Con 24 años relativamente recién cumplidos, a poco tiempo de haber egresado de Licenciatura en arte en la Pontificia Universidad Católica de Chile y de haber formado De Facto, un nuevo colectivo de arte junto a Marco Bizzarri y Javier Otero, la artista visual Paula Solimano decidió cambiar el rumbo de su vida el 2015 –tanto personal, como profesionalmente– y arrancar su vida laboral en una de las ciudades más competitivas de la industria artística: Nueva York.

Al salir de la universidad, Paula quería encontrar un trabajo dentro del circuito artístico para potenciar otras habilidades que había descubierto a lo largo de su carrera. En ese entonces, su hermana se encontraba realizando un postgrado en Nueva York y le comentó que una amiga suya estaba trabajando en la Gagosian Gallery del Upper East Side y se encontraban buscando postulantes para las pasantías.

“Para suerte mía, las entrevistas se llevaron a cabo en mayo, fecha en la que tenía planeada ir a Nueva York para la graduación de mi hermana. Creo que fue el estusiasmo que transmití a lo largo de la entrevista lo que me llevó a quedar, pese a lo competitivo que fue enfrentarme con más gente que deseaba entrar (…). Una vez instalada aquí, me ‘cayó la teja’ de lo que estaba haciendo”, comenta Paula, respecto a lo que significaría formar parte del equipo de una de las galerías más importantes y poderosas a nivel mundial, con sedes en Nueva York, Londres, París, Los Ángeles, Roma, Atenas, Hong Kong, entre otras ciudades.

Lo que en un principio le parecía un desafío de dimensiones inabarcables, pasó a ser una oportunidad factible mucho más rápido de lo que pensaba. Durante cuatro meses se desempeñó en distintas actividades dentro de la galería –donde trabajaban alrededor de 90 personas en total en los múltiples departamentos–, estuvo en contacto con algunos de los principales agentes del medio en Nueva York como Bob Monk (uno de los directores de Gagosian) y compartió oficina en el mismo edificio que Larry Gagosian , fundador de la galería, y John Elderfield, quien fue curador en del departamento de escultura del MoMA durante muchos años.

En Nueva York, Paula se enfrentó a una magnitud muy diferente, comparada a lo que implicaba trabajar como artista en Chile: “Creo que es la ciudad donde mejor se entiende que el interés por el arte no conlleva simplemente ser artista. Ser artista es más complejo que eso, y tener una pasión por el arte es más amplio que ser artista. Además, aquí te das cuenta de que el arte es un rubro donde sí puedes tener sueldo y jefe, trabajar 8 horas al día y tener tres semanas de vacaciones al año. Mientras esto se ve como algo negativo en el circuito artístico chileno, aquí es gratificante, porque significa que el medio está profesionalizado”, cuenta.

paula450-1

En este punto, la principal diferencia radica en que las universidades chilenas que imparten la carrera de arte no consideran futuras instancias de acercamiento entre sus estudiantes y la diversidad de posibilidades laborales con las que se enfrentarán en un futuro. La falta de una práctica profesional y de múltiples trabajos colaborativos institucionales –que consideren un desarrollo en equipo más allá de formación de colectivos o arrendar talleres junto a demás compañeros en un mismo lugar– conlleva a que los licenciados en arte no siempre tengan acceso a los espacios o trabajos del rubro, o bien, cueste visualizar y proyectar su desarrollo en otras áreas (como curadores, art dealers, críticos, teóricos, etc).

Sin duda, estos dos escenarios resultan ser incomparables, debido al nivel de desarrollo que tiene el rubro en ambos casos. Lo positivo es que en Chile todavía hay mucho por hacer. Si las universidades integraran prácticas profesionales al currículum del artista y los museos, las galerías, los medios de publicación y estudios de artistas abrieran sus puertas para los estudiantes, no solamente harían que éstos adquirieran mayores conocimientos y experiencia, sino que el trabajo se optimizaría y el medio se robustecería. “El mismo medio se volvería más eficiente; en el caso de los estudios, los artistas tendrían más manos para producir obra –probablemente, a mayor escala–, generarían más cantidad y con mayor frecuencia, lo cual aumentaría el flujo de venta y haría circular el mercado”, finaliza Solimano en base a su aprendizaje en este último tiempo.

Este ritmo agitado que aprendió a sobrellevar desde la capital cosmopolita, sumado al desafiante ambiente entre practicantes que pretendían quedarse trabajando en la galería, despertó en ella una ambición por escalar más allá y mantenerse en la ciudad. A un mes y medio de finalizar su práctica, comenzó a enviar cartas de intención y recomendación a más de 30 posibilidades de trabajo en museos, galerías, consultoras para coleccionistas y estudios de artistas, las cuales seleccionó previamente en la página de New York Foundation for the Arts, sin tener respuesta.

“Es difícil. Entras a pelear un puesto con alguien que salió de Columbia, que lleva cinco prácticas profesionales en el cuerpo y que, quizás, hasta ha curado dos exposiciones. Pero no es imposible: ahí es donde comienza el ‘hambre’, que se transforma en la motivación principal para ponerte al día” cuenta Paula, quien enfrentó su segunda búsqueda laboral con el mismo (o mayor) optimismo que la primera vez. Nunca imaginó que hablar español sería finalmente lo que la separaría del resto y llevaría a posicionarse en el trabajo que siempre había querido.

paula450-2

Aún dentro de la galería, la coordinadora de los practicantes buscaba algún interesado en asistir un día para ayudar al estudio de la artista contemporánea Taryn Simon y Paula Solimano fue la primera en apuntarse. Llegó a la dirección que le habían dado en Queens y se encontró con que debía ayudar a desembalar y embalar la obra “Paperwork, and the Will of Capital” , que Simon había presentado en la Bienal de Venecia durante el 2015. Al conversar con la gente encargada del estudio de Simon y preguntar por la posibilidad de trabajar para con ellos, la respuesta fue negativa.

Semanas más tarde, la contactó la bibliotecaria de Gagosian para pedirle ayuda en gestionar los derechos de imagen de una fotografía que necesitaban desde el estudio de Taryn Simon. En vista que se trataba de material proveniente del Flickr de la presidencia ecuatoriana, sabía que Paula podría lograrlo más fácilmente gracias a su español. En un par de llamadas y correos había logrado lo que la gente del estudio estaba buscando hace un largo tiempo. Su eficiencia y disciplina implicó que volvieran a llamarla requiriendo su ayuda, lo cual llevó a que finalmente le ofrecieran un trabajo pagado full time, extendiendo su pasantía dentro de la galería y trabajando exclusivamente para Taryn Simon.

Hoy en día, Paula se encuentra trabajando tiempo completo para Taryn y su equipo, encargada de una investigación sobre Latinoamérica para una performance a gran escala que Simon presentará en el Park Avenue Armory  de Nueva York en septiembre. Al revisar su corto paso por la ciudad norteamericana, destaca la forma orgánica en que se ha desarrollado cada cosa en su camino, donde muchas veces las oportunidades han torcido la mano a aquello que había planificado.

-¿Cuál es el mayor aprendizaje que has tenido de esta experiencia? ¿Cómo ves tu futuro profesional?

“Lo enriquecedor de salir al extranjero ha sido, sin duda, darme cuenta de que existen muchas posibilidades de hacer lo que uno quiere (y formas de llegar a eso), a pesar de que en el intento te digan mil veces que no. Ahora, cuando me preguntan a qué me quiero dedicar en el futuro digo que no sé –la misma respuesta que daba antes de venirme. La diferencia está en que antes pensaba que era porque habían pocas opciones, mientras que ahora sé que son demasiadas. Y no sé qué elegir. Ojalá esté en el lugar donde pueda trabajar haciendo lo que más disfruto, que eso que hago tenga un impacto positivo en mi medio y se valore profesionalmente. Puede ser en Chile, Nueva York, quizás en Europa. Quién sabe”, concluye la artista.

Comentarios

comentarios