La idea se le vino a la cabeza de un momento a otro. Acababa de comprarse unos pantalones color crema que le quedaban increíbles, pero la delgada tela dejaba traslucir su coqueta ropa interior. Sin pensarlo dos veces, tomó tijeras, unas pantys viejas y, con cuidado, les cortó los pies. Una vez terminados los ajustes, se las puso bajo su ropa y voilà!…  la improvisada invención disimulaba y mantenía todo en el lugar correcto, apretando por aquí y levantando por allá. Así, hace ya más de 15 años y sin siquiera planearlo, Sara Blakely (42) creaba el primer Spanx de la historia. La prenda que la llevaría a convertirse en la multimillonaria más joven y en el secreto mejor guardado de las celebridades contemporáneas.

Es que su invención, además de ocultar, ayuda a moldear la figura. Algo que las mujeres siempre han anhelado, pero que el mercado aun no inventaba. O morían asfixiadas dentro de un corsé medieval o se resignaban a dejar escapar los kilos de más. 

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Por ello, la llegada de esta invención dejó a todas boquiabiertas y embelesadas. Tanto así, que estrellas como Gwyneth Paltrow, Jessica Alba o Kim Kardashian aseguran no pisar una alfombra roja sin utilizar esta prenda que, sin ser una faja, contornea las curvas mejor que cualquier artimaña. “Los Spanx están hechos de una tela similar a la de las medias, pero más firme. No hace bultos, disimula la celulitis y parece una segunda piel”, asegura Sara, quien tenía menos de 30 años cuando comenzó con su empresa.

Pero el camino para llegar a tener una fortuna avaluada en mil millones de dólares no fue fácil. La actual multimillonaria es protagonista de una historia de esfuerzo y sacrificio. Si bien desde niña tuvo dotes para los negocios –en halloween decoraba la casa y cobraba entrada a los vecinos– su verdadero anhelo era ser abogada. “Me esforcé bastante, pero aun así suspendí los exámenes de ingreso a la facultad de derecho. Es que tengo problemas de aprendizaje”, asegura Blakely. Desilusionada, comenzó a trabajar en la venta de faxes. Casa por casa, la futura empresaria tenía que ofrecer los aparatos en un eterno ir y venir de improperios. “Fue una época desafiante y humillante. Llamaba a una puerta tras otra, y la gente rompía mis tarjetas de visita o hacía que me echaran del edificio”.

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Cansada de lo mismo, decidió que había llegado el momento de  reinventarse. “Siempre fui muy consciente de que mi destino no era estar vendiendo maquinitas. Empecé a pasarme las tardes y los fines de semana probando tejidos y materiales diferentes”. Así, fue desarrollando los Spanx. Una vez listo el prototipo, y tras patentar su invención, el éxito llegó como avalancha. Le mandó uno por correo a Oprah Winfrey junto con su tarjeta personal y en mitad de uno de sus programas la conductora exhibió la prenda íntima. La catalogó como su artículo favorito del año e invitó a Sara a su show.

Desde allí, las ventas no pararon. Los pedidos se incrementaron y en pocos meses la empresa ya estaba facturando su primer millón de dólares. Lo que se había iniciado como un emprendimiento pequeño, rápidamente se transformaba en la marca revelación de la temporada. Hoy, esta mujer es  toda una leyenda en el mundo de la moda y los negocios. Casada con el rapero Jesse Itzler y madre de un niño, disfruta de su fortuna al tiempo que dirige una fundación que ayuda a niñas con problemas y da charlas motivacionales a mujeres desempleadas. “¡El éxito es increíble! Pero no estoy muy segura de haberlo asumido del todo. Lo mejor, es que muchas mujeres se me acercan y se levantan la falda o la camiseta y me dicen: ¡Mira lo que llevo debajo! ”, cuenta.

La próxima vez que vea una alfombra roja en Hollywood, ya sabe. El secreto de las estrellas se llama Spanx.