Antes del recrudecimiento del conflicto en Medio Oriente en 2010, más conocido como la Primavera Arabe, era común que los comerciantes libaneses llegaran en masa hasta Damasco, la capital de Siria, a comprar toneladas de pétalos de rosa para exportar a Europa. El destino habitual era Francia, donde los perfumistas los utilizaban en la fabricación de aceite esencial. Pero, con la escalada de violencia, la flor, considerada una de las más antiguas de la humanidad, termina sus días en campos azotados por bombardeos y ataques terroristas. Esa podría ser la cara más visible del impacto que la guerra ha tenido en la cosmética local, pero está lejos de ser la más representativa. Hoy, el poder femenino musulmán es el responsable de uno de los cambios más importantes en la industria de la belleza.

Detrás del velo o hiyab, las mujeres no sólo desafían las restricciones religiosas sino también las reglas de Occidente. En nada influye que la ley islámica las obligue a cubrirse de pies a cabeza. Tal como lo han hecho históricamente, parten el día con una sesión de maquillaje… y no de cualquiera. Para ellas, es vital que el resultado sea lo más impactante posible. De hecho, mientras las francesas compran un tubo de máscara de pestañas al trimestre, las musulmanas adquieren uno al mes. Sólo Irán —con 38 millones de mujeres–, representa el segundo mercado más importante de Oriente Medio después de Arabia Saudita. Así las cosas, la influencia de estas consumidoras en las directrices de la industria es innegable y es clave para entender qué hay detrás de los últimos movimientos del rubro como, por ejemplo, el regreso de la marca francesa Lancôme del grupo L’Oréal a la ciudad de Teherán.

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Sin embargo, la mayoría de los productos tradicionales no califica para los exigentes estándares de estas mujeres, ya que contienen alcoholes y grasas animales. Esto que para los practicantes más ortodoxos es inaceptable, ha significado que gradualmente el resto de la población musulmana tome consciencia y sea más riguroso a la hora de revisar el etiquetado de sus compras. Como consecuencia, son cada vez más quienes exigen artículos del tipo halal. Esta palabra árabe que significa ‘permitido’, se aplica a carnes, químicos e ingredientes. Asimismo, establece que todas las manipulaciones de los mismos deben realizarse acorde a las leyes de la Sharia. En resumen se trata de productos que no contienen alcohol, ni grasa o carne de cerdo. Tampoco pueden contar con elementos genéticamente modificados ni tener el más mínimo contacto con sustancias impuras en el proceso de packaging. En el caso que exista la presencia de sustancias cárnicas, éstas deben proceder de animales sacrificados según el rito musulmán que reglamenta que deben ser degollados por un matarife musulmán y totalmente desangrados.

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Muchas de las nuevas marcas halal que siguen estos preceptos vienen de países como Estados Unidos, Brasil, España y Reino Unido, donde la población musulmana es significativa. La firma de cosméticos Natura Bissé fue una de las primeras en adaptarse a estas exigencias. Tras obtener la certificación halal entregado por el Emirates Authorityfor Standardization & Metrology, sus productos sólo contienen ingredientes autorizados. La certificación acredita que entre los componentes no hay derivados de animales ‘prohibidos’ y que el almacenamiento se realiza en utensilios y maquinarias aprobadas por la norma islámica. Según el consejero ejecutivo de la firma, Ricardo Fisas, el cambio repercutió no sólo en la expansión de la marca en Oriente Medio sino en toda el área de Asia Pacífico, ya que permite acceder a la población musulmana mundial.

Entre los productos elaborados bajo esta filosofía, destacan tinturas con extracto de té o queratina así como maquillajes y cremas de ingredientes naturales. Pero hay un producto que simboliza a la perfección la lucha de las musulmanas por alcanzar la belleza. Con los esmaltes para uñas permeables al agua que tienen la textura de los productos para bebés, pueden purificarse antes de cada rezo, cinco veces al día, sin contravenir ni un solo dogma. Antes de su aparición en el mercado, sólo podían pintarse las manos durante el período menstrual o después de un parto, los dos únicos momentos en que están exentas de participar en ritos y tradiciones.

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Según el director del Instituto Halal de España, Tomás Guerrero, el concepto halal tiene dimensiones que van mucho más allá de las connotaciones meramente religiosas del término. Hoy es sinónimo de productos y servicios de calidad, saludables y sostenibles. Pero es mucho más. “No hay que olvidar que las proyecciones demográficas indican que en los próximos 20 o 30 años, la población musulmana en el mundo alcanzará los 2.000 millones de personas”. Más allá de lo que se ve, lo cierto es que detrás del velo, se vive una verdadera ‘beautyrevolución’.