Es sábado por la noche y una profunda luna llena se refleja sobre el Llanquihue. Frutillar luce tan tranquilo como siempre, pero el movimiento en los alrededores del Teatro del Lago indica que algo ocurre. Se abren las cortinas, una tenue luz brilla sobre el escenario y la ansiedad aumenta. Es la cuarta presentación y todos saben que viene su turno. Aparece espléndida, casi mágica, con un tutú rosado que brilla al son de su tiara. Los enérgicos aplausos de los espectadores producen un quiebre en un público silencioso que sólo susurraba: “Sí, creo que ahí viene”. Parece extraída de una cajita musical. No en vano Marianela Núñez (32), es la bailarina que más destaca del Royal Ballet de Londres.

Como pocas niñas que sueñan con el ballet, Núñez hizo de su sueño una realidad. No provenía de una familia ligada a la danza pero a sus cortos seis años tenía el panorama claro: iba a ser bailarina clásica. A los ocho entró al Teatro Colón de Buenos Aires, a los catorce ya estaba danzando en la compañía y viajó a La Habana para presentarse con el Ballet Nacional de Cuba. Su carrera internacional dio un salto importante en 1995, cuando a los 15 años partió a estudiar al Royal Ballet de Londres. Con su debut en los ballets Raymonda y La Bayadera, comenzó la historia de la ganadora del Premio Laurence Olivier 2014, el más importante de las artes escénicas en Gran Bretaña.

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“¡Nos olvidamos que sos argentina!”, cuenta entre risas la estrella sobre los comentarios que le hacen, se siente cada vez más “inglesada”. Lleva 17 años viviendo en Londres, más tiempo de lo que vivió en Buenos Aires, asegura que “es mi lugar en el mundo, mi casa, amo esa ciudad”. Llegó a la capital británica en plena adolescencia, siendo la menor y única mujer de su familia. No lo duda, lo más difícil de emigrar fue dejar a sus seres queridos: “Era súper mimada, tenía a mis padres pendientes de mí las 24 horas del día y de repente llegué a este lugar lejano con una cultura diferente y sin hablar el idioma”, cuenta Núñez.

El Royal Ballet es la primera y más prestigiosa compañía de ballet del Reino Unido. Tiene por residencia la Royal Opera House en el Covent Garden y realiza 150 funciones al año. La labor en una industria como ésta es ardua. Núñez trabaja ocho horas diarias y puede estar produciendo seis presentaciones diferentes al mismo tiempo. “Siempre estoy a full y eso es fantástico porque la carrera del bailarín es muy corta, entonces debo aprovechar al máximo”, cuenta la intérprete. Y agrega: “Cuando me voy de vacaciones por una semana, ya extraño lo que hago. Es pasión de verdad, es mi vida y no me avergüenzo de decirlo”.

La artista está consciente de que se desenvuelve en un ambiente elitista, pero está segura de que a estas alturas del siglo, se masifica cada vez más. Son cinco funciones al año que se filman en el Royal Ballet para ser proyectadas en la pantalla grande tanto a nivel nacional como global. “La gente se atreve a ir al cine y le va perdiendo el miedo a ese tabú de que es elitista, se van rompiendo esas barreras”, cuenta la bailarina conocida por su técnica “estándar de oro”. Esta última implica la perfecta ejecución de los pasos de la danza clásica: hombros alineados a las caderas, rotación de 180° y correcta distribución del peso, entre otros.

El príncipe y la princesa. Eso parecen Marianela y su marido el brasileño Thiago Soares, también primer bailarín de la compañía. Llamados “la dupla de oro” o Thianela -al estilo de Brangelina-, estos latinos remontan su romance al 2002 cuando Soares ingresó al teatro, pero no fue hasta diciembre de 2006 que la relación se hizo formal. Justo después del caer de la cortina tras La Bella Durmiente, actuación en que ambos interpretaron los papeles principales, Soares llevó una pequeña caja al escenario. Dentro de ella iba un anillo.

La pareja estrella está en el peak de su carrera y quiere disfrutarlo. “Obviamente queremos tener babies pero no todavía”, cuenta Núñez con un suave spanglish. Tienen claro que su carrera tiene una fecha de vencimiento que se aproxima y la bailarina pretende prolongar al máximo sus pasos por el escenario. Tal como Sylvie Guillem que aún baila a los 49, Marianela está segura de que se dedicará el mayor tiempo posible a lo que describe como su “gran pasión”.

Respecto de su esperado debut en Chile, la bailarina de grandes ojos verdes dice que siempre había querido bailar en este teatro ubicado en la Región de los Lagos. “Cuando llegué, me di cuenta de que era todo lo bonito que me habían contado y mucho más. Es mágico y la gente que trabaja acá es increíble. Feliz me habría quedado tres días más”, cuenta con entusiasmo.

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El público observaba sus saltos, sus brisé y alucinaba con su despliegue inigualable. Y no solo el de ella, sino también de los otros veintidós artistas provenientes de diferentes partes del mundo entre los que destacaron Julie Kent, quien ha estado muy ligada al cine y en 2010 asesoró al elenco de Cisne Negro, y Marcelo Gomes, primeros bailarines del American Ballet Theatre de Estados Unidos. Los primeros bailarines estrella de nuestro Ballet de Santiago, Natalia Berríos y Luis Ortigoza, fue otra dupla que dio que hablar. También estuvieron presentes otros intérpretes argentinos que se iniciaron en el Teatro Colón de Buenos Aires junto a Núñez. Agustina Galizzi, primera bailarina de la Compañía Nacional de Danza de México, cuenta: “Marianela y yo compartimos escenario desde chiquititas, somos amigas, vivimos muy lejos la una de la otra pero nos mantenemos en contacto. Es un orgullo que ella haya triunfado de esta manera y poder compartir escenario ahora”.

Fue bajo la dirección de Marcia Haydée que dieron vida a este espectáculo del nivel de los grandes teatros europeos. Era un homenaje al bailarín y ex director del Ballet de Santiago, Ivan Nagy, quien falleció en febrero a sus 70 años. “Fue un gran partner, amigo, profesor y más que nada un gran artista. El ballet nacional es lo que es ahora gracias a él”, dijo una emocionada Haydée en medio del show.

La Gala Internacional de Ballet y Danza forma parte del ciclo Move, que cada año realiza el Teatro del Lago, incorporando compañías de danza, proyectos educativos relacionados con esta disciplina y espectáculos de gran calidad. Hace dos meses que la dirección ejecutiva de este gran centro cultural inaugurado en 2010, está a cargo de Carolina Schmidt, la ex titular del Sernam y Educación del gobierno de Sebastián Piñera, quien concluye: “Fue un espectáculo del más alto nivel mundial que marcó un hito en la historia de la danza en nuestro país. Hay tres aspectos que quiero destacar. Primero, el enorme interés de la gente por asistir. Las entradas se agotaron diez días antes de la función y las personas viajaron desde todo Chile. Segundo, la gran cantidad de jóvenes presentes. Por último, me encantó que el público fuera capaz de ovacionar las presentaciones de los diversos artistas, rompiendo con el tradicional comportamiento chileno reacio a llamar la atención, en particular al interior de un teatro”.