Hasta hace unos años nomás, que un hombre decidiera depilarse las piernas o el torso obligaba a verlo con una cuota de recelo. Ni hablar del que antes de acostarse se aplicaba una máscara facial de palta. ¿Y a éste qué bicho le picó? Constatado el hecho en el seno de un club de Tobi, lo más probable es que se hicieran apuestas sobre cuánto demoraría el susodicho en salir a la calle, cualquier día de éstos, con vestido y cartera. Y sin embargo, al cabo de unos años, lo que ayer era aparente capricho de unos pocos hoy se encamina hacia la categoría de tendencia.
Me convenzo de esto ahora que subo en el ascensor hasta el tercer piso de un edificio de calle Moneda. He pedido una hora —que luego se convertirá en tres— en un ‘Centro de Bienestar Masculino’. Voy por una limpieza facial profunda, un corte de pelo al estilo americano y una mantención de manos. “Preferimos decirle así en vez de manicure, que es más femenino. Y lo mismo ocurre con el depilado de cejas, que acá llamamos arreglo de cejas”, me dirá más tarde Carol Jaque, la estilista, vestida en tonos negros.

Confieso ser un aparecido en estos territorios. En mi hoja de vida figuran escasas incursiones en el mundo de las cremas y los tratamientos. Mis uñas están vírgenes y, con excepción de un par de intervenciones clínicas, nunca me he depilado —y ésta no será la ocasión de hacerlo—. Sin embargo, hace unos meses, un viaje a Francia obró en mí casi como una revelación. No tanto por la estada en Vichy —el paraíso de las aguas termales, donde se encuentra el Hotel Spa Les Célestines— como por el hecho de haber descubierto en una vitrina de la fábrica de la marca Vichy una cantidad de productos que hasta ese entonces no imaginaba que existían para el mercado masculino: desde cremas que ayudan a reducir el vientre hasta ampollas para evitar la caída del cabello.
El Abdolift —que es el reductor abdominal— aún no llega a Chile, pero, según me contó Paulina Pérez, químico farmacéutico de la marca, su línea Homme “ofrece otros productos como los reguladores de sebo y los antiarrugas. Por ejemplo, dentro de las cremas es súper demandado el Hydra Mag C+, cuya gracia es que hidrata el rostro y actúa también sobre el contorno de ojos, tratando las bolsas y las ojeras, que es una problemática muy común en el mercado masculino, de hecho, es nuestro producto más demandado”.

PERO AHORA ENTRO AL MINISTRY, EL CENTRO DE ESTÉTICA DE MARRAS. “Qué bueno que viniste solo. Si hubieras llegado con tu mujer o con tu novia, hubiéramos tenido que decirle, muy amablemente, que no puede entrar. Nada más que los hombres pueden cruzar el umbral”, me aclara Vanessa Jofré, una de las socias del centro. “Queremos que sea un lugar donde los clientes se sientan cómodos —agrega—. En general, vienen de vivir experiencias poco gratificantes en los salones de belleza comunes y corrientes. Acá encuentran un lugar para ellos. Nadie los va a mirar raro si deciden hacerse un camuflado de canas, que es algo que nos solicitan mucho y que se hace entre cinco a quince minutos, así de fácil”.
Si el Ministry se define como masculino no es gratuito. El color gris milico de las paredes lo confirma. También la música ambiental que suena: Rolling Stones, Pink Floyd, Beastie Boys, ¡nunca Lady Gaga! Hay revistas como Esquire, GQ, El Gráfico. El café es grueso, en lo posible amargo. Y los viernes por la tarde agasajan a los clientes con cervezas artesanales o copas de un buen reserva, de preferencia Cabernet Sauvignon o Carménère.

Sin embargo, cuando me recuesto en la camilla de la sala de limpieza facial la música que suena es otra, casi zen. Entre exfoliantes y la consiguiente razzia contra los comedones —un eufemismo para referirse a los puntos negros— sobrevivo con dignidad. Luego, me entrego a hidratantes, serum y a una máscara de murtilla que funciona como antioxidante. La falta de ‘roce estético’ me lleva a hacerme algunas preguntas: ¿se conversa con la especialista en esos momentos?, ¿qué haces con las mano?, ¿es bien visto una siesta matinal durante la sesión? Entre tanta interrogante, termino durmiendo profundamente. Cuando despierto Fabiola (Mardones) me habla de la utilidad de una limpieza: “Quitamos las impurezas, penetramos productos para rellenar las primeras líneas de expresión, lo que contribuirá a mejorar la calidad de la piel. La mayoría de quienes se someten por primera vez a una limpieza se ven cinco años más jóvenes, fundamentalmente porque la nariz y la zona aledaña gana en luminosidad”, dice. Y yo me miro en el espejo como si recién hubiera cumplido los cuarenta años.

LLEVA MÁS DE TREINTA AÑOS EN EL MUNDO DE LA ESTÉTICA. Y aunque en un comienzo Donka Avdaloff pensó sus servicios sólo para la mujer, de un tiempo a esta parte su oferta se ha diversificado. “Desde hace cinco años los hombres han comenzado a preocuparse de su estética. El tema del deporte ha contribuido mucho. La exposición al sol los pone en riesgo de un envejecimiento prematuro de la piel y eso los ha  movido a usar productos que los protejan”, dice Donka, en una de las oficinas del centro de Avenida La Dehesa.
—Y por lo mismo, por el deporte —agrega su socia, Bernardita Abalos—, también han incursionado en la depilación láser, sobre todo de espalda, hombros y cuello, lo que atenúa la sudoración. Además, tendremos que convenir que el macho peludo, feo y hediondo, ya pasó de moda. El hombre que resulta atractivo a los ojos de la mujer, ha desarrollado su parte sensible y no tiene problemas en ir a un centro de estética.
Los clientes de Donka Avdaloff son, en su mayoría, ejecutivos y profesionales sobre los 30 años. Hay mucho extranjero que acude de manera periódica: brasileños, mexicanos, canadienses…  Hombres con poco tiempo, habría que decir, que llegan en busca de tratamientos exprés. Y en ese plan, lo más revolucionario es el coolsculpting, fundado en la criolipólisis —una terapia que combina la técnica del vacío y la aplicación de frío—, que reduce las grasas localizadas a través de la cristalización del tejido adiposo.
“Para ese rollito famoso que tienen los hombres, el coolsculpting es un tratamiento tremendamente efectivo y cómodo. Aplicándolo a razón de una hora por zona, es capaz de reducir hasta un 40 por ciento de las grasas localizadas, que es eliminado en las siguientes semanas a través de la orina”, cuenta Donka.

QUIZÁ LA PRUEBA MAYOR PARA UN PRIMERIZO SEA LA MANTENCIÓN DE UÑAS. Y cuando hablo de esto se me viene a la mente la imagen de una tía que practicaba el ejercicio del pelambre cada vez que se las limaba. El procedimiento es indoloro y tiene aspectos francamente femeninos, como ver tus manos remojando en un recipiente o el momento del pulido por no hablar de la aplicación del esmalte. Y sin embargo, cuando terminas, es difícil no creerle a Fabiola cuando dice que así las manos se ven mucho mejor.
El remate de la experiencia es el corte de pelo. Un tema respecto del cual los hombres somos absolutamente promiscuos. Donde te sorprenda la gana de cortártelo te lo cortas y ya, lo que a veces implica caer a la jaula de los leones, sobre todo si el ‘estilista’ que te asignan usa el pelo amarillo o sobrelleva sus más de cuarenta años con un corte pokemón.

“Los hombres tienen necesidades específicas que no siempre son atendidas. La mayoría tiene problema con el volumen. Y muchas veces salen impecables de la peluquería, pero a la semana ya tienen un repollo en la cabeza”, explica Carol.
Luego me muestra como crea soportes de altura con el propio pelo, con el fin de que el efecto repollo no se produzca y procede hasta cumplir con el rito final, espejo en mano, mostrando el corte ejecutado. Misión cumplida.
Esa misma noche, en la fiesta en casa de unos amigos, el anfitrión cuenta la historia de uno de sus jefes que resulta tan excéntrico que una vez por semana se hace la manicure. Yo le corrijo; mantención de uñas, pero tomo la previsión de meterme las manos en los bolsillos para evitar ser tema en el próximo club de Tobi.