Sociedad Chilena de Medicina Estética (Sochme, que agrupa a los médicos estéticos) los dentistas no están invitados, mientras que los cirujanos plásticos, aunque convidados, decidieron no asistir en noviembre debido a que no consideran la Medicina Estética como una especialidad.

No los incluimos (a los dentistas) debido a que no van a aceptar no inyectar TB en los otros dos tercios superiores de la cara. Sin embargo, si yo me pongo a blanquear dientes a los tres días tengo al Colegio de Odontólogos demandando”, explica el doctor Felipe Villarroel del IME, quien se especializó en anestesiología, para luego certificarse en Medicina Estética en la Universidad de las Islas Baleares en España.

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La doctora Carmen Moren opina distinto. Como fundadora y presidenta de la Sociedad Chilena Maxilofacial defiende la legitimidad de los dentistas para realizar procedimientos en toda la cara ya que, según el artículo 115 del Código Sanitario, su área de dominio es el sistema estomatognático, es decir, las partes de la cara involucradas en succionar, deglutir, masticar y fonoarticular. “Contamos con los conocimientos para trabajar todos los planos integrados del área bucomaxilofacial, sobre todo, el manejo de la musculatura”, opina Moren, directora de la clínica que lleva su nombre.

Pero el cirujano plástico Patricio Covarrubias cree que detrás de la profusa oferta de inyecciones de bótox con fines estéticos existe un problema de ‘intrusismo médico’: “Es como si yo empezara a aplicar la TB en casos de espasmos en las extremidades, que es un área que compete a los neurólogos, o para estrabismo que es de dominio de los oftalmólogos”.

Jocelyne Kohn, oftalmólogo especializada en oculoplástica y cirugía reconstructiva, hace un poco de historia. Recuerda que la TB fue desarrollada inicialmente para el tratamiento de enfermedades del ojo por el doctor Alan Scoot en los años 70. “Y en el contexto cosmético facial es en el área periocular donde su uso está aprobado por la FDA: es importante que el rejuvenecimiento en esta zona sea integral e individualizado. La TB debe considerarse como una herramienta que, aplicada en los músculos correctos y en dosis adecuadas, es complementaria de otros procedimientos mínimamente invasivos y, eventualmente, de cirugía (blefaroplastía, por ejemplo). Así se evitan resultados exagerados, aspecto paralizado, ‘mirada de sorpresa’ o ‘cejas puntuadas’”, explica la doctora de la clínica THEA.

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Como vemos, razones para esta batalla hay de sobra. Después de todo, la TB es lejos el procedimiento cosmético no invasivo número uno en el mundo y mueve en consecuencia millones y millones de dólares. Para hacerse una idea: el billonario inversor Carl Icahn liquidó sus acciones en Apple para controlar parte importante de Allergan (laboratorio de la marca Bótox) por 3.683 millones de dólares luego de un espectacular aumento de las ventas en Estados Unidos. Eso sí, Icahn no se ahorró un comentario políticamente incorrecto en su cuenta de Twitter: “Alguna gente se hace rica estudiando la inteligencia artificial. Yo hago dinero estudiando la estupidez natural”. ¿Y usted? ¿Qué haría? ¿A qué médico elegiría?  

-El Dentista:

1. Domina el sistema estomatognático y facial. Posee sentido de la proporción y funcionalidad del macizo maxilofacial.

2. El Comité de Etica de la Facultad de Odontología de la Universidad de Chile aprobó su aplicación como parte de la  Odontología Estética.

3. No busca borrar arrugas sino recuperar y preservar el equilibrio de la musculatura facial hipertónica (contracción que provoca arrugas).

-EL oftalmólogo:

1. Por ser una especialidad microquirúrgica, los oculistas están acostumbrados a trabajar en ‘micras’, manejo de instrumental pequeño y aplicación de dosis mínima con precisión.

2. Posee una mayor familiaridad con la anatomía de la órbita ocular, es decir, detalles fisiológicos y fisiopatológicos del ojo y sus anexos.

3. El oculista también aplica toxina botulínica (TB) con fines terapéuticos (estrabismo, por ejemplo), es decir, en ‘zonas peligrosas’.

-El dermatólogo:

1. Conoce los distintos tipos y calidades de piel y, por lo tanto, puede predecir mejor la respuesta de cada paciente al tratamiento.

2. Sabe las terapias complementarias a la TB y las asocia para que el resultado sea óptimo.

3. Discrimina cuándo esta terapia es útil y cuándo no; la aplica en la forma y en el momento adecuado para que el resultado sea conforme a las expectativas.

-El médico estético:

1. Posee sensibilidad para inyec-tar productos con menos dolor debido a que trabaja con pacien-tes conscientes (despiertos).

2. Está normado por la Sociedad Chilena de Medicina Estética (SOCHME) que pertenece a la Unión Internacional de Medicina Estética (UIME, con sede en París, Francia) que regula su correcta praxis.

3. Tiene habilidades y formación médica para comprender al paciente en su totalidad, en una época donde se buscan métodos menos invasivos.

-El cirujano plástico:

1. Tiene una subespecialidad quirúrgica que lo certifica en el manejo de la anatomía facial: siete años de Medicina, tres de Cirugía General y entre dos y tres años de Cirugía Plástica Estética y Reconstructiva.

2. En los casos en que el uso de TB o rellenos faciales no son suficientes, puede ofrecer un tratamiento más definitivo como lifting o lipoinyección. Así se evita el abuso de TB (‘caras congeladas’) o de rellenos (‘caras infladas’).

3. Su capacidad para reconocer complicaciones y también a pacientes en quienes estos procedimientos pueden
estar contraindicados.