La historia de lo hot es la historia del deseo. Un fetiche siempre relacionado con la realidad socioeconómica de una civilización cuando asume que poder, dinero y belleza van de la mano.

No nos detendremos aquí en los cánones del antiguo Egipto que son asombrosamente parecidos al moderno (hombros estrechos, cintura fina, cara simétrica), ni en las salidas de madre de Rubens y sus ‘Tres Gracias’ con adiposidades y celulitis localizada.
Pasaremos directo a mediados del siglo pasado cuando Dior, en 1947, decidió poner fin a las penurias de la postguerra imponiendo su ‘Nuevo Look’ glamoroso, femenino y entallado. Luego de este empujón, lo hot dejó de ser algo exclusivo de los ricos y pasó a las masas gracias a las nuevas tecnologías que abarataron costos.
Demos un vistazo a esta línea de tiempo ‘caliente’, traducción literal de la palabra que nos ocupa.

Los 50: Decir que Marilyn Monroe define en esta década qué es hot es un cliché, pero nada más cierto que los lugares comunes. La actriz resume todo lo que una generación buscaba en ‘un reloj de arena habitado por un alma vulnerable’. Todavía las mujeres eran mayormente dueñas de casa, dependientes, y tras su suicidio Marilyn demostró que dependía de muchos. A pesar (y por eso) la ex pelirroja fue atrevida y sexual, como la escena de la falda en ‘La comezón del séptimo año’ o su famosa declaración de que sólo dormía con unas gotas de perfume Chanel Nº 5.
En esta década es hot lo ultrafemenino, las rubias platinadas de Hitchcock; los escotes de Jayne Mansfield; el estilo pin up de Bettie Page y el Tupperware.

Los 60: En los años swinging es hot la rebeldía coqueta que muestra las piernas para conquistar. Este espíritu llegó primero con la resaca voluptuosa de los años 50 que heredó Brigitte Bardot. Sin embargo, los 60 terminan totalmente frescos gracias a la libertad que encarna una de las primeras ‘it girl’, Jane Birkin. La actriz es más natural y andrógina que Bardot, pero no menos erótica como lo muestra el dúo junto a su pareja Serge Gainsbourg (artista epítome de lo hot) del tema Je t’amie moi non plus. La Birkin inventó el boho chic con su pelo liso y largo, bluejeans acampanados (que favorecían figuras menudas), short y minivestidos.
En los 60 es hot la estampa aniñada de Twiggy, las piernas largas y la mini de Mary Quant, las pestañas postizas, Veruschka, Jane Fonda como Barbarella, la píldora y Yuri Gagarin.

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Los 70: El póster es un clásico: Farrah Fawcett en traje de baño rojo con una sonrisa exagerada y que resume muy bien lo que fue hot en esta década. La protagonista de Los Angeles de Charlie impuso un look con brushing, bronceado y deportivo que se adelanta al fitness de los 80. Además, gracias a su papel de detective privado, encarnó el espíritu de la ‘mujer trabajadora’ con sus conjuntos ligeros y donde unas Nike podían hacer la tenida.
Los 70 partieron con plataformas, túnicas y flecos que vistió a la bohemia del Studio 54, y terminó con la imagen de Bo Derek en 10, la mujer perfecta corriendo por la playa con sus trencitas en un traje de baño nude. En esa década es hot Gucci, el sexo explícito de El último tango en París y Emmanuelle, Tony Manero y la onda disco, el Bolero de Ravel y el neopreno.

Los 80: El exceso como religión, la exageración como ley. En medio de esta década flúor emerge Brooke Shields como símbolo de la adolescencia feliz de la era Reagan. No es raro porque los 80 son experimentales, inestables. Lo extraordinario es que la actriz resistiera a la permanente y al maquillaje excesivo cuando lo que mandaba eran Madonna y sus encajes. Con su pelo largo y ondas, cejas tupidas y facciones angelicales, la protagonista de La laguna azul representa el culto a la juventud y a la perfección de los cuerpos que emerge en esta década. Son los años del aerobic, Flashdance y de la primera actriz, Kim Basinger, que explota conscientemente sus labios pulposos en Nueve semanas y media: la versión con frizz de Cincuenta sombras de Grey.
En los 80 es hot la ambición de una Secretaria Ejecutiva, los hombros XXL, el spandex y la tierra de indias.

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Los 90: Cuando no había Instagram, filtro ni redes sociales, las top model monopolizaban lo que podía llamarse hot. El fenómeno tuvo como imagen icónica la portada de Vogue donde aparecían Naomi Campbell, Christy Turlington, Linda Evangelista y Tatjana Patitz. Junto a ellas, Cindy Crawford cambió el estereotipo de la chica sexy norteamericana rubia y de ojos azules y repitió hasta el infinito la perfección que la década exigió: muy altas, delgadísimas, pero con curvas, piel impoluta, facciones regias. En una gatopardista reacción a los excesos de los 80, la Crawford representaba una filosofía de vida ‘equilibrada’ basada en belleza, salud y éxito profesional con un look ‘vestida para triunfar’ de cortes simples y con bolsos XXL.
En los 90 también fue hot el ADN perfecto de Claudia Schiffer, no levantarse por menos de 10 mil dólares (Evangelista), el lucro, y —fuera de las pasarelas— Sharon Stone en un traje blanco minimalista cruzando las piernas con nada, pero nada debajo.

El nuevo milenio: Con el 2000 llegó un revival de estilos. Ahí está Scarlett Johansson rescatando las curvas de los 50; Gisele Bündchen, el hippie-chic de los 60 y la perfección de las top model; Rooney Mara el minimalismo futurista que nunca terminó de imponerse. La única certeza es que los top se acortaron, las cinturas bajaron y quedó al descubierto un área difícil —el estómago— al que hoy se le exige una definición atlética. Quizá por eso, hoy son las deportistas quienes imponen rutinas y tendencias, como Ronda Rousey o María Sharapova quien acapara contratos no sólo de marcas deportivas como Nike, sino también de la casa Tiffany.
Hoy es hot la resiliencia de los deportistas; el cuerpo fuerte pero decorado con aros chandelier de la Sharapova, sus gritos de amazona en la cancha; un estómago trabajado y, ojalá, libre de gluten.