Como si se tratara de enormes joyas en base a un trabajo de orfebrería milimétrico, las esculturas que ambientan cada rincón del taller de Matías Vergara parecen tener vida propia. Imponentes, pero delicadas; sencillas, pero prolijas y detallistas, dan la impresión de que en cualquier momento saldrán de su eterno estupor y se pondrán a danzar melodiosamente por la estancia. Su nivel de realismo es formidable y sus volúmenes hacen meditar sobre la perfección del cuerpo humano. Aunque más allá de carne y huesos, estas figuras se forman, pieza por pieza, en torno a uno de los materiales más valiosos y respetados de la historia. Apodado por algunos como el oro del siglo XXI, el bronce es una aleación de estaño y cobre que destaca por su gran dureza y ductilidad, transformándose en el ingrediente perfecto para aquellos que desean crear obras que perduren para siempre. Durante décadas, fue utilizado para crear utensilios como medallas y armas por las antiguas civilizaciones. Los griegos fueron los primeros en hacer figuras humanas de tamaño real en este metal, mientras que los egipcios y chinos hicieron lo suyo ataviando las tumbas de sus difuntos con adornos y jarrones.

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Pero la Edad del Bronce quedó atrás. Y pese a sus virtudes, son pocos quienes se atreven hoy a trabajar este material, especialmente en esculturas, debido a su alto nivel de dificultad y grandes costos de inversión. Matías Vergara se alza como uno de los pocos que ha dado un paso más allá y le dio el sí al bronce. Ceramista y pintor de profesión, el artista se centró durante gran parte de su carrera en crear esculturas en gres, dejando el bronce en segundo lugar. Pero fue el terremoto del 27/F el que le hizo replantear su labor. “Tenía una gran colección de esculturas de cerámica en gran formato. Pero para el terremoto prácticamente todas se cayeron. Después de eso, estuvimos un año en el taller sólo restaurando piezas. Quedé muy golpeado y sentí que era una especie de mensaje para atreverme con el metal”, explica. Desde ese día, cambió sus metas y decidió replicar sus obras caídas, pero en esta ocasión en el firme y resistente bronce. Sus creaciones se tratan de personajes atemporales, sin un lugar ni tiempo específico, con una alta carga espiritual. Sabiduría, luz y recolector son algunos de los protagonistas de su obra. Habitantes que hoy se levantan invencibles gracias a este nuevo formato. Luego, vienen las bailarinas. Es que Vergara está trabajando en una serie de mujeres y niñas que, a través de la delicadeza de la danza, exhiben feminidad, fuerza y perfección.

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PERO PARA LLEGAR A ESO, ES NECESARIO ATRAVESAR MÁS DE 14 ETAPAS, CADA UNA DE ELLAS DOTADA DE UN GRAN GRADO DE COMPLEJIDAD Y ALTOS COSTOS. Esto, ya que luego de un largo proceso de creación, el artista traslada sus ideas hasta un soporte tridimensional de plasticina o greda que llega a manos de un fundidor para que, en base a esta, realice un negativo de yeso y silicona. Dentro de éste, se vierte cera que, luego de unos segundos, se seca creando una delgada estructura. Una vez hecho el nuevo molde, se corta en piezas, se le agregan unos jitios o canales hidráulicos que tienen como propósito servir de conducto de ingreso y salida. Por alli se vierte el metal, la cera se transforma en humo y, poco a poco, van apareciendo los trozos de bronce, que es necesario limpiar y soldar para así darle vida a la obra. El último paso es el patinado, en donde la pieza se calienta a 150 grados y, con la ayuda de una brocha, se incorporan capas de algunos elementos que permiten darle distintos colores. Nitrato de cobre, por ejemplo, le da un tono calipso, mientras que el nitrato de fierro o sulfuro de amonio entregan otras coloraciones, dependiendo del gusto de cada artista. En total, cada pieza toma dos meses de creación entre secados, intervenciones, pulidos y retoques. Un trabajo milimétrico que explica por qué tener una escultura de bronce es un lujo que entrega arte e historia, levantándose como un tesoro que puede pasar por generaciones. “Siempre he sido un enamorado de este metal, ya que siento que es heredable. Se puede caer, van a pasar cientos y miles de años, pero va a permanecer intacta y se las puedes dejar a tus hijos. Es eterna”, piensa Vergara mientras toma una de sus obras eternas.

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