Hace poco me enteré que una nueva línea cosmética se la jugaba por la ecuación belleza y cuidado del medioambiente, se trata de Ecobeauty de Oriflame.

Me pareció una gran noticia  y en especial porque sea por motivos comerciales o real convencimiento, ya son varias las empresas que han hecho la misma apuesta: la inglesa Lush, la suizo-alemana Weleda y la brasilera Natura, entre otras existentes en el globo.

Cada una desde su propia tribuna, difunde el mismo mensaje que es verse linda sin dañar el entorno. Y ¿cómo podría ocurrir esto se preguntarán? Muy simple, hay entre las plantas algunas con propiedades benéficas para nuestra piel y su extracción indiscriminada podría provocar una catástrofe medioambiental en un determinado ecosistema: algas del pacífico, frutos del Amazonas, plantas de la Provenza o la misma murta chilena, utilizada en cremas reductivas, corren peligro si las empresas que las utilizan para sus productos no se autorregulan. Porque las leyes muchas veces ni existen para proteger esa “propiedad intelectual” en que se constituye la flora endémica, la misma que a su vez es el eje de la vida, de una gran variedad de seres vivos e incluso de comunidades agrícolas.

Las empresas vinculadas al rubro de la cosmética tienen una gran responsabilidad al cuidar ese recurso, al igual que nosotros de exigir que el envase sea reciclable, que los productos no sean testeados en animales o que los principios activos de ciertas líneas de belleza sean utilizados en equilibrio con la naturaleza. Si todo eso se asocia a políticas de reforestación, replantación o cultivo biodinámico, ese que respeta los ritmos naturales del suelo sin forzarlo, mucho mejor.

Querer verse bien es una aspiración normal, tener conciencia de lo que usamos como consumidoras es un deber, pero respetar la tremenda generosidad de la naturaleza es un acto de verdadera humildad.

¿Y ustedes utilizan marcas o productos que vayan de la mano con el ecosistema?

 

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