Las cirugías para adelgazar, o bariátricas, se han disparado en la última década. En Estados Unidos saltaron un 804 por ciento entre 1998 y 2004, de 13.386 a 121.055 casos. La tendencia es la misma en Chile: si en 2001 no eran más de 400 al año, hoy superan las cinco mil y van creciendo.
¿La causa? El sostenido aumento de peso en la población mundial, al punto que hace un tiempo se instaló la idea de la obesidad como una epidemia. Chile es uno de los países con mayor tasa de sobrepeso a nivel internacional: con un 67 por ciento de la población con exceso de peso, ocupa el cuarto lugar tras México, Estados Unidos y Egipto. Los obesos mórbidos son el 2.3 por ciento de la población chilena, unas 500 mil personas.
Aunque las cirugías bariátricas se inventaron en Estados Unidos hace más de 30 años, cuando comenzaron a observar el deterioro en la calidad y expectativas de vida de los superobesos, fue recién con el desarrollo de la cirugía laparoscópica, en los ’90, que tomaron vuelo. Hoy es posible decir que la cirugía es efectiva, con tasas de éxito cercanas al 80 por ciento… al menos en el primer año.

Marcos Berry, cirujano de la Clínica Las Condes, fue pionero —junto a James Hamilton— en las cirugías de bypass gástrico laparoscópico en 2001. El tiempo transcurrido y la experiencia adquirida desde entonces, tras realizar más de dos mil intervenciones, le permiten decir que la cirugía es probablemente la mejor herramienta para perder peso rápidamente, con todos los beneficios que esa baja de peso trae en términos de salud y calidad de vida. “Para la obesidad severa y mórbida el tratamiento es quirúrgico, no hay una alternativa de tratamiento médico que sea igual de efectiva”, dice.

En contraste con Estados Unidos, donde según datos de la Agency for Healthcare Research and Quality la colocación de una banda gástrica es el 38 por ciento de las operaciones, en Chile dos tercios de los pacientes optan por la gastrectomía y el resto por el bypass. La banda se usa muy poco, ya que resulta menos efectiva y hay más riesgo de complicaciones.
La banda es una cinta ajustable que se amarra alrededor del estómago, de modo que éste se sienta lleno con menos comida. En la gastrectomía en banda se corta entre 75 y 80 por ciento del estómago, el que queda convertido en un tubo. En el bypass en cambio, se reduce el tamaño del estómago y éste se conecta directamente al intestino delgado, saltándose parte importante del intestino.
El primer año es una verdadera luna de miel: el peso desciende drásticamente en los primeros ocho a nueve meses después de la cirugía, y se estabiliza entre los 10 a 12 meses. La autoestima sube. Enfermedades como diabetes tipo 2, hipertensión o dislipidemia desaparecen o llegan a un nivel en que la necesidad de medicamentos es mínima, igual que el colesterol y otros marcadores. Al mismo tiempo, disminuyen los riesgos de enfermedades cardiovasculares.

Una cirugía es exitosa cuando el paciente pierde entre 50 y 70 por ciento del exceso de peso, mientras que un tratamiento médico (dieta supervisada, plan de ejercicios) se considera efectivo cuando la baja es de 20 por ciento.
Hasta ahí, todo favorece a la cirugía. Pero, no hay una garantía de que esa pérdida de peso se mantenga en el largo plazo y hay dudas respecto del efecto futuro de la cirugía en la calidad de vida y estado nutricional de las personas. De hecho, a muchos pacientes sometidos a un bypass gástrico se les indica tomar suplementos vitamínicos de por vida, ya que su capacidad de absorber nutrientes se ve disminuida al saltarse parte del intestino. En la gastrectomía, hay menos riesgo de obstrucciones y deficiencias nutricionales. Pero en todos los casos, una dieta inadecuada puede llevar a una reganancia de peso. Un estómago más chico impide ingerir grandes cantidades de una vez, pero se puede comer todo el día. Y si predominan los alimentos de fácil absorción e hipercalóricos, hay una receta para el fracaso.
La clave para el éxito, en opinión de Berry, es abordar la cirugía con un equipo multidisciplinario y dejando bien claro que se forma una sociedad médico-paciente en la que la ganancia depende de que ambos hagan su parte. Hay que ir a los controles post operatorios y luego seguir controlando el peso con visitas anuales al doctor que permitan detectar rápidamente cualquier aumento.
El diagnóstico es compartido por otros especialistas. Jorge León, cirujano de Clínica Alemana, es tajante para decir que se equivocan quienes ven en la cirugía una salida fácil.“Es una buena herramienta para bajar de peso, pero no es la solución definitiva al problema”, sostiene. Ha visto a muchas personas convencidas de que basta con operarse para no subir de peso y no es así. “Hay que cambiar hábitos”, resalta. La cirugía obliga a la persona a comer porciones más chicas, pero si sigue consumiendo más calorías de las necesarias y no hace alguna actividad física en forma regular, volverá a subir de peso.

¿Sus tips para evitar llegar a ser candidato a la cirugía? Primero, disminuir la cantidad: hay que comer menos. Segundo, ordenar los horarios. El organismo, explica el doctor León, está hecho para comer cada unas tres horas, máximo cada cuatro. La colación entre desayuno y almuerzo, o entre almuerzo y cena, si hay más de cuatro horas entre uno y otro, no es opcional. Hoy las personas se saltan del almuerzo a la comida, lo que hace que coman de más en la noche y haya un caos fisiológico. Por último, vigilar la velocidad. “Hay que comer como un niño de cinco años”, lanza. Y precisa: un niño de cinco años mastica mucho y sólo traga cuando siente la comida bien triturada, lo que tiene al menos dos efectos: uno, la señal de saciedad al cerebro, que es el que debe hacerlo (y no el botón de la cintura), y dos, una mejor digestión. Puede que a un adulto se le haga eterno, pero es la mejor manera de comer.

SI EL REGRESO DE LOS KILOS SE HACE EVIDENTE, ES POSIBLE SOMETERSE A UNA CIRUGÍA REVISIONAL. Alex Escalona, cirujano del Centro de Tratamiento de la Obesidad UC, realiza estas intervenciones. Como las personas se someten a la cirugía cada vez más jóvenes (el promedio de edad es de 35 a 40 años), el riesgo de reganancia en el mediano plazo es alto. No es infrecuente que a su consulta lleguen personas que se sometieron a un bypass hace diez años y hoy pesan lo mismo que antes de la operación o más. O en las que la diabetes vuelve a manifestarse. Y busca darles una segunda oportunidad de hacer el cambio de hábitos, porque los fracasos por razones técnicas, son los menos. Hay quienes después de la gastrectomía se hacen un bypass. También es posible usar una técnica endoscópica para ajustar el canal de paso de alimentos para, de nuevo, obligar a la persona a comer menos. Pero la suma de cirugías va aumentando los riesgos, no sólo los asociados a la operación misma, sino también de problemas nutricionales en el futuro porque la capacidad de absorción de alimentos se ve cada vez más disminuida.
El doctor Escalona no cree que la cirugía sea la panacea para el problema de la obesidad. “Hay que ser bien responsable y explicar las posibilidades reales” de lo que se puede conseguir con la cirugía, explica. De todos modos, destaca una baja de peso de 5 a 10 por ciento, aunque sólo sea por 5 ó 10 años, disminuye el riesgo cardiovascular. Una reducción de 10 a 12 kilos muchas veces logra controlar las enfermedades asociadas, aunque la persona deba seguir tomando medicamentos.