Tiene la elegancia de su madre, el sentido de los negocios de su madre, la sociabilidad de su madre y la estirpe de su madre. Carolina Herrera de Báez (46) siempre ha expuesto su admiración incondicional por la mítica diseñadora venezolana (76) de la que heredó el nombre y sentido del estilo. Como hija la inspiró por años en sus creaciones. Incluso modelando para sus campañas. Pero 2015 será recordado dentro de la familia —y ante el mundo— como la fecha en que los papeles se invirtieron en esta simbiótica relación.

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Ya una adulta que cría una ‘tribu’ propia de tres hijos con su marido, el ex torero Miguel Báez —El Litri—, no sólo devuelve honores, sino que inicia el camino que definitivamente la distinguirá de su rubia mamá con la que se encuentra entre Nueva York y Madrid.

Un despegue ‘puertas adentro’. Al contrario de familias célebres en las que el heredero debe saltar al vacío en solitario para demostrar sus capacidades, Adriana Carolina (como aparece su nombre oficialmente) lo hace desde el imperio de moda que conoció desde que abrió los ojos y del que forma parte de manera activa.

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Esta sofisticada trigueña pecosa de ojos celestes, desde su puesto de directora creativa de fragancias de la compañía, debuta con su primera línea propia: Confidential. Se trata de una serie de seis perfumes y cuatro aceites que ella le dedica a su madre. Es un giro no menor, ya que esta vez la venezolana —quien se acerca a los 80 años— cruza a la vereda de musa.

Herrera Jr. explica que esta serie nació durante un viaje con su mamá a Medio Oriente. Allí descubrieron el oud, ingrediente de madera que da base al contenido del sexteto de elegantes frascos de cristal: Herrera Tuberose, Oud Couture, Amber Desire, Neroli Bohème, Burning Rose, Nightfall Patchouli.

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Incluso el colorido de estos envases es la unión del punto de partida y el de aterrizaje de las dos mujeres. Hay dorados y verdes que pueden encontrarse en un edificio art déco de Manhattan como también en los mosaicos de aquellos rincones árabes que visitaron.   

Es otra estética para la Casa Herrera. Y Adriana Carolina está detrás de ella, pero siempre con su mamá en mente: “Los recuerdos de mi infancia, las rosas del jardín familiar, los tonos ambarinos de la luz que entraba en la biblioteca durante la puesta de sol… Todo esto está presente en esta colección que es, para mí, un íntimo homenaje a mi entorno y, sobre todo, a la figura de mi madre”, dice en la presentación de esta apuesta.

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Paso importantísimo al que sumó el lanzamiento de una delicada línea de joyas con el jazmín como tema central. Flor que conoció a través de su madre en la infancia, cuando ella la usaba como aceite en su cuello.

Caraqueña como la famosa diseñadora, el mundo se está expandiendo más allá del ADN y los pasaportes para Carolina Jr. El proceso creativo se consolida para ella y con una firma de su propia pluma. Ya aprendió del obligatorio ejercicio de ensayo-ilusión-error que experimentó en el pasado en otras áreas: desde la audiovisual en Los Angeles hasta su sociedad en una tienda para niños en Madrid (que esquivó apenas la quiebra en la actual crisis).

Su inspiración estaba más cerca de lo que pensaba. Y llega a este momento manteniendo su identidad. No se tentó con cambio de look vía tintura, pero sí aprendió de la ‘ambición rubia’ que le enseñó su sofisticada mamá.