Chile tiene, en promedio, un 22 por ciento de personas declaradas estresadas, cansadas y con falta de sueño. Esta cifra, según encuestas oficiales, aumenta en el caso de las mujeres. La proyección del desequilibrio interno que provoca el estrés se evidencia justo donde menos queremos: en la piel. Mayor es la desgracia cuando espinillas, acné, palidez, opacidad, excesiva sudoración o picazón se apoderan del rostro. Delatan, sin necesidad de abrir la boca, que algo no está bien.

No es coincidencia que al mirarnos al espejo notemos arrugas que hace poco no estaban ahí, granitos inoportunos u ojeras. Estos ‘eventos desafortunados’ son reacciones a presiones externas que afectan violentamente la dermis. Cecilia Orlandi –dermatóloga de la Clínica Orlandi– asegura que “es indispensable algo de estrés para la supervivencia, pero hay casos en el que el nivel llega a ser incontrolable y se convierte en patología”. Señala que el de tipo psicológico crónico altera la permeabilidad de la barrera cutánea, lo que produce deshidratación y aparición de infecciones, picazón o dermatitis. La cosmetóloga del centro dermoestético Le Ciel, Natalia Orellana, concuerda con la doctora: “El estrés se manifiesta en cambios notorios como el rash (erupción), eritemas (enrojecimiento), resequedad, piel fatigada y poca luminosidad”.

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Es un hecho: el exceso de preocupaciones y el nerviosismo, cobran caro. Las cicatrices que deja el acné o las líneas de expresión marcadas de un ceño fruncido, denotan una ausencia de relajo y vitalidad. Bajo estrés el cuerpo produce más hormonas y cortisol y por lo tanto las glándulas sebáceas secretan mayor cantidad de grasa, generando un ambiente propicio para la aparición de espinillas.

La novedad es que la industria cosmética se hizo eco de esta relación tensión-daño en la dermis, y ha creado productos específicos antiestrés de uso tópico. Hay desodorantes, lociones y cremas formuladas específicamente para combatir este problema. La loción Skin Rescuer de Kiehl’s, por ejemplo, contiene extractos de manzanilla, glicerina, manteca de karité y extracto de rosa francesa (que limita la aparición de señales). Estos activos previenen que el estrés sea evidente porque minimizan la respuesta inflamatoria de la piel. Así lo reafirma la doctora Angelike Galdi, química especialista en cuidados de la piel de Kiehl’s: “Una barrera protectora de la piel débil es la puerta de entrada de problemas a la dermis. Estaba claro que no podíamos eliminar el estrés de nuestras vidas, por lo que nos enfocamos en ayudar a la piel a ser menos vulnerable, fortaleciendo esa barrera”.

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La doctora Orlandi sugiere realizar peeling superficiales con hidratación posterior y técnicas como los drenajes linfáticos y masajes. “Hay que tratar de no exponer la piel a cambios bruscos de temperatura, protegerla del sol, no fumar. Además de considerar la ingesta de un litro y medio de agua o dos a diario, frutas y verduras con mucho color como los arándanos, betarragas y zanahorias por su aporte antioxidante”, dice.

La aromaterapeuta Verónica Mujica, en tanto, aconseja tratamientos naturales y prevenir aquellas situaciones que originan tensión. “Las esencias pueden utilizarse vía olfativa o a nivel dérmico en masajes, debidamente diluidos en aceite de almendras o cremas humectantes, respectivamente (no aplicados directamente sobre la piel). La lavanda, por ejemplo, se usa para problemas de origen nervioso como la ansiedad, la bergamota para la irritabilidad y la mandarina para calmar”.

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