Para muchos, la idea de relacionarse a través del tacto con las obras de arte más importantes de la historia podría tratarse de la mayor aberración al momento de dirigirse a un museo o galería, sobre todo si consideramos los dispositivos de seguridad que comúnmente protegen el perímetro, los guardias que vigilan las salas de exhibición y el número de visitantes que diariamente asiste a estos espacios.

Basta con pensar en la Gioconda de Leonardo Da Vinci, para que se nos venga a la mente la clásica imagen del tumulto de turistas tras la barrera y la Mona Lisa custodiada por el cristal antibalas que la protege, o las múltiples historias que oscilan en torno al robo de una de las piezas más visitadas del mundo, ubicada en el Louvre de París (con 9,3 millones de visitas durante el 2014).

Por otro lado, el arte contemporáneo ha tomado la interacción del espectador con la obra como uno de los principales desafíos actuales, donde su presencia e interrelación articula una serie de activaciones de la pieza exhibida. Un ejemplo de esto, es el trabajo del escultor hindú Anish Kapoor, autor de la icónica “Cloud Gate” ubicada en el Millenium Park de Chicago o el “Sky Mirror” del Rockefeller Center en Nueva York. En ambos trabajos, se compromete el reflejo del entorno y su distorsión mediada por la obra, así como también la monumentalidad de su escala que invita a interactuar lúdicamente con quien la observe.

Pero, ¿cómo lograr la interacción y, al mismo tiempo, inserción de toda aquella población no vidente para contemplar aquella experiencia, cuando se prescinde de la principal herramienta para la comprensión de obras pictóricas?

Frente a esta premisa, desde hace un par de años las instituciones artísticas han comenzado a buscar soluciones para hacer asequible la experiencia del arte a la mayor cantidad de gente posible. Primero fue el Museo de Bellas Artes de Bilbao, que durante el 2013 fabricó cinco reproducciones de las principales obras de la colección permanente del museo, y durante el primer semestre del 2015 le siguió el Museo del Prado con su exposición “Hoy toca el Prado” bajo la misma idea, que además incluía obras que no pertenecen al museo. Ambas iniciativas fueron posibles gracias a la técnica didú.

Esta metodología desarrollada por Estudios Durero se basa en la impresión de imágenes sobre relieve de hasta 5 milímetros de grosor, donde se reproducen los detalles y traduce volúmenes y texturas en formas que componen, finalmente, los detalles dentro del cuadro. De esta manera, el público no vidente es capaz de relacionarse con la obra no sólo en la reconstrucción mental de las figuras principales de la imagen total, sino también en el reconocimiento de los distintos planos que comúnmente componen una obra pictórica.

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Revisando el fanpage de PlayGround en Facebook el fin de semana, me encontré con uno de sus videos en el que hablaban de Unseen Art, el proyecto del finlandés Marc Dillon que se lanzó hace 13 días en Indiegogo –plataforma web de crowdfunding que publica proyectos innovadores de gente, empresas y organizaciones sin fines de lucro que busca financiamiento para llevar a cabo sus ideas, donde cualquier persona puede aportar el monto que estime conveniente en línea– y que ya ha recaudado $1.690 dólares de los $30.000 necesarios para cumplir su meta en lo que transcurrido desde su lanzamiento.

Unseen Art” es una plataforma en desarrollo que tiene como objetivo estimular la accesibilidad del arte para todas aquellas personas que han perdido parcial o totalmente la visión. Para esto, artistas 3D dispondrán de la web donde podrán publicar sus reproducciones tridimensionales de importantes obras pictóricas, creadas a través de softwares especializados, que posteriormente estarán disponibles de descarga gratuita para todos los interesados de experimentar el arte con otras capacidades.

La finalidad de esto reside en la democratización del arte gracias a que cualquier persona que cuente con una impresora 3D en el mundo, podría acceder a la descarga y posterior impresión de las piezas. De esta manera, y pensando en una futura exposición de las reproducciones (donde hasta el momento se cuenta con la Mona Lisa y se pretende continuar con algunas obras impresionistas, entre otras), bastaría sólo con imprimir la muestra en la respectiva ciudad donde se quisiera exhibir, adaptando, a su vez, la noción de espacio de exhibición artístico.

Aprovechar las nuevas tecnologías para transformar la experiencia y el goce que compromete el arte y completar aquello que comúnmente se sabe y se habla de las piezas más importantes con la parte faltante: la información que ingresa a través del tacto.

Mira más sobre “Unseen Art” en el siguiente video

Si te interesa aportar en este proyecto, puedes hacerlo desde el siguiente link: www.indiegogo.com/projects/unseen-art-experiencing-art-for-the-first-time#/

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