Hace unos días fui a la presentación de una marca de productos de cuidado para el pelo y uno de los presentadores de las saludables novedades era peluquero. Claro que no uno cualquiera, sino uno dueño de una peluquería que entra en la categoría de orgánica. Les hablo de Andrés Olmos.

Su propuesta basada en la filosofía Friendly hair care ya no es nueva en el país, pero si está en expansión. Aunque aún dentro de este mercado no es fácil, tanto en esta como en otros lugares afines, se eliminan productos como el amoniaco, sulfato de sodio, parabenos o formol, por su grado de toxicidad tanto para las clientas como para quienes los aplican. Aquí los shampoo son orgánicos y las coloraciones no tienen amoniaco. También se preocupan del cuidado del agua y una serie de prácticas similares que siguen la línea verde.

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Como iniciativa saca aplausos porque muestra que un área que pudiera vincularse a la frivolidad y a la despreocupación por el entorno, tiene también un lado B.

Cada vez son más las líneas de cuidado capilar que buscan soluciones de belleza saludables, se lanzan cosméticos que no se testean en animales y surgen espacios de moda comprometidos con el reciclaje y la reutilización, así como profesionales del área que ponen un sello de compromiso con el planeta en cada una de sus creaciones y en sus áreas de trabajo.

Da gusto ver que el llamado “color esperanza” motiva cada día a más personas y en áreas tan disímiles e impensadas como el campo de la belleza. Bien por ellos y a nosotros sólo nos queda apoyarlos.

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