Es la tercera entre cuatro hermanos, la regalona del clan, la que tiene los mismos rasgos de su padre, Carlos Cousiño, doctor en Sociología, “maestro” de varias generaciones de la UC y un intelectual que es feliz nadando contra la corriente. Carlos Cousiño Valdés es además quien dirige, junto a sus dos hermanos menores, los destinos de la Viña que lleva su nombre y de los negocios que se han desarrollado en torno a los terrenos que la familia posee en Macul.

Con 26 años, Isidora hace un recuento de sus estudios y admite que fue una alumna regular del Grange, pero que a cambio de eso, fue “inmensamente feliz en ese colegio”. Su infancia se desarrolló entre jardines y árboles, en el mismo parque que mandó a plantar doña Isidora Goyenechea: una mujer visionaria de una familia que trajo progreso y tecnología a Santiago y a las minas de Lota, incluso después de quedar viuda de Luis Cousiño en 1863.

“Recuerdo que mi sueño era hacer colonias y pócimas. Jugaba con botellitas, molía flores, les ponía agüita. También preparar cremas, siempre en la viña. Antes de los cuatro años, veníamos a ver a mi bisabuelo, después a mi abuelo. Finalmente, nos vinimos a vivir aquí, al parque”. En este gran pulmón natural, único de Santiago y con cerca de cincuenta hectáreas, se entretenía dándole consejos de belleza a su mamá y juntaba las muestras de perfumes de las revistas como regalo de cumpleaños para su papá.

Wp-Isidora-Cousino-193-2Tenía déficit atencional, pero su carácter y algunas buenas obsesiones le abrieron un camino. “Era la típica alumna que zafaba por el cariño que les tenía a los profesores”. Y también porque gracias a la lectura construyó un mundo propio. “Entré a la Católica a estudiar lingüística y literatura hispánica”. En la misma universidad, su papá era profesor de la escuela de Sociología. Su entusiasmo, sin embargo, disminuyó al segundo año: me di cuenta de que mi carrera no era todo lo que quería. Era de corte social, político y, por lo mismo, con gente muy juzgadora”.

—¿Pasaste malos ratos?

—En parte. Si tenías un apellido como el mío o venías de un colegio privado, o si eras más rubia o blanquita, realmente se generaba una cierta discriminación. Aparecía el estigma de ser facha, cuica… Lo típico de las carreras humanistas.

—¿Bullying?
—No podría decirlo. Creo que gracias a la personalidad que tengo no fue tanto, cualquiera otra persona tal vez lo hubiera sentido así. Algunos profesores fueron bien duros conmigo. Cuando pasaban la lista, me decían ‘doña Isidora Cousiño’ y obviamente atrás venía la chifladera. Fue duro. Afortunadamente, siempre hubo gente que me apoyó, amigos, la familia… Finalmente terminé pasándola bastante bien. Siempre tuve claro que no me iba a hacer la hippie para caer bien.

—¿Qué fue lo más injusto?
—Una vez, en una prueba oral, una profesora me pidió que me sentara. Después ella se puso de pie y me dijo: ‘A ver señorita Isidora Cousiño Mery, ¿qué sabe usted?’. Todo con un tono de mofa. Quedé aturdida, disminuida. En fin, fui fuerte, di la prueba y cuando recién llegué a mi casa y vi a mi papá, me largué a llorar.

—¿Qué hizo él?
—Mi papá fue claro: ‘Isidora, tu nombre te va a traer cosas muy buenas como cosas muy malas también. Tienes que apechugar, ser fuerte y salir adelante’. Nunca lo olvidé.

—¿Eso te ayudó a cambiar los planes… a seguir con la cosmetología?
—Claro, mi mamá siempre me incentivó. Y de verdad, desde que estaba en segundo año de la universidad sabía que mi camino iría por ahí. Me acuerdo que estábamos de vacaciones en Tahití y le conté de mis planes a mi papá. El, sin dudarlo, me entregó todo el apoyo: de inmediato me propuso que me saliera de la carrera y que empezara de nuevo, con la cosmetología. Pero yo preferí terminar literatura y después dedicarme a esto.

Wp-Isidora-Cousino-193—¿No hubo decepciones?
—Mis papás me pidieron que fuera la mejor. Finalmente egresé a los 22 años, con buenas notas e inmediatamente fui a estudiar cosmetología a la academia de Levinia Manfredini. En paralelo, desde ese momento, he viajado todos los años a hacer cursos a New York y voy a ferias especializadas para comprar lo último en productos y máquinas. No he parado en tres años.

—¿Qué te parece el nivel de la cosmetología en nuestro país?
—En Chile la cosmetóloga está muy coartada. En Estados Unidos, por ejemplo, puedes hacer muchas cosas, como la microdermoabración. Pero aquí, no puedes hacer prácticamente nada. Salvo limpiezas, manos o la técnica de la iontoforesis: una corriente básica para penetrar principios activos en todas las capas de la piel.

—¿Cuáles son los tratamientos que más aplicas?
—Yo no ofrezco tratamientos específicos. Me gusta que mis clientes se tiendan en la camilla y, después de un diagnóstico, propongo lo que me parece necesario. Lo que más recomiendo son las máscaras de colágeno, de oro, de plata, de Q10, o de leche. Son ideales para pieles que no están en muy buenas condiciones, para casos de rosácea o mujeres que fuman mucho. Después uso todas las máquinas. Es un tratamiento integral.

—¿Qué se viene para más adelante?
-No me gusta hacer grandes promesas. Pero lo único que pido es que pueda seguir trabajando de la mejor manera. Con tranquilidad. No me gusta eso de que el paciente llegue corriendo.

—¿Cuáles son los errores que cometen las mujeres con mayor regularidad? ¿Qué no aprenden?
—Creo que el error más grande es cuando quieren verse naturales a los cincuenta años. No falta la señora que llega a mi consulta diciéndome que no se hace nada, que no se maquilla. No hay que confundir ser natural con no cuidarse.

—El exceso de sol ya no es un tema.
—Todas tienen conciencia del daño solar. Posiblemente, lo más difícil de erradicar ahora es el tema del cigarrillo. Las que fuman mucho, sufren cuadros de pigmentación, se cierran los poros, la piel se deshidrata y se arruga como diablo. No hay conciencia de que hace pésimo. También el abuso del botox es algo preocupante.

—Tu papá es un destacado sociólogo y está a cargo junto a sus hermanos de una de las viñas más tradicionales de Chile, ¿no fue un tema que escogieras una carrera tan poco ortodoxa, por decirlo de alguna manera?

Wp-Isidora-Cousino-290—¡Pero si mi papá ya había roto con todo eso al elegir Sociología y luego partir a hacer un doctorado en filosofía a Alemania! Siempre fue más intelectual. Tiene una personalidad fuerte, de decisiones claras y ahora está a cargo del doctorado de sociología en la UC. Mi mamá, por su parte, estudió medicina, después se casó y finalmente terminó biología. También fueron contra la corriente.

—No son de tradiciones que se repiten.
—Dentro de la tradición todos en la familia son de mente muy abierta, liberal. Puedes estar en mi casa, con mozo y copas de cristal, pero los temas son abiertos, todo se conversa, nada es tabú. Cada uno tiene su carácter y la libertad para decir lo que opina, con mucha amplitud de ideas.

—¿Te arrepientes de algo?
—Para nada. Creo que todo lo que he hecho ha sido para crecer y madurar.

—¿Piensas casarte, tener hijos?
—Me encantaría más adelante… ¿Y tener hijos? Por supuesto, me gustan los niños. Ahora soy como mamá de mis sobrinas, así es que cuando vengan los míos, yo feliz.

 

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