Cuando Gigi Hadid llegó a Nueva York pasó días enteros deambulando por las calles de la Gran Manzana eligiendo el mejor local de hamburguesas. Esta tradicional mezcla de pan, carne, queso y aderezos es su comida favorita, por lo que la top no estaba dispuesta a dejar pasar la oportunidad de saborear todas sus versiones en la cuna de la comida chatarra. Luego de largos recorridos, el JG Melon se impuso como su preferido, demostrando que, pese a su insaciable afición por los hidratos de carbono, su figura sigue siendo digna de una diosa. La clave pareciera ser su despreocupada postura frente a la alimentación y el adiós a las prohibiciones. “Come sano para estar en forma y come hamburguesas para estar sana”, dijo entre risas en una entrevista para la versión norteamericana de MasterChef, evidenciando que no todas las modelos sobreviven a base de lechugas y jugos detox.

La nueva tendencia es dejar atrás los remordimientos, olvidar las restricciones, escuchar las necesidades del cuerpo y sentarse a disfrutar. Kendall Jenner también lo sabe. En abril, la modelo compartió a través de su aplicación para smartphones una lista en la que describió sus restoranes favoritos de pizza alrededor del mundo. “Amo la pizza de cualquier tipo. Ya sea un simple pedazo lleno de queso, hasta un trozo gourmet”, explicó. Y no son las únicas. Bella Hadid, Ariana Grande, Blake Lively, Miley Cyrus y Taylor Swift son otras de las celebrities que también se suman a la moda de la alimentación sin culpas. Filosofía que se centra en la premisa de conocer el cuerpo, darle gustos, pero sin excederse. 

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Está comprobado que completar un régimen es un reto que sólo un 20% de la sociedad puede llevar a cabo. Dentro de ellos, la gran mayoría vuelve a ganar peso, ya que cada día sienten más deseos de abalanzarse sobre chocolates, papas fritas y pasteles. Según un estudio de Alimentación en Acción y del Consejo Europeo de Información en Alimentos, los jóvenes que hacen ayunos en la adolescencia son tres veces más propensos a sufrir de sobrepeso en el futuro porque sus mentes se obsesionan desde temprano con la comida. La tentación se esconde en lo prohibido, de tal forma que mientras mayor es la restricción, más son las ganas de probarlo, cayendo en los peligrosos atracones y en traumas nutritivos. Por ello, esta nueva filosofía de alimentación se basa en comer todo lo que el cuerpo pida, atender a las necesidades nutricionales de nuestro organismo, sin privarse de nada. “Es un cambio de mentalidad que elimina los temores acerca de la comida, la culpa y el exceso de análisis. Esto provoca baja de peso y mejora la salud mental, ya que también disminuye el mal humor”, asegura la doctora Michelle May en su libro Eat What You Love, Love What you eat.

Por lo mismo, este tipo de alimentación intuitiva recomienda una serie de ideas en las que ni las pizzas ni las hamburguesas son las enemigas. El Mindful Eating es una de sus ramas. Disciplina de meditación que también extiende sus paradigmas a la comida, estableciendo que no es necesario vetar los placeres culpables, sino que basta con detectar si el impulso de comer se debe a verdadera hambre o ansiedad. Para ello, es importante identificar las sensaciones del organismo. Si lo que se siente es un dolor en la boca del estómago, el impulso claramente es hambre. De lo contrario, si pensamos en un agujero en el vientre, lo más probable es que se trate de nervios, ansiedad o hasta aburrimiento, por lo que lo mejor es alejarse de la despensa.

Detenerse al estar satisfecho y no quedar con la sensación de estómago lleno son otros de los consejos para comer sin culpas. La idea no es terminar con el mismo apetito de un inicio, pero sí detenerse por unos segundos, conectarse con los estímulos y detectar el instante en el que el organismo no quiere más porciones. “Tu cuerpo instintivamente sabe lo que necesita. Tu trabajo sólo es callarte y aprender a escucharlo. Si un día quieres papas fritas, adelante, no es un pecado. Sólo hay que saber sentir”, plantea la experta, dejando en claro por qué Gigi y Kendall pueden disfrutar de pizzas y hamburguesas, y al día siguiente pavonearse en ropa interior en la pasarela de Victoria’s Secret. Para estas maniquíes, la comida no es sinónimo de martirio o adicciones.

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Así como ellas, otras famosas alzan su voz en favor del derecho a ingerir libremente. “Dejé de seguir dietas cuando descubrí que sólo tienes que comer de forma regular y con moderación”, dijo Jennifer Aniston en una entrevista para la revista OK. Mientras que una despampanante Blake Lively declaró su afición por los cupcakes, y la modelo Bar Rafaeli explicaba en Hello magazine que “No sigo regímenes y no tengo un plan de alimentación, sólo me preocupo de comer. No me niego nada, me gustan los postres y hago ejercicio”, dejando en claro que contar calorías ya pasó de moda. Obviamente, la genética las ayuda, pero conocer su cuerpo y eliminar las reglas también es una herramienta importante para liberarse del estrés, mantener la silueta y entregarse a los mil placeres de la comida.