Prueba viviente de que a veces las apariencias engañan, cada centímetro de su cuerpo está tatuado, perforado o modificado de alguna manera. Incluso tiene implantes de imanes subcutáneos, pero el berlinés Wolfgang Kirsch es un tipo afable que, da la casualidad, se convirtió en modelo de tatuajes. Conocido como Magneto, muchos lo consideran una obra de arte ambulante, aunque para otros es simplemente un demente.

A los 50 años se hizo su primer tatuaje y después ya no pudo parar. Hoy tiene 70 años, es soltero y vive en un departamento antiguo de Berlín con una pareja de gatos, Freddy y Gina, a los que solo deja cuando viaja como invitado a distintos eventos especializados. “Estar en contacto con muchos jóvenes de la escena berlinesa del tatuaje y viajar por el mundo me mantiene joven”, dice este expolicía devenido en icono de una comunidad que, el fin de semana del 30 de noviembre, sostendrá su primer gran encuentro internacional en nuestro país, cuando se inaugure la primera versión de la Tatoo Week Santiago en la estación Mapocho. Magneto por supuesto está invitado.

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— ¿Cómo un policía se convierte en modelo de tatuajes?

— (Se ríe)… lo uno no tiene que ver con lo otro. Tenía como 20 años cuando entré a la policía antidisturbios. Era la época de la República Democrática Alemana y uno tenía que escoger: yo elegí la policía antidisturbios, mientras otros se iban a la milicia. Lo mío con el tatuaje empezó mucho después.

—Usted ha dicho que no recomienda tatuarse a muy temprana edad. ¿Por qué?

—Si la persona todavía está en etapa de desarrollo, es importante tener primero una buena profesión, porque hay algunas que no admiten llevar tatuajes. Después de eso, okey. Si miras por ejemplo a un albañil, que lleve tatuaje no tiene ninguna importancia; pero si quieres ser abogado, puede que sí afecte tus posibilidades de un buen trabajo. Cuando joven uno no tiene todavía este punto de vista y el tatuaje es de por vida.

—Usted fue una de las primeras personas en tatuarse los globos oculares, una técnica que ha sido muy cuestionada…

—Mi postura al respecto es no ponerse en manos de cualquiera, tiene que ser alguien que lo haya hecho varias veces antes. Riesgos siempre habrán, pero lo principal es que lo haga alguien con experiencia.

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—¿Cómo se las arregla para no asustar a la gente?

—Soy una persona normal. Si me preguntan sobre algún tatuaje o cuándo empecé, no necesito dejar de ser yo. Trato de ser honesto y amable. Algunas personas mayores a veces se tapan la boca cuando me ven, pero los niños reaccionan con naturalidad. De hecho suelen ser muy graciosos en comparación a los adultos, que son un poco más cerrados. La escena del tatuaje se ha ampliado bastante y hoy no está tan mal visto como antes.