Con total franqueza, en la introducción cuenta: “No me interesé en las dietas de los famosos porque quisiera alcanzar un cuerpo ‘ideal’, sino porque me fascinan las películas y siempre he disfrutado investigando y experimentando las cosas de primera fuente”. Así se presenta la periodista Rebecca Harrington en su libro I will have what she’s having: My adventures in celebrity dieting (“Pediré lo mismo que ella: Mis aventuras dietéticas como celebridad”), donde relata los hábitos alimenticios y métodos para adelgazar celebridades como Beyoncé, Victoria Beckham, Greta Garbo, Jackie Kennedy y Karl Lagerfeld. 

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Para ello, se autoestableció tres reglas. Primero, alimentarse de la forma en que éstas lo hacen normalmente. Es decir, nada de dietas extremas como la que realizó Matthew McConaughey para el filme Dallas Buyers Club, quien bajó 20 kilos en cuatro meses. Segundo, en caso de que hubiese alguno, leería los libros de cocina publicados por ellos (“Por muy malos que lucieran”). Finalmente, seguiría la misma rutina de ejercicios y celebraría dinner parties en caso de que así lo ameritara el personaje.

Armada de toda esta información, Harrington escribió un vivencial tan ácido como divertido. Tanto así, que dan ganas de invitarla a comer. A continuación, algunas de sus reflexiones. 

ELIZABETH TAYLOR

Huevos revueltos, tocino y una mimosa era el desayuno de quien fuera alguna vez la mujer más hermosa del mundo. Le seguía un almuerzo de pan francés, mantequilla de maní y tocino; y una cena de pollo frito, arvejas, puré, choclo y postre de trufas, además de un buen vaso de whisky Jack Daniel’s.

Como nada es gratis en esta vida, ni la fémina genéticamente más favorecida del globo se salvó de engordar, pasando de los 54 a los 80 kilos. Pero en 1987 la Taylor dijo basta y adelgazó, y en la misma línea de Karl Lagerfeld reveló sus trucos en el libro Elizabeth Takes Off  (“Elizabeth se aliviana”).

La periodista se sintió atraída por la dieta de Liz: “Una mujer que siempre apreció lo bueno de esta vida —hombres, joyas, pieles— no sería capaz de crear una dieta desagradable”.

Más que un menú, el libro con el régimen de la actriz es una sumatoria de consejos. Entre ellos que no hay que aburrir a las amistades hablando todo el tiempo de que uno está tratando de adelgazar; y que el ejercicio no es algo obligatorio. Este último punto es uno que le gustó a Harrington en particular (¿Quién sabía que tocar un par de veces la punta de los pies califica como ejercitarse?)

Otra arista es que la actriz de ojos violeta era una gran creyente de lo que llamaba “salidas controladas”. Una vez por semana se permitía un antojo, en su caso pizza o helado. En honor a los tiempos de las antiguas comilonas de la Taylor, ella decide comer un sándwich de mantequilla de maní y tocino, terminando enferma del estómago.

Liz era conocida por sus mezclas extravagantes de alimentos, salvo su tradicional desayuno consistente de tostadas y fruta. El resto era insólito, por decir lo menos: queso cottage con crema ácida, filete con mantequilla de maní, pez espada con fruta.

Aunque valiente, muchas veces la autora prefiere pasar hambre antes que comer este tipo de “delicatesen”. ¿El resultado? Bajó de peso, al igual que la Taylor.

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KARL LAGERFELD

Pese a que muchos no se acuerdan, en los noventa la cabeza del imperio Chanel era gordo. Ello hasta que quiso usar los diseños del entonces encargado de Dior Homme, Hedi Slimane, y cayó en cuenta de que si no bajaba 40 kilos nunca iba a poder entrar en las minúsculas prendas. 

Tras un año siguiendo un régimen ideado por el gurú en la pérdida de peso, el doctor Jean-Claude Houdret, alcanzó su meta. Tanta fue su inspiración, que aseguró a distintos medios que no recordaba qué se sentía estar grueso; y junto a su mentor lanzó el libro The Karl Lagerfeld Diet, bestseller en Francia. 

Haciendo gala de su apodo el káiser sostiene: “Cuando quieres adelgazar eres un general y tienes un solo hombre a cargo: tú mismo. Debes cumplir las instrucciones te guste o no”.

Rebecca opina que afortunadamente es estricto, porque de lo contrario no se llevaría bien con los postulados del doctor Houdret. Su programa Spoonlight aboga por la mezcla de carísimos paquetes proteicos y pequeñas porciones de comida. 

En su primer approach, la periodista admite que le preocupa la famosa adicción del káiser a la Coca-Cola Light (bebe 10 latas diarias). Trata de hacerlo, pero ya a la tercera consecutiva se pone tan tiritona que no es capaz de comer su sachet proteico al almuerzo.

Otro aspecto es que el desayuno varía según la estación. En invierno es una tostada, un huevo pasado por agua, jugo, yogurt y una lata de Coca-Cola Light; en verano consiste en fruta y yogur. Ella opta por el de invierno, declarándose incapaz de prescindir de la tostada, un lujo a estas alturas.

Los platos de fondo son muy estilo parisino, como sopa de cebolla (sin mantequilla y sólo una pizca de queso gruyère) y codorniz flambeada. Eso sí, los postres son para llorar a mares: polvo proteico, antítesis de la patisserie.

Si hay algo que la autora rescata de Lagerfeld es su honestidad y capacidad de reírse de sí mismo, rasgo que comparten. Mientras muchos famosos pretenden que no hacen ningún esfuerzo por estar delgados, él admite sin tapujos que se esfuerza por caber en cierto tipo de ropa. O dicho de otra manera: “Karl no soporta la hipocresía y se banca comer algo tan poco consistente como la codorniz para estar flaco. Todo mientras su gata Choupette se da un festín sentada con él a la mesa”.

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BEYONCÉ 

Esta talentosa cantante y empresaria es la responsable de la fiebre de las dietas líquidas desintoxicantes. 

Veterana de los regímenes para perder peso, en entrevista admitió: “Soy una gorda que está esperando salir del clóset, me esfuerzo mucho para estar en forma”.

La primera vez —al menos frente al escrutinio público— fue cuando bajó 10 kilos para su rol en la cinta Dreamgirls (2007). Otra ocasión donde se sometió al látigo de la disciplina fue tras el nacimiento de su hija Blue Ivy (3), y en tres meses adelgazó los 27 kilos que subió en el embarazo.

Rebecca decidió partir por la Master Cleanse (“Desintoxicación Maestra”), una dieta compuesta únicamente por 8 a 10 vasos diarios de una mezcla de jugo de limón, sirope de arce, agua y pimienta de cayena. Sólo para valientes.

Según la autora, el brebaje es como una especie de limonada picante. El primer día sintió que desfallecía de hambre a las tres de la tarde, y en la noche la sola idea de tomar el líquido la puso de mal humor. Ahí se consoló pensando en la pobre Beyoncé, quien ha relatado que mientras en el set de la película todos comían pastelillos Twinkies, ella sorbía furiosa el brebaje.

Al segundo día su apetito disminuyó considerablemente y no tuvo deseos de comida sólida. El cuarto día decidió probar con la dieta para adelgazar de Beyoncé post embarazo. Rica en proteína, parte con claras de huevo, seguidas de pavo y alcaparras al almuerzo, pepinos con limón de snack y cena de sashimi con jalapeños y wasabi. De postre, yogur.

Lo más difícil fueron las dos horas de ejercicio diarias, mezcla de pesas, gimnasia localizada y trote. 

¿El resultado? Cuatro kilos menos en 10 días. “Jamás había bajado tanto de peso en mi vida, incluso comiendo los sachets proteicos de Karl Lagerfeld. Claramente Beyoncé es buena en todo lo que hace”. 

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GWYNETH PALTROW

Esta rubia sufre de mala fama con respecto a su dieta. Muchos la acusan de elitista en su sitio web lifestyle Goop, además de estricta y aburrida en sus hábitos alimenticios. Famosa es su frase: “Prefiero morir antes que darle a mis hijos comida enlatada”.

Harrington comenzó la experiencia comprando su segundo libro de cocina, It’s All Good (“Todo está bien”), que la actriz escribió luego de sufrir un ataque de pánico como anfitriona en una cena con amigos. ¿La razón? Luego de visitar distintos doctores supo que tenía alergia a la lactosa, gluten y huevos. De hecho, el título del texto hace un guiño a que todo está ok sin esos alimentos. 

Al parecer la acusación de elitista es cierta, ya que según la periodista jamás ha invertido tanto dinero como cuando siguió su dieta, triplicando su gasto, con casi 200 dólares de compra semanal para una persona.

El desayuno consiste en un batido de repollo, manzana, limón, menta y jengibre, seguido de almendras crudas remojadas en agua (“curiosamente ricas”) al mediodía.

Para almorzar hay distintas opciones que parecen aburridas de tan saludables, pero que finalmente a la autora le han resultado deliciosas. Algunos ejemplos son pollo a las finas hierbas, pescado rostizado a la sal o ensalada vegana con mostaza dijon y atún. 

La experiencia Gwyneth estaría incompleta sin la rutina de ejercicios ideada por su personal trainer, Tracy Anderson. En palabras de la periodista: “Mientras miro el DVD tengo que agitar tan rápidamente los brazos con pesas livianas que pareciera que estoy sufriendo un ataque”.

Músculos agarrotados aparte, la conclusión de la escritora es que son todos unos mal hablados. Aunque cara, la dieta de Gwyneth es llevadera, la comida deliciosa y las recetas nada de complicadas.