La parisina, aquella chica de la que se habla en las revistas de moda, que se utiliza para vender un perfume, de la que se escriben libros que hacen soñar a otras sobre cómo come, se viste o envejece, parece a veces ser más una leyenda que una realidad.

¿Cómo es en verdad aquella mujer de la que se hacen exposiciones o coloquios universitarios y que grandes escritores, como Zola, la han descrito en sus obras? De ella se puede hablar desde la época del imperio, pasando por la Belle époque y la nouvelle vague del cine francés. Que en su momento representaron Brigitte Bardot, Catherine Deneuve o Jane Birkin y que hoy en día lo reflejan Marion Cotillard, Vanessa Paradis o la emblemática Charlotte Gaingsbourg.

La locura por conocer sus secretos habría comenzado cuando Mireille Guiliano publicó el libro Las francesas no engordan en 2005, un best-seller durante años, que llevó a personas de todo el mundo a querer imitarlas. Ese es uno de los primeros mitos. Cuando en los textos se habla del estilo de vida de la francesa, en verdad y como lo dice gran parte de la prensa, los lugares comunes de los que se habla pertenecen a una parisina de clase media-alta.

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Isabelle Thomas es otra de las que habla de la parisina. Esta periodista, hoy consejera de estilo a través de Styliste-personnelle y bloguera reputada, junto a la fotógrafa Frédérique Veysset (Vanity Fair, Allure, Grazia Italia o Madame Figaro), lanzaron el libro Estilo Parisino. Aquí no sólo dan consejos, sino que hay entrevistas y retratos de mujeres de todas las edades que hablan de su estilo sin complejos, además de interrogar a profesionales del mundo de la moda. 

Es la propia Isabelle quien recibió a CARAS en su departamento con vista sobre el Sena, para ayudarnos a desmitificar a estas féminas. Esta rubia sonriente, que se autodefine como “un policía del ropero, coach en shopping y del closet-detox” ayuda especialmente a altos dirigentes que quieren suavizar su imagen o verse menos jóvenes. 

Lo primero que aclara es que “no es solo la vestimenta, ni la apariencia, es fundamental el savoir-vivre”. Porque es muy importante tomarse el tiempo, ya sea para comer, vestirse o disfrutar de la vida. Lo segundo es que es París el que hace a la parisina, como lo aclara Florence Muller en La parisienne mythe ou realité, un trabajo para el instituto francés de la moda, en el que dice: “París, la ciudad que inventa, hace y deshace las modas, produciría una especie de mujer más hábil que las otras en la ciencia del ser y del parecer”.

Es algo parecido lo que cree Isabelle, cuando sostiene que la chica de la capital “tiene ese lado un poco snob, es más ligera. Es menos excéntrica que la inglesa, pero más inhibida que sus vecinas. Es tímida, no le gusta sobresalir ni hacerse notar demasiado. En comparación con una italiana que muestra la marca y que siempre esta chic, la parisina prefiere mostrarse más austera. En relación a una española, se pondrá menos colores, porque París es un poco gris. A la vez ella es más liberada porque osa llevar ropa de hace diez años, una pieza vintage, todo al mismo tiempo, con un pequeño accesorio que no le costó caro y una cartera de primera marca… Ella sabe mezclar más que las otras”.

Es casi una caricatura para algunos, como lo cree la famosa bloguera y pareja del creador de The Sartorialist, Garance Doré: un personaje emblemático que aunque no parece arreglada intencionalmente, tiene algo que la hace reconocible. Son varios factores los que le dan ese french touch tan identificable.

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A diferencia de una italiana que siempre está de punta en blanco, o una estadounidense que no se moverá de casa sin pelo y uñas perfectas, según Isabelle Thomas, “la parisina puede salir con el cabello mojado, sin barniz en las uñas, pero de todas formas tiene ese lado chic, porque se mantiene derecha, es orgullosa, se siente libre, tiene esta especie de atributo más desenvuelto, más natural”, explica mientras ella misma se toca su pelo aún húmedo. 

A esto se le ha llamado también el effortless chic, en referencia a las chicas que dan la impresión de que no hacen esfuerzo, aunque en realidad hayan pasado una hora pensando qué ponerse. “A veces se viste a la rápida como Isabelle Marant, con un elástico en el pelo, un buen jeans y la chaqueta. Puede pasar horas en el clóset, pero nadie lo nota”, reconoce Thomas. También se le denomina negligé ultra etudié (descuidado ultraestudiado) en el que encaja perfectamente Ines de la Fressange con su estilo Saint Germain-de-Pres, que incluye balerinas y el pantalón ajustado.

Se dice además que la parisina no sigue las tendencias, sino que las crea. La explicación según la creadora de Estilo Parisino es que ella no copia y pega las tendencias, porque tiene ese pequeño lado “yo estoy por encima”, entonces se mantiene un poco a la distancia. Son mujeres que no necesitan que les den órdenes. La tendencia es ella, aunque se comprará igual la sandalia de moda. La diferencia está en que  jamás usará un total look de la tendencia del momento.

Por último, sería ella quien introdujo los básicos, un mito que rápidamente se hace realidad dando una vuelta por la capital francesa u hojeando una revista en donde vemos pasar seguido el trench, la marinera, un jeans bien cortado bruto y apretado, las balerinas y el famoso pequeño vestido negro. “Ella los inventó y los guarda preciosamente”, reconoce Thomas.

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Entonces, si queremos seguir o emular el estilo parisino, la experta recomienda seguir algunos consejos. Para empezar, lo más importante es “no tener el aire de que lo hicimos a propósito, como no combinar los zapatos con la cartera. Mezclar colores que habitualmente no se juntan, asociar algo que tenemos desde hace diez años con algo nuevo, incluso mezclar las estaciones, como un vestido en encaje con botas y un gran chaleco de lana. Y aunque lo hayamos pensado mucho, debe parecer natural”, explica. 

En cuanto a belleza, las sugerencias van por la misma línea, o sea, no debe verse mucho, la boca o los ojos bien maquillados. A veces basta con una crema de color, porque la idea es tener buena cara. Nunca maquillarse demasiado. Para entenderlo bien la descripción de Isabelle es muy clara: “Las mejillas rosadas, con un aire natural, como si hubiese atravesado París en bici, con sus cabellos al viento, mojados…”.

Sobre la delgadez, a propósito de los libros como La francesa no engorda, se llega a la conclusión de que realmente a la parisina no le gustan los regímenes, le gusta comer. Solo con darse una vuelta por un café, es fácil ver la ausencia de edulcorante en las mesas o los pocos productos light en supermercados. La cultura francesa es la del buen comer. “Es normal darse el tiempo para desayunar, lo mismo a la hora del brunch, pero sin tomar calorías inútiles. Eligen buenos productos, un buen pan, pocas grasas, y evitan los industriales”, cuenta Isabelle. 

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Finalmente lo que hay que retener es que en el país de las grandes marcas la elegancia femenina no significa ostentación, es la simpleza estudiada que da su estilo único a la mítica parisina. Sólo unas vueltas por los barrios del Marais, Saint-Germain o el Canal Saint-Martin hacen saltar a nuestros ojos que todos esos mitos se vuelven realidad.