La ciudad de Río de Janeiro se abría para él. Hermosa y fascinante. Tenía entonces 21 años y era su primera vez ahí. “Como todos a esa edad, fui con muy poca platita y varios amigos. Necesitábamos un lugar donde desayunar y en esa época no hablaba portugués, así que les dije: ‘No puede ser tan difícil hallar una panadería, con este calor y humedad los olores son muy fuertes’. Levanté la nariz como un perro y a una cuadra ya la encontré, con olor a pan tostado y café”, recuerda Bernardo Conti. El tiempo y el entrenamiento hicieron que hoy pueda identificar, sin equivocarse, mucho más que dos aromas. “Diría que unos diez mil”. Y lo dice así, con total modestia. 

Es que “Bernie”, como lo llaman sus amigos, es un hombre simple. Le gustan los zapatos bien lustrados y usa sólo camisas blancas. Prefiere la conversación a ir a una disco o al cine. Un hombre inquieto al que le gusta probar comidas o ingredientes nuevos y el que ama caminar, ya sea solo o acompañado, como ejercicio o paseo. Y si algo procura es que su casa esté siempre bien ventilada. Cuando abre la puerta de su departamento, en un séptimo piso del barrio de Recoleta, aparece un espacio elegante de paredes blancas —igual que su camisa—, muebles de estilo, antigüedades orientales y uno que otro  cuadro. Tal como él, impera un estilo simple y acogedor. No hay jarrones con flores, pero sí muchos frascos de perfumes guardados en cajones y, por supuesto, muchas tiritas, esos papeles para probar fragancias. “Siempre tengo miedo de quedarme sin ellas, por eso tengo tantas”, se ríe mientras saca unas cuantas para las fotos. 

Hay olores que pesan más que otros. El lo sabe: “El jazmín cuando paso por un jardín, la pizza y empanadas de los bares de Buenos Aires, el olor de la brisa del mar y sobre todo el olor a mandarina que me queda en las manos cuando las como”, enumera. Otros lo entristecen un poco. “El olor a pis de gato me hace acordar un poco a los grandes jardines que tenían los hospitales de antes. Pero te podría decir que por más feo que sea un olor no hay algo que realmente me moleste, por lo menos no mucho”, asegura.

Entrar de su mano, o de su nariz, al mundo de las fragancias es como correr un velo y ponerse a caminar entre flores, especias exóticas, maderas de Oriente, o frutas jugosas. Su métier tiene que ver con el crear, tanto Carolina Herrera, Armani, Kenzo, Valentino, Dior, YSL o Ralph Lauren pueden consultarlo. “Yo trabajo con creadores, guiándolos, soy ‘nariz evaluadora’, hago lo mismo que un diseñador. Al crear digo: ‘me gustó, pero necesito que lo hagas con más canela, o más cítrico, o la rosa está más evidente, quiero que la arregles un poco”, explica Bernardo. Así, como si estuviera cambiando el diseño de un vestido, en vez de tela y alfileres tiene un abanico de esencias para equilibrar en su justa medida. A pesar de que se puede pensar que es un don natural, él aclara que tiene que ver con un oficio, con “entrenar la nariz”. Sin duda el aporte de vivir en una casa con un jardín florido, y con abuelas y madre muy buenas cocineras, prepararon sus células olfativas para convertirlo en un experto en perfumes.

Su título de licenciado en Ciencias Químicas de la UBA lo llevó a ejercer, desde hace más de 29 años, su profesión en la sucursal argentina de la empresa suiza Firmenich, firma creadora de esencias y fragancias, donde actualmente es gerente de evaluación de perfumes y Latinoamerican Fragrance Trainner. Viaja por el mundo con una tarea por demás glamorosa: crear aromas. Ya recaló en Inglaterra, Suiza, Francia, Estados Unidos, Brasil, México y Colombia. ¿Quién mejor que él para conocer cuáles son las últimas tendencias en este universo tan etéreo como perfumado?

“Cuando se piensa lanzar un nuevo perfume, normalmente se hace un estudio de mercado, se trata de ver qué hay en la cabeza de la gente”, revela Conti. Y a continuación explica, casi como un viaje aromático en el tiempo, cada época de la historia y su relación con la forma en que surgían las tendencias en perfumes.

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En los ’20, era el perfume del sexo. “Porque ahí fueron los años locos, luego de la Primera Guerra Mundial, y el punto era para qué me voy a cuidar la virginidad, si a la tía Carlota le cayó una bomba la semana pasada. Los nombres de los perfumes eran espeluznantes, Primer sí, Ábreme, Antes de la fiesta. Y la gran estrella en perfumería erótica: Jean Patou”, detalla.

En los ’30, llega la Gran Depresión, y la gente se perfumaba con lo que podía, “incluso algunas mujeres se ponían la vainilla que usaban para cocinar”, dice.

Con el fin de la segunda gran guerra, llega el arribo de Dior, como gran emblema de la década de fines de los ’40 o ’50 y el lema fue “disfrutemos”. La premisa fue “estemos bien todos”, con el advenimiento de la clase media, los perfumes para todo el mundo, incluso para hombres.

Por los ’60, todo tenía que ver con la naturaleza, los ´70 fueron el “vale todo”. “Todos los estilos, podías ser hippie, futurista, punk, reventada, señora elegante, todo valía. El gran ícono fue Charly de Revlon, Anais Anais de Cacharel, para hombre Polo, R de Paco Rabane.

Luego vino la “fuerza” ochentera, con Schwarzenegger y Madonna, con esas hombreras y esos corpiños de punta. Era la época de Poison y Fahrenheit de Christian Dior, Eternity de Calvin Klein, el primer Armani. “Fue la época más competitiva de la historia, quién era más fuerte, el cuerpo más entrenado, la persona más efectiva”, señala Conti.

Los ’90 trajeron el “minimalismo”: todo lo de Kenzo, CK One de Calvin Klein, que son esas cosas transparentes, livianas, unisex. El nuevo milenio impuso la necesidad de “bienestar”: el yoga, la comida orgánica, lo natural, la ecología y también el lujo: consumir lo mejor que haya y de ahí las catas de chocolate, de vino, los hoteles 7 estrellas, la comida étnica, fue cuando la perfumería de lujo salió con todo: Diamons de Armani, todos los perfumes de Bvlgari, el recuperado glamour con Coco Mademoiselle de Chanel

—¿Qué es lo que caracteriza a esta época que estamos viviendo?

—Ahora, es la época de la intensidad. “Tomarse la vida de un trago”, dicen algunos. Deportes extremos, parapente, tirolesa, escalar montañas enormes, viajar al espacio, sabores fuertes, se usa el picante, los contrastes: chocolate con chile, con sal marina. Y en la perfumería todo tiene que ver con lo extremo y con lo exagerado, nada tiene que ver con lo discreto. Se usa oler muy fuerte, que se huela el perfume, que se conozca la marca.

—No pasar inadvertido…

—Para nada. En la entrega de los Golben Globes se vio en la ropa, todas las mujeres o de rojo, o de blanco perlado o metal. Toda una estética muy brillante y muy llamativa, y eso de brillante aparece en la perfumería. No hay un estilo romántico en la perfumería, hay un estilo “macho agreste” con la barba larga, tipo hipster, que puede ser intelectual o más campestre, y después fuerza, extreme, absolute, elixir.

—¿Y para el sector femenino?

—En mujer también, se volvió muchísimo al eau de parfum más concentrado que el de toilette. Casi todos están lanzando perfumes que en vez de tener 20% de esencia, tienen 30 o 35%, y después las modelos nada discretas. Lo ves con Valentino, Cavalli, la ropa que les ponen. Para J`adore de Christian Dior, Charlize Theron está más dorada y más alta que nunca, “escalando más arriba”, decía la última publicidad. Todo tiene que ver con la intensidad.

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—¿Cuáles son las esencias que van a predominar este año?

—El renacer de los viejos clásicos, pero magnificados. Rosa, jazmín e iris están por todos lados, pero ¡qué se huela! Para hombre, mucha especia, pero picantes: jengibre, pimienta… Bien, bien a llamar la atención de todo el mundo. Y las maderas también, pero muy evidentes, hay muy pocas sutilezas en los últimos lanzamientos. Hay ediciones especiales de verano, como pomelo y jengibre, buscando una frescura exageradísima y extrema, pero por marcas que no tenían la costumbre de hacer eso, como por ejemplo, Yves Saint Laurent.

—¿De dónde parten las tendencias?

—Un poco de todo el mundo, lo que nos pasa hoy en día es global, porque está todo muy conectado. Y, en general, las grandes desgracias son las que nos llevan a vivir de una manera o de otra. El tema de vivir intensamente tiene que ver con toda esta influencia de terrorismo, también con las epidemias, en diez años la humanidad pasó por epidemias bien grandes: el Ébola que fue el último de la fila que fue horrible, la gripe Aviar, la gripe A. A estas cosas el ser humano nunca es indiferente. Esta tendencia a querer vivir y disfrutar de la vida la observamos en todo el mundo en general, pero hay países que la toman primero: Francia, Italia, que está siempre diseñando e investigando tendencias y luego Estados Unidos.

—¿Vienen tendencias deste Oriente?

—Sí, la gran tendencia mundial, que viene de Oriente Medio, es el “Oud”. Es la madera del árbol de agar, era la esencia que usaba Laurence de Arabia, o sea que es antiquísima. Es una nota muy cuero, muy quemada, y según sea para hombre o mujer se mezcla con mucha rosa para hacerla más femenina, o con mucha madera para hacerla súper masculina. Esto les encanta a ellos y toda esta moda está viniendo para Occidente. Y nos va a parecer extrañísimo, pero todas las marcas: Cavalli, Valentino, Tom Ford, Marc Jacobs, Chanel, todas tienen algo con ese ingrediente, que es una cosa nueva para nosotros siendo ancestral para Oriente.

—Además de esta tendencia global, ¿cada país tiene su propio gusto en el mundo de los aromas?  ¿Chile, por ejemplo?

—A los chilenos les gustan las fragancias frutadas, un poco azucaradas si se quiere, algo que nosotros llamamos “gourdmand”, como golosas. Además el chileno es uno de los más altos consumidores de perfumes por cabeza en América Latina. Tiene una perfumería local muy importante creada en Chile, y una penetración de muchísimas marcas, sobre todo norteamericanas, al punto que en Chile encontrás lo mismo que en París o Nueva York. Es un consumidor que sabe mucho de perfumes, es muy viajero, muy curioso, muy interesado en la moda. Es clásico pero también sabe vivir bien.

“El perfume es la forma más intensa del recuerdo”, dijo alguna vez Juan Paul Guerlain. Una vez que se cierra la puerta de la casa de Bernardo Conti, la memoria sigue reteniendo esas fragancias que se fueron evaporando en la charla: rosas, jazmines, pimientas, maderas. Los ingredientes de su pasión.