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Tres décadas de TV

La TV que existía hace 30 años ya no existe más. Los estelares y gran parte de la producción propia se esfumaron.

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Sigamos de largo: el cómodo refugio llamado nostalgia

El nuevo programa de medianoche de Canal 13 indica al menos dos tendencias: la primera es que ninguna decisión de programación actual escapa de la profunda crisis económica que viven los medios de televisión abierta y la segunda es el estancamiento creativo de una industria que obligadamente recurre a fórmulas baratas de producir y poner en pantalla.

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Yerko Puchento en Vértigo: caída en cámara lenta

Yerko Puchento nació como una respuesta a la farándula. El personaje partió como la caricatura de uno de los primeros periodistas que comentaron en televisión los pormenores de la nueva casta de celebridades aparecidas del fútbol y las discotecas, un subgénero bastardo de la tradicional prensa del corazón dedicada al jet set de otras latitudes. Los creadores de Yerko Puchento —el actor Daniel Alcaíno y el guionista Jorge López— supieron darle un giro al personaje cuando la burbuja creada en torno a la farándula reventó.

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Diana: un piloto al aire

El formato de late show cobró popularidad en Chile a partir del 2000. El nuevo milenio amplió el horizonte del género que en nuestro país sólo conocíamos por Noche de Gigantes, el programa ochentero en donde Don Francisco entrevistaba a las celebridades opacas de la dictadura.

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Misión encubierta: periodismo y espectáculo

La actual crisis de la televisión abierta tuvo entre sus primeras bajas los programas de periodismo de investigación. El alto costo que involucra producir programas como Contacto o el antiguo Informe especial —con equipos trabajando durante meses en varios reportajes paralelos— no resultaba viable en las condiciones actuales. Ambos programas fueron reducidos a su mínima expresión. Lo que perduró, en el caso de Canal 13, fue el híbrido llamado En su propia trampa, una especie de sometimiento del periodismo a la tiranía del espectáculo dominado por las cámaras ocultas. Un voyerismo con afanes justicieros que se emparenta con la crónica roja llevada al docu-reality de los programas de allanamientos y las persecuciones policiales rodadas en vivo o la vida carcelaria descrita sin más filtros que la generosa protección de Gendarmería. La violencia cruda sin contexto. Una especie de pornografía de la marginalidad que capturó audiencia y cuadró los números del semestre.