¡Ya! Aquí estamos, a un paso de pasar de encantadora a irresistible por el resto de mi vida, parafraseando las palabras de Coco Chanel, pues hace poco celebré el estar un paso más cerca de los ‘50.

Por esas cosas de la vida, las estrellas se alinearon para que en Chile tuviera un poquito de todo lo que es especial para mí: estaba con mi familia de origen y las amistades de siempre. El espíritu danés lo ponían mi hija y mi buena amiga valenciana Sus y su novio muy danés Jack. Y el toque parisino llegó con las burbujas del champagne de Reims y un elegante paquetito de Chanel en el que venía entre otras cosas un labial rojo: ese accesorio vital que te viste en un santiamén, que deja su huella y la tuya en cuanta copa, camisa, labios y todo lo que toca y que me encanta.

Hace unos años en Copenhague me encontré con mi amiga Pía que al presentarme a su novio soltó esto: “Ella es Tatiana. Como te dije: bajita pero siempre de tacones, pelo oscuro y labios rojos”. Nunca me habían presentado así y me pareció divertido pues nunca lo había pensado. Siento que he usado labiales rojos hace tanto como recuerdo y he dejado mi huella discreta e indiscreta por todos lados y en todas las temporadas del año. Por cierto, uso también otros tonos, pero el rojo en todas sus infinitas variedades está siempre en mi lista de “total y absolutamente-imprescindible”.

Alguna vez leí que en tiempos de crisis económica suelen aumentar las ventas de los lápices de labios, y especialmente los rojos. Y tiene sentido. Cuando las cosas van mal -y considerando que los labiales se encuentran en todo el rango de precios- invertir en un rouge, como le llamábamos genéricamente antes, está siempre al alcance del bolsillo. Es uno de esos gustillos que te cambia el ánimo. Que transforma cualquier atuendo en cuestión de segundos y, sí, te da un toque de elegancia casual, siempre estiloso, chic y sin esfuerzo… ¡irresistible!

Muy tradicional, entre mis favoritos están los de YSL y de Chanel. De hecho, el Rouge Allure Velvet, Rouge Feu, que recibí ahora me dejó más que encantada con esa sensación de terciopelo y el acabado mate, que igualmente te deja un brillo y luminosidad que le da vida hasta a estas mañanas de invierno que seguimos teniendo.

Se han dado mil significados al uso del sempiterno labial rojo. Yo lo uso solo porque me gusta, porque me acomoda usarlo y no me complica si llama o no la atención… además siempre me divierte la cara del vikingo cuando me acerco a su alba e impoluta camisa de traje y luego me advierte “cualquier mancha es tuya”. Pero una advertencia: mi pesadilla es el momento en que me transformo en vampiro, con el labial pintando mis dientes. Ojo con eso antes de llegar al horror.
¿Podrían imaginarse a Paloma Picasso, Iris Apfel o Lucía Gallo sin esos inconfundibles labios rojos que las identifican? Claramente han sido y son incondicionales del color, mujeres super estilosas, de carácter, seguras de sí mismas y ejemplos clásicos del savoir-vivre.

Para despedirme: ¡LARGA VIDA AL LABIAL ROJO!

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