Cuando Karl Lagerfeld dijo que Claudia Schiffer parecía una ‘vaca teutona’ con sus medidas extravagantes para la moda algo andrógina de los ’90, pocos levantaron la voz. Si el káiser de la moda golpeaba la mesa para dictar los nuevos cánones de belleza, no quedaba otra que acatar. Ahora, sin embargo, él tendría que tragarse sus palabras. Porque desde que vio las fotos de una lituana rubia, de ojos celestes y con tímidos 18 años, sencillamente se declaró encantado con las medidas exuberantes de Edita Vilkeviciute.

La modelo de apellido impronunciable, hoy tiene 24 años y es rostro obligado de las grandes revistas couché, las marcas la siguen y con su estilo sexy, desinhibido, parece inaugurar un nuevo género en el mundo de la moda: el de los clips-show.

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Nuevamente Lagerfeld la convirtió en la musa del promocional Shanghay-París en 2012; luego el fotógrafo Mario Sorrenti la puso junto a Abbey Lee Kershaw en una escena de alta tensión que ha sido prohibida en varios países por su excesivo contenido erótico. Mientras, los insolentes Bela Adler y Salvador Fresneda también la llevaron a la pantalla al ritmo de Aretha Franklin, con escenas de la maniquí con neglillé, ligas y fumando irreverente.

La belleza de Vilkeviciute perturba y vende: 1,75 de estatura y 81-59-86. La quieren para portada de Interview, en el calendario Pirelli y como estrella de los desfiles de Victoria’s Secret, en las colecciones de Balmain, Burberry, Kenzo…

No tiene novio y, aunque detesta dar entrevistas y robarse la cámara, parece fiel a sus ideas. Sin ser tímida no busca llamar la atención. Entre sus pares, tiene fama de buena amiga y solidaria.

Nació el primer día de 1989, en un pueblito perdido en Lituania llamado Kaunas. Como estudiante no catalogó nunca de excelencia, pero fue personaje en su colegio. “Me gustaba divertirme y sobre todo bailar. Para mis padres era importante la educación, pero yo además tenía que pasarlo bien”.

Todavía recuerdo que mi primer trabajo importante fue para la colección primavera-verano de Roberto Cavalli, en 2007.

No pierde de vista a su familia, ni tampoco su pueblo natal. Tiene residencia fija en París, aunque por sus compromisos internacionales pasa mucho tiempo entre Londres y Nueva York. En las pasarelas comenzó antes de los 16 años, con desfiles de bajo presupuesto y diseñadores independientes de Madrid y Barcelona. “Todavía recuerdo que mi primer trabajo importante fue para la colección primavera-verano de Roberto Cavalli, en 2007”, cuenta.

Adora su oficio. Cada vez que se lo preguntan parece emocionarse. “Me encantan las editoriales de las revistas, porque ahí aparecen nuevas ideas. También hacer publicidad, sobre todo si se trata de algo más cinematográfico, cuando tienes que desdoblarte y ser otra”, dice. Pero su debilidad son los genios de la moda: “Miro hacia al lado y siento que el trabajo de Karl Lagerfeld para la casa de Chanel es alucinante. Prada y su atemporalidad son un must, al igual que Cavalli, que sabe cómo lograr que las mujeres siempre nos veamos bien”, sentencia.
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“A la hora de desfilar, me siento increíble. En Victoria’s Secret, por ejemplo, hay tanta energía, me divierto jugando a ser sexy y me encanta observar la reacción del público”.

De buen carácter, cuando está en un backstage jamás se aburre. “Si tengo que esperar, me siento y veo mi teléfono, o tomo un aperitivo mientras me peinan o maquillan. Luego hago un repaso mental de todas las pasadas y tenidas. Cuando salgo por primera vez a la pasarela, imagino que es la última del desfile. Así nunca pasas inadvertida”. Se ha convertido en modelo top de trajes de baño y corsetería, pero la alta costura también la proclama sin prejuicio alguno.

¿Cómo se cuida? “Me encanta comer ensaladas frescas, no importa donde esté. También adoro la fruta. En las mañanas basta con un buen té caliente y una manzana fresca en rodajas: ideal para empezar el día”. ¿Placer culpable? “El cheesecake y la torta de chocolate. Cuando los como me acuerdo de mi familia y me dan ganas de volver a casa”.