Las mil y una noches se viven en la pantalla nocturna de la TV chilena y también en la pasarela de una mítica casa de moda. Chanel viajó de París a Medio Oriente para presentar su colección Crucero en Dubai.

Imposible más claro que la mente de Karl Lagerfeld no tiene fronteras creativas ni geográficas. Así como hace unos meses nos mostró a una mujer urbana “de compras en un supermercado”, esta vez cambió el personaje y la historia a una fantasía de arenas doradas para sus diseños. 

El modisto obvió los opulentos edificios de la ciudad, se tomó una isla artificial y, cual líder beduino, levantó una carpa metálica para acoger a sus nuevas musas desérticas. 

Sandalias (¡sí, nada de tacos!) y el flow de las telas de túnicas y vestidos en la caminata de las modelos se complementaron perfecto con un look que sacó titulares por sí solo: una cabellera femenina, larga y ultraondulada.  

Sam McKnight fue el estilista detrás de esta propuesta. El profesional explicó en el backstage: “Que las propuestas se inspiraron en (la actriz y modelo) Marisa Berenson y las princesas árabes que Karl elaboró en su mente”. Aires retro de los ’60 y ’70, con un movimiento natural. Una ‘chica Chanel’ que ya exhibe esta propuesta por París es Vanessa Paradis, en su versión corta.

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Así como en la mente de Lagerfeld hubo imágenes de esos años. En la práctica, McKnight usó —según él mismo detalló— un recurso de ese mismo período: los ‘cachirulos’. Su proceso fue el siguiente: aplicar un producto de última generación para fijar, llenar la cabeza de las modelos con ‘ondulines’ grandes; después de mucho rato sacar el accesorio y ocupar un spray texturizante, cepillar cuidadosamente y separar con los dedos para agrandar la onda.

La versión lisa —aunque menos comentada— incluye un volumen alto y sesentero al frente estilo Bardot.

Los accesorios en el pelo también fueron celebrados. Desde pines con la C de Chanel, hasta la oriental medialuna y cadenas con perlas y cristales. Sin tiaras tradicionales, pero todas fueron princesas de Oriente listas para zarpar en un yate de lujo.

El maquillaje enfatizó una mirada misteriosa entre tonos oscuros de delineadores, toques dorados en la piel e inocentes labios rosa.

Mientras, las mujeres locales veían atentas sus alter egos en versión parisina. La prensa le preguntó al diseñador si pensó en seducir a las millonarias clientas de esas áridas latitudes. Karl Lagerfeld respondió claro: “Yo no tengo un plan. Tengo una visión”. Y, en este caso, ésta se parecía a un sueño.