Hablar de la muerte conlleva a que hablemos de transformación, de transición y al mismo tiempo, de replanteamientos que muchas veces pasamos por alto debido al acelerado ritmo de vida que llevamos actualmente. El acto de morir implica concientizar; adaptarse a la idea de que estamos aquí por un período limitado de tiempo y motivarse diariamente por trabajar en aquello que queremos ser recordados, definir cómo queremos trascender. Morir es sinónimo de posibilidades y oportunidades.

Hace ya un tiempo que venía siguiendo los pasos de Rodrigo Opazo, artista, diseñador y creador del proyecto Nadie se salva; la plataforma web que busca despojar a la muerte del carácter fúnebre socialmente conferido para instaurarlo dentro de un plano reflexivo, invitando a las personas a compartir sus pensamientos sobre el amplio tema de la muerte. Hoy comenta cómo surge este espacio de innovación que ya cuenta con numerosas colaboraciones de gente multidisciplinaria (desde arqueólogos, biólogos marinos y abogados hasta artistas, fotógrafos y diseñadores), donde cada uno aporta desde su experiencia personal a esta temática universal y transversal. Todos tenemos algo que decir.

“Todo partió cuando asistí al funeral del papá de una amiga donde ambos eran ateos, y me llamó profundamente la atención que se siguiera un rito católico –curiosamente, estandarizado en nuestro país– cuando en realidad ellos no creían en Dios y no les hacía mucho sentido” cuenta Rodrigo, quien reconoció una carencia a nivel nacional con respecto a las posibilidades de despedir a un ser querido y, al mismo tiempo, una incongruencia con respecto a las prácticas sociales actuales que es interesante de cuestionar y solucionar como experiencia, a partir del diseño.

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Continuando su investigación, se encontró con el estudio “Chilenos y la muerte” que afirma que sólo dos de cada diez personas conversa usualmente sobre la muerte. No pensar, ni hablar al respecto confirma una negación no sólo por parte de las personas, sino también de los medios de comunicación. Por ende, el primer desafío es hacerse cargo de transformar el tabú y la frustración asociada al tema, para avanzar en una mayor apertura como país: “Ahí nace ‘Nadie se salva’, con el objetivo de generar diálogos, manifestaciones y espacios reflexivos; un precedente que permita nuevas modalidades respecto a la muerte… porque hablar de muerte es hablar sobre vida también”, agrega Opazo.

En este sentido, el proyecto aporta también en el proceso de creación de nuestra identidad cultural con respecto al tema, funcionando como un constructo de imaginarios distintos y complementarios entre sí. El tema emigra a nuevos soportes e infinitas experiencias que no sólo consideran la muerte como un “dejar de existir”, sino también como un fenómeno sociológico.

–¿Cómo ves esas distintas percepciones frente a una misma temática?

–En ese cruce de significaciones está lo interesante y gratificante con respecto al tema y el proyecto en sí, a partir de experiencias personales pero también cómo influye el resto de los factores dentro de esta. Por ejemplo, tenemos el aporte de una arqueóloga que considera a la muerte como fuente fresca y familiar dentro de su disciplina, como objeto de estudio para su trabajo que le permite estudiar el presente a través del pasado. Otro caso interesante, es el de una bióloga marina que escribe sobre la muerte de los cisnes y el revuelo social que tiene este hecho. Señala que en realidad los cisnes se están muriendo consecuencia de la manipulación y explotación humana de los mismos ecosistemas, que han hecho que desaparezca el luchecillo (fundamental para su alimentación). Entonces instaura una serie de la interrogantes: ¿qué es peor, que se mueran los luchecillos o los cines? ¿quién hace marcha por la muerte de los luchecillos? Y así un montón de otros casos.

–¿Este encuentro interdisciplinario se da sólo a nivel virtual?

–No, ‘Nadie se salva’ surge de la participación en la última versión del Encuentro Interdisciplinario sobre La Muerte, donde presentamos la activación “Las cosas pendientes”, una experiencia diseñada para conectarse con un ser querido que ha fallecido, con el fin de expresar lo que no se alcanzo a decir en vida. Además, en febrero de este año llevamos a cabo la activación “(In)finito” que duró 15 días en la entrada de La Vega Central de Santiago. Surgió de una conversación que tuvimos con la gente que vendía ahí y terminó en un gran proyecto en conjunto.

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Y agrega: “A través de una analogía muy simple, comentábamos cómo hoy en día se niega la muerte, hecho que bastaba sólo con observar cómo la gente se relacionaba con la fruta. Decían que muchas veces llegaban alegando, porque la fruta estaba verde o porque les duró poco, cuando en realidad el tiempo es una variante que ellos no pueden manipular.
Uno hizo un comentario que dio en la clave. Contaba que cuando chico, era muy común para él llegar a su casa y tomar una fruta del frutero sobre la mesa del comedor, que no tiene nada que ver con lo que sucede hoy. Los niños no comen fruta y la fruta que se expone en las casas, usualmente es plástica y meramente decorativa. Por eso, (In)finito funciona como una representación de lo anterior, donde sólo el paso del tiempo va develando la verdad, gracias a la convivencia de racimos de uva reales y otros falsos sobre la repisa que lo exhibe –y, en consecuencia, al pasar de los días se produce la descomposición de la mitad de ellas”.

El paralelo de esa disconformidad social, al mismo tiempo de querer mantener vivo algo que de por sí tiene un ciclo, es interesante. Un “impostor” de plástico toma el lugar del real y físicamente durará para siempre, pero es despojado de su carácter natural y funcional que es comerla. Finalmente nada ni nadie se salva de la muerte y eso es lo relevante a nivel macro.

Adaptarse a la idea de que existe una fecha límite, apacigua la rutina y vuelca nuestra existencia para concentrarnos en vivir intensamente, a partir de nuestras aspiraciones. Posicionarse frente nuevas posibilidades y visiones amplía el espectro de opciones, pues cuestionar la propia existencia –o nuestra eventual inexistencia– es humano y ha sido una de las principales preocupaciones del hombre desde sus inicios.

Entonces, ¿por qué no dedicarle un minuto a este evento que nos congrega recurrentemente? Después de todo hasta los funerales implican un momento de reunión y reflexión en torno al tema y su protagonista –rol que a todos nos tocará representar eventualmente.

Para más información sobre Nadie se salva, visita su página de Facebook, Instagram o escribe directamente a contacto.nadiesesalva@gmail.com para enviar tus colaboraciones.

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