“Me siento querida, equilibrada, feliz, saludable y en paz conmigo misma”. La típica frase que dice una supermodelo cuando se hace mayor. Aquello de “sentirme bien por dentro es más importante ahora” aunque luego venda su alma al diablo para continuar libre de celulitis.

En este caso, las dos frases pertenecen a Elle McPherson, que así responde cuando le preguntan cómo se siente al cumplir medio siglo de vida (el pasado 29 de marzo). Y probablemente sea sincera. Hace casi un año volvió a casarse, su negocio de lencería es un éxito y a los cincuenta todavía puede apodarse El Cuerpo.

Pero no siempre fue así. Hubo una época de excesos, de rehabilitación incluso, de tormentos amorosos y escándalos personales. Sólo que ha logrado que no nos enteremos de ello. Porque detrás de El Cuerpo hay una mujer despierta que de hace rato ha sabido manejar su imagen.

Incluso al inicio, cuando, estando de vacaciones en EE.UU., llamó a las puertas de las agencias de modelos para intentar sacar provecho a su 1,80 metro de estatura y su genuina belleza australiana. La idea era ganar algo de dinero para costearse la facultad de Derecho en Sydney. Lo consiguió. Trabajó un año en Nueva York y se marchó a la universidad pero sólo duró un curso al darse cuenta de que la auténtica carrera estaba en la pasarela.

Y volvió a acertar. Pronto rodó un anunció para Tab y se convirtió en una estrella en su país. Y eso que hasta entonces la moda jamás le había interesado. “Fue realmente difícil porque no sabía cómo llevar la ropa”, ha contado sobre sus inicios. Sus primeros tacones se los calzó en el trabajo. “Aprendí fijándome en las otras y estudiando fotografías”. Chica lista.

Y volvió a funcionar: durante varios años salió todos los meses en la revista Elle, tiene el record de aparecer hasta cinco veces en la portada de Sports Illustrated y forma parte del selecto grupo de las supermodelos integrado por Claudia Schiffer, Cindy Crawford, Linda Evangelista,  Naomi Campbell y Christy Turligton. Time le ha dedicado dos números. El de 1989 fue el que la apodó The Body (El Cuerpo). Las razones, viendo cualquier imagen suya, son obvias.

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Se le abrieron puertas por todas partes. Debutó en el cine con Woody Allen (en un pequeño papel en Alice), ha compartido créditos con algunos de los más grandes: Anthony  Hopkins, Barbra Streisand, Lauren Bacall, Pierce Brosnan,  Charlotte Gainsbourg, Alec Baldwin, Hugh Grant… Y tuvo un papel fijo en varios capítulos de la mítica serie Friends.

Pero la actuación o la televisión —ahora también presenta y  produce realitys relacionados con la moda— son secundarios pues desde el minuto cero vio una auténtica pensión vitalicia en el apodo que Time le había regalado. “Ni por un segundo lo vi como ‘oh, sí, soy el cuerpo’; lo que pensé fue ‘aquí hay una estrategia de negocios perfecta. Tengo que capitalizarlo’”, ha explicado McPherson, cuyo rimbombante apellido procede de su padrastro. Fue un error del registro escolar pero Elle McPherson tiene más fuerza que Eleanor Gow, su auténtico nombre.

Siempre le molestó que gracias a su cuerpo la industria de la moda ganara más dinero que ella, así que cuando en 1989 una firma de lencería australiana quiso contratarla le hizo una contraoferta: quedarse con los derechos de imagen y colaborar con los diseños. Así fue como un año más tarde nació Elle McPherson Intimates, una marca hoy global y la más importante del sector en Gran Bretaña según la revista Forbes. Ahora, por cierto, es la  directora creativa. Y no se contenta con ello. También tiene una firma de cosmética llamada, cómo no, The Body.

Puede que hoy esto ya no impresione. ¿Qué modelo no tiene una marca propia? Gisele Bündchen e Ipanema, Miranda Kerr y Kora… pero en 1990 aquello fue una hazaña. Lo mismo que apostar por la lencería retro para las nuevas generaciones. Antes que Agent Provocateur y Dita von Tesse, ella ya vendía culottes y encajes. “La ropa interior no sólo sirve para un propósito, también te hace más bella”, defiende. Por cierto, es de las que siempre lleva a conjunto el sujetador y las bragas. “Lo sé, está pasado de moda, pero no me importa”.

“La belleza es una bendición pero hace falta disciplina, compromiso, coraje y creatividad”, ha dicho sobre la fórmula de su éxito. Su historia, por cierto, es un poco paralela a la de la recién difunta L’Wren Scott. Las dos fueron maniquíes y las dos mudaron en diseñadoras  a tiempo completo antes de que Victoria Beckham o las gemelas Olsen cambiasen su profesión por los patrones. Las dos mujeres, de edades cercanas, triunfaron en su nuevo hábitat y las dos se pincharon con las agujas. La novia de Mick Jagger hasta el punto de suicidarse el pasado mes de marzo. El caso de Elle, afortunadamente, ha sido menos trágico pero las alarmas saltaron en 2003 cuando ingresó en la famosa clínica de rehabilitación Meadows (en EE.UU.) para, en teoría, “descansar y aclarar sus ideas” —contó a un medio australiano después— y en la práctica para tratar su adicción al alcohol, según su entorno. Elle, que reconoce haber fumado hasta veinte cigarrillos al día en el pasado, sólo admite haber sido una party girl “excesiva”, declaró a New Idea en 2009. 

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En 2004 regresó a la clínica pero esta vez  casi nadie se enteró. Porque detrás de su sonrisa de anuncio dentífrico se esconde una mujer controladora que exige revisar las entrevistas antes de publicarlas según han denunciado algunos periodistas. También la acusan de perder los  modales con los que se han atrevido a preguntarle por su rehabilitación. Es el caso de Nick Leys, redactor del australiano The Telegraph.

Los medios más críticos cuentan que su participación en el show Britain and Ireland’s Next Top Model es el premio de su compatriota Rupert Murdoch —cuyo holding posee los derechos del programa— por no denunciar al extinto News of the World tras conocerse que a ella también le habían pinchado el teléfono.

Su vida amorosa también ha sido turbulenta a veces. Se casó a los 21 con Gilles Bensimon, el realmente artífice de su carrera. El fotógrafo de moda francés ya era un directivo de renombre en la revista Elle cuando se conocieron en una sesión de fotos (¿se acuerdan que la modelo  apareció en todos los números de la revista en la segunda mitad de los ochenta?). Se casaron en 1986 tras dos de noviazgo pero los veinte años de edad que les separaban les pasó factura. Se divorciaron tres años después. A partir de ahí dejó de salir todos los meses en la revista.

En 1996 llegó a su vida el financiero francés Arpad Busson. Nunca se casaron pero estuvieron juntos nueve años y fueron padres de dos niños: Arpad Flynn y Aurelius Cy, a quienes, por cierto, la modelo les habla en francés. Durante años mostraron una vida idílica en su casa londinense de estilo georgiano pero la relación ya estaba herida de muerte durante la época en Meadows. La versión oficiosa es que Arki la dejó pero fue al revés según ha contado Mary-Ellen Field, una antigua directiva de Elle McPherson Intimates. “A ningún hombre le gusta que le dejen y él estaba muy herido”, justifica Field, quien también sufrió la personalidad controladora de la modelo. Arki, por cierto, encontró el amor otra vez con la actriz Uma Thurman, con quien tuvo una hija en 2012. 

McPherson también ha rehecho su vida sentimental. En 2009 empezó a salir con el empresario hostelero Jeffrey Soffer. Rompieron tres años después pero volvieron a darse otra oportunidad tras el accidente de helicóptero que sufrió el multimillonario meses más tarde. Se casaron el julio pasado en las islas Fiji. Por cierto, ¿cree Elle en el amor a primera vista? “No, creo en la lujuria a primera vista”, respondía a la revista Who recientemente.

Hoy su familia es su mayor logro, “mi prioridad número uno”, recoge Who. Y sí, “ya no tengo el cuerpo que tenía a los veinte años, pero no pasa nada”, contó en 2011. “Tampoco tengo el mismo espíritu que a los veinte, ¡gracias a Dios!”.

Asegura que el ochenta por ciento de su cuerpo es genético y el resto trabajo duro. Ahora bien, a medida que cumple años ese veinte restante ha ido creciendo. Aunque tampoco le importa. Adora el deporte y puede pasar hasta seis horas esquiando. Por supuesto, bebe tres litros de agua al día. Es fan de los autobronceadores y ahora se lamenta de no haber usado protección solar en sus días de surf en las playas australianas.

De todos modos hoy le preocupa más su bienestar espiritual, emocional y físico. “Estrechamente relacionados según mi experiencia”. No profesa ninguna fe. “La religión es para quienes temen al infierno, la espiritualidad para los que han estado allí y han vuelto”. Parece que sabe de lo que habla. ¿Su mantra? “Haz lo que ames, ama lo que haces y bebe tres litros de agua”. Amén.