Las mujeres asiáticas manipulan una veintena de productos de cuidados y de maquillaje diarios, y pueden dedicar hasta la mitad de su salario a su apariencia. Asia representa el 30% de un mercado mundial del que Japón es el tercer actor. La búsqueda de la perfección se enseña a las mujeres desde muy pequeñas como un código social mayor, en Corea del Sur en especial, donde el éxito es indisociable de la belleza física. Todo esto lleva a desarrollar un mercado creativo y consumista que luego tiene una influencia enorme sobre nuestra manera de utilizar los cosméticos. O, dicho de otra manera, la fascinación de estas mujeres por el mundo beauty es responsable de las modas que, tiempo después, adoptamos de este lado del mundo. 

Wp-belleza-util-450

Muestra de eso es que la tendencia nude se popularizó hace un par de años en Occidente. En China se lleva el llamado make up no make up, o sea, ponerse maquillaje simulando el efecto ‘cara lavada’. Así algunos productos vinieron a potenciar ese estilo, como las cremas BB (Blemish Balm). Aunque su verdadero origen es la Alemania de los cincuenta, la locura por estas empezó en Corea del Sur hace un par de años. Luego vinieron las CC (Corrector de color), es decir, una versión mejorada. Fórmulas multifuncionales que cubren varias necesidades: hidratan, protegen del sol, iluminan y cubren imperfecciones, entre otras. Dentro de estos productos, uno nuevo hace furor en Asia y hoy comienza a invadir el mercado: los Cushion Creams. El primero lleva el sello de Lancôme, se presentó en Francia ante la prensa internacional y acaba de llegar a Chile.

Se trata de un recipiente compacto que contiene una crema con color que unifica la piel, la hidrata y la protege de los rayos UV. Un concepto “todo en uno”, preciado por las asiáticas que rápidamente se convirtió en el básico de cualquier cosmetiquero. Una de las aristas de su éxito es la aplicación, ya que gracias a su fluidez y a su esponja permite utilizar la cantidad de producto necesario. Y a pesar de los múltiples retoques cotidianos, evita el efecto de una capa sobre capa. 

La pequeña caja blanca a primera vista parece una polvera, pero al abrirla se asemeja a una base compacta. No es ni uno ni lo otro, sino un fluido colorido ultraligero con una pequeña pero gran novedad: la presencia del cojín-esponja que se impregna del producto por simple presión. Se aplica según el efecto que se quiera lograr. Como explican en la Maison Lancôme: “Si se desea un efecto iluminador, tomamos un poco de material del cojín y lo estiramos hacia el exterior del rostro. En cambio, para maquillar las ojeras cargamos un poco más para disimular perfectamente la zona”. El aplicador fue concebido para retener sólo la dosis justa de producto gracias a sus orificios de aire que optimizan la absorción de la fórmula. Su composición nos promete además un poder luminoso, una hidratación de larga duración, un grano de piel afinado, acción antiarrugas e índice protector de UVA y UVB. Por algo la marca de la rosa lo bautizó “Miracle cushion”.