La respuesta pareciera ser fácil. Si es que nos preguntan cuál de estas dos cosas, la obesidad o el sedentarismo, es más dañino para la salud, sin duda la mayoría responderíamos sin titubear: la obesidad. Después de todo, escuchamos y leemos constantemente que esta condición es uno de los mayores problemas del siglo 21, que es capaz que causar tantas muertes como el tabaco (según un estudio del Centro de Control de Enfermedades y Protección de los Estados Unidos).

“El porcentaje de la población que la padece sigue aumentando en los países industrializados. Según un informe de la Organización Panamericana de la Salud, Chile es el país con mayor porcentaje de sobrepeso/obesidad de Latinoamérica”, afirma el doctor Nicolás Bunster, cardiólogo de la Clínica Universidad de los Andes.

En Estados Unidos las cifras son más alarmantes. Más de un tercio de los adultos, lo que se traduce en un total de 97 millones de personas, son obesos. Peor aún, se espera que este número aumente un 42% para el año 2030. Con estas estadísticas en mente, el panorama parece estar claro: lo que comemos es lo realmente fundamental para la salud. Si nos ejercitamos, es un beneficio, pero no algo primordial. Por ende, nos enfocamos principalmente en nuestra dieta, evitamos las grasas saturadas, los azúcares, el exceso de lácteos y un largo etcétera confiando que si mantenemos el cuerpo en su peso ideal, nuestra salud irá bien.

No obstante, nuevas investigaciones cambiarían nuestra enmarcada forma de pensar. Un estudio de la Universidad de Cambridge publicado en el American Journal of Clinical Nutrition reveló que el sedentarismo es el principal responsable de las muertes, causando el doble de fatalidades que la obesidad. La investigación, que estudió a más de 300 mil individuos durante un periodo de 12 años, comprobó que por lo menos 20 minutos de ejercicio diario son enormemente beneficiosos, sin importar el peso.

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Además, el sedentarismo se presenta como un enemigo mucho más invisible que la obesidad, ya que esta última se puede ver a simple vista, pero la primera es engañosa. “Una persona puede incluso tener un aspecto físico adecuado y, sin embargo, estar acumulando riesgo cardiovascular por su inactividad”, dice el Dr. Bunster. En una sociedad donde la apariencia “perfecta” se traduce como un cuerpo delgado y esbelto, corremos el grave riesgo de pensar que si lo mantenemos así, nuestra salud estará bajo control. “Está comprobado que las personas delgadas tienen un mayor riesgo de problemas a la salud si es que son inactivas. Y las obesas que se ejercitan tienen mejor salud que aquellas que no lo hacen”, constata la Organización Mundial de la Salud (OMS) en su página oficial.

Conversamos con especialistas sobre los riesgos de ambas condiciones y cómo estos nuevos datos pueden cambiar nuestra forma de enfrentarnos a cuánto nos movemos y qué comemos.

Los riesgos de la obesidad

Según el estudio Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional en América Latina 2016, Chile es el país con más sobrepeso de Latinoamérica y el segundo que más consume productos procesados. La investigación, que fue realizada por las Naciones Unidas constató que un alarmante 63% de los chilenos sufre de sobrepeso u obesidad, siendo las mujeres las que llevan la delantera con una diferencia de diez puntos. Cuando hablamos de obesidad, nos referimos a un peso que es un 20% superior al ideal para su respectiva altura, y es una condición que se asocia con enfermedades al corazón, presión alta, algunos tipos de cáncer, diabetes, apnea del sueño y problemas de respiración, entre otros.

Son muchos los órganos que se ven afectados por una dieta poco saludable, pero entre ellos uno de los que más sufre es el corazón. “Los aderezos artificiales, grasa y embutidos, y azúcares refinados en exceso son muy dañinos”, asegura el Dr. Bunster. “Es muy importante para la salud mantener una dieta adecuada, que sea balanceada en cuanto a calidad y diversidad de los nutrientes ingeridos y en cantidad de calorías consumidas”.

Los riesgos del sedentarismo

“El sedentarismo es un problema de salud pública que ha sido subestimado durante mucho tiempo. Existe un número elevado de enfermedades crónicas que se han asociado al hábito sedentario, y este se relaciona a mayor mortalidad cardiovascular”, dice el especialista.”La situación a nivel mundial es preocupante. Se estima que uno de cada cuatro adultos es sedentario, mientras que en Chile un 88% de la población no hace ejercicio, según la encuesta de salud del año 2010”, añade.

Por su parte, el sedentarismo es un factor de riesgo clave para enfermedades cardiovasculares, hipertensión y diabetes, resultando en una de los mayores motivos de muerte a nivel mundial. “Se estima que en Europa la mortalidad por causa cardiovascular en personas sedentarias es el doble que aquella que se atribuye a obesidad”, agrega.

Asimismo, el Dr. Bunster cuenta que: “hay estudios que han atribuido similar riesgo cardiovascular a los pesos extremos (obesos y muy delgados), así como también los comportamientos “en escalera” con fluctuaciones constantes del peso, como se señala en un estudio publicado esta semana en New England Journal of Medicine”.

El estudio de la Universidad de Cambridge, de hecho, constató más de 600 mil muertes, en comparación con las 337 mil provocadas por enfermedades asociadas a la obesidad.

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¿Pero cuál es más dañino para la salud?

Aquí es donde entramos en un terreno pedregoso. Porque a pesar que el estudio reveló que el sedentarismo mata al doble de personas que la obesidad, eso no implica que los riesgos de salud asociadas a esta última se anulen, o incluso disminuyan. “Los resultados del estudio no quieren decir que la condición de obesidad deje de tener riesgos; el peligro de patologías crónicas asociadas al sobrepeso y la obesidad se mantiene”, enfatiza la Dra. Isabel Errandonea, nutrióloga de la Clínica Las Condes. “Este fue un análisis observacional, solo observa la evolución de los participantes, pero no hace intervenciones. Tampoco se puede llegar  a conclusiones sobre posibles mecanismos asociados al ejercicio”, agrega.

Lo más importante que se desprende de la investigación es una idea “simple y concreta”, como subraya la especialista. “Con cambios muy pequeños, como por ejemplo caminar vigorosamente durante 20 minutos al día, se pueden obtener grandes beneficios en la salud”, añade la especialista. “Un cambio desde un estado de sedentarismo completo a uno solo levemente más activo puede ayudar muchísimo”.

Al hablar de ejercicio, nos referimos a “realizar una actividad física de forma planificada y repetitiva. Desde el baile de salón, saltar la cuerda, calistenia hasta correr una maratón”, define el Dr. Bunster. También es importante delimitar la diferencia entre un ejercicio y el ajetreo diario. Con las vidas y horarios intensos que muchos de nosotros llevamos, tendemos a terminar el día “agotados” y pensamos que con esa locura basta y sobra. Sin embargo, un ejercicio que tenga un impacto positivo en la salud debe de “realizarse de forma ordenada y programada y tener una intensidad y duración determinadas”, añade la Dra. Errondonea.

La experta también explica que una rutina eficaz de ejercicio consta de 150 minutos semanales que pueden ser distribuidos en distintas formas: en 5 sesiones de 30 minutos o 3 sesiones de 50 minutos, o incluso 10 minutos en tres tandas al día. “Con esta recomendación se ha estimado que podemos lograr entre 31-39% de reducción en la mortalidad por causa cardiovascular, sin embargo es importante señalar que a mayor duración e intensidad este beneficio no sigue aumentando”, complementa el Dr.Bunster.

Comenzar a hacer un ejercicio puede parecer un desafío aterrador para muchos, pero el Dr. Bunster remarca que no es necesario inscribirse en un gimnasio o salir a trotar todos los días para lograr la cuota precisa de movimiento. “Personalmente, prefiero hablar de “actividad física” en vez de “ejercicio”, dado que muchas de las acciones que se realizan en el día a día pueden tener efectos similares sin necesariamente buscar ser un ejercicio. Por ejemplo caminar, subir escaleras, cortar el pasto también suma minutos de actividad”. Lo más importante es la constancia diaria.

Ahora, por más beneficios para la salud que conlleve el ejercicio, eso no quiere decir que tengamos libertad de comer desordenadamente y con opciones poco saludables. Ambos especialistas, a la par con la OMS, se mantienen firmes en que la combinación de ambos, ejercicios y alimentación, es lo más idóneo para la salud completa del organismo. “Según lo repasado hasta ahora vemos que realizar actividad física es importante, que es un factor beneficioso para la salud y es crucial evitar el sedentarismo. Pero no es el único factor que determinará la salud de una persona”, dice la Dra. Errandonea.

Cada individuo es un caso aparte, por lo que una consulta médica y un plan personalizado es la forma más segura de crear una rutina de alimentación y entrenamiento que se adhiera a las características propias. Cada quien debería programarse para tener una actividad amigable con su organismo, siendo consciente de las propias limitaciones y otras variables que influyan, como alimentaciones específicas y otras patologías, como diabetes, sobrepeso, dislipidemia, entre otras. “La idea es mantener una dieta sana y hacer actividad física en forma permanente. Ambos incorporados como un estilo de vida ayudan a mantener un mejor estado de salud; son mucho mejores en conjunto que por separado”, finaliza la especialista.