En junio pasado, compañías químicas y cosméticas mundiales esperaban ansiosas las noticias del organismo regulador estadounidense Food & Drug Administration (FDA). ¿La razón? El día 18 de ese mes se hizo pública la nueva regulación en cuanto a protección solar, dato no menor si consideramos que tomó casi tres décadas en redactarse.
Según la nueva normativa, son preferibles los factores que protegen contra todo tipo de radiación solar, incluida la UVA. Para reconocerlos, debe salir en el envase la especificación ‘Amplio Espectro’ sumado a un índice de protección igual o superior a 15. Por el contrario, cualquier factor más bajo sólo previene quemaduras solares, con una advertencia obligatoria en la etiqueta.

Los escépticos pueden creer que se trata simplemente de una estrategia comercial, pero según la dermatóloga Graciela Cárdenas de  Clínica Orlandi, la medida de la FDA es acertada: “La mayoría cree que la radiación UVA es inocua, pero estos rayos alteran las barreras inmunológicas, pueden producir cáncer, inducen a la degradación del colágeno y se traducen en envejecimiento prematuro”, explica.
La regulación también incluye el fin de los términos ‘A prueba de agua’ y ‘Resistente al sudor’ (Sweatproof). Ello porque el aguante a estos factores es relativo y disminuye con el tiempo. Todo producto que afirme ser waterproof debe especificar si es por un lapso de tiempo de 40 u 80 minutos, además de reaplicarse cada dos horas. Otro tanto ocurre con los factores de protección sobre 50, siendo todos clasificados como FPS 50+. La especialista chilena también está de acuerdo con este cambio: “En realidad es un truco químico que generalmente no significa más protección real”.
Teniendo claros estos puntos, la tendencia entre los fabricantes de protectores solares es ir eliminando los filtros químicos y combinarlos con filtros físicos. Esto porque a diferencia de los químicos que absorben la radiación UV, los físicos la reflejan y —en la línea de lo planteado por la FDA— han demostrado ser efectivos protegiendo frente a ambos tipos de radiación. Entre los más populares están el óxido de zinc, que disminuye los radicales libres generados por la radiación UVA; y el dióxido de titanio, un derivado hipoalergénico y no comedógenico de este metal, que no produce acné.

NUEVAS FÓRMULAS. Hay opciones para todas las necesidades. Cuando se trata de piel seca, el sol contribuye a deshidratarla aún más, por lo que la dermatóloga de Clínica Alemana Bernardita Lorca recomienda protectores en crema. Lo ideal es que cuenten con ingredientes hidratantes como el Gluco-Glicerol, que facilita la distribución del agua de las células de la piel.
Las pieles mixtas y grasas deben optar por  fluidos libres de aceite (oil free) y de rápida absorción en textura gel. En el caso de las pieles más sensibles, la doctora Lorca aconseja los filtros minerales sin componentes químicos: “No provocan irritación y actúan como una pantalla física, como es el caso de los factores solares para niños”, explica.

Aquellas mujeres que en verano no pueden prescindir del maquillaje, pueden utilizar primers que prolongan la duración del makeup y camuflan poros, manchas y rojeces, siendo aptos para todo tipo de piel. Y las fanáticas del autobronceante ahora pueden disfrutar de productos que brindan un tono dorado al tiempo que actúan como cremas antienvejecimiento y protegen del sol. Con ingredientes como vitamina E, extracto de caramelo y micropartículas de perlas, reducen la apariencia de líneas finas y arrugas al tiempo que brindan un efecto lifting a la piel del rostro.
Si se prefiere una aplicación profesional, el bronceado con aerógrafo es una solución rápida y eficaz. La innovación radica en componentes naturales como caña de azúcar, aceite de jojoba, extracto de nuez y aloe vera, que actúan como poderosos humectantes.  Estos cuidados pueden complementarse con una dieta rica en alimentos antioxidantes que aumentan la resistencia a la exposición solar. La dermatóloga Graciela Cárdenas los enumera: “Están los que contienen licopenos como el tomate, zapallo y frutillas; alfatocoferol en nueces almendras y avellanas; ácido ascórbico en cítricos; polifenoles en el té verde, resveratrol como la uva negra y flavonoides como el chocolate negro”.