A primera vista María Gracia Subercaseaux no difiere mucho de la mujer que hace 15 años remeció a la sociedad de la época con sus autorretratos. El mismo cuerpo, pelo largo y mirada penetrante. Pero esa mujer que recortaba su figura entre luces y sombras y se mostraba desnuda sin ningún pudor —y que la hizo conocida dentro de la fotografía nacional—, sí ha cambiado. El tiempo, las inseguridades y las certezas, los encuentros y las rupturas, determinaron su historia y la convirtieron en una persona diferente, a años luz de la mujer que alguna vez fue.

“Tengo 43 años y a estas alturas confieso que he vivido y aprendido”, reconoce la fotógrafa instalada en el largo sofá de su departamento frente al parque Forestal. Lleva el pelo recogido y, fiel a su estilo, no usa nada de maquillaje, como si a través de ese gesto buscara mantener aquella limpieza visual que ha impreso en su obra.

Claro que a estas alturas la Subercaseaux —como se le conoce públicamente— o la Mary —como la llaman sus amigos— es mucho más que la fotógrafa que se formó en los estudios de Luis Poirot y que ya suma más de una decena de exposiciones y ha recorrido gran parte del mundo con su cámara a cuestas. También se ha convertido en una reconocida comunicadora: el pasado año condujo con éxito la tercera temporada de Mundo Ad Portas (Africa en 2010, Sudeste Asiático el 2011 y Medio Oriente el pasado año); además de Terruá, ambos en Canal 13 cable; y en la radio continúa al frente —junto a Rodrigo Guendelman— de Divertimento, su tribuna a la hora de defender algunos de los que declara como sus principios, entre ellos, la libertad. Libertad en el amplio sentido de la palabra y especialmente aplicada en el amor, un tema que la ha marcado a fuego y del que conversó largamente en esta entrevista con CARAS.
“Vivimos en un mundo muy estructurado, lleno de limitaciones; todo te lo han demarcado y tienes que seguir un cierto camino, ¡por qué! Me rebelo contra eso y en el amor también. Uno puede elegir de quién se enamora. Vengo de un colegio católico (el Villa María Academy), de un grupo bastante de elite y frente a todas esas estructuras en algún momento dije ¿y por qué?, ¿qué pasa si no? Esa ha sido mi bandera de lucha”.

María Gracia se casó joven y profundamente enamorada. Tuvo dos hijos (Pedro, de 16, y Augusta de 18 años) e inició un camino que no resultó fácil: “Me sentía muy insegura, probando, experimentando, buscando. Me confundí, no sabía para dónde iba y la inseguridad es muy arruinadora de relaciones…”, reconoce sobre un período en el que, como admite, aún no se descubría como ser humano. “Recién vine a conocerme mejor después de los 28 años, al final de mi matrimonio, una vez que encontré a la fotografía. A través de esta pasión que me arrebataba la vida me di cuenta de que yo también tenía talento y que podía entregar mucho”.

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Antes de que aprendiera a activar el obturador, María Gracia se comparaba siempre con el resto —sobre todo con su marido y sus amigos— y vivía con la permanente sensación de que todos eran mejores que ella. “No me atrevía a opinar; pensaba que podía equivocarme o decir una tontera. Hoy me da lo mismo y encuentro que equivocarse es maravilloso, pero era muy autoexigente; como fui muy aplicada en el colegio no me permitía cometer errores, pero me faltó nutrirme, leer más, y ya casada me encontré con ciertos personajes a los que admiraba y me sentía como un pollito al lado. Sólo después de la fotografía me atreví a decir lo que pensaba, empecé a quererme. Por eso les hago un homenaje tan grande a mis autorretratos. A través de ellos me constituí como ser humano, supe cuáles eran mis virtudes y defectos. La fotografía me dio un potencial tan grande que ahora siento que ya nada puede derribarme”.
El descubrimiento precipitó el fin de su matrimonio. “Me sentía tan disminuida, tan poco querida… Puede que hayan sido fantasías mías, fantasmas, pero en las rupturas matrimoniales siempre hay dos culpables y yo también aporté una gran cantidad de ingredientes. Si a lo mejor nos hubiésemos encontrado más adelante habríamos podido tener una mejor relación (reflexiona), pero yo no me había descubierto como ser humano y tampoco tenía muy claro mis límites, lo que te dificulta amar a otro más sanamente”.

—Luego vino su separación, muy expuesta, difícil, donde usted fue apuntada como la culpable de la ruptura.
—Siempre es necesario castigar a uno a pesar de que nunca se sabe todo lo que hubo detrás. Si yo hubiese tenido las herramientas habría podido salir más airosa, pero me equivoqué… Fui retratada como la mala, pero hay todo un proceso previo donde son dos los responsables. En mi caso, no supe resolver de forma adecuada mi relación de pareja, me confundí. Tengo el mayor respeto por todos los involucrados, pero a veces uno no sabe cómo salir adelante, cómo resolver ciertas situaciones y me arrepiento por el daño que le pude hacer a algunas personas. Uno aprende.

—Han pasado quince años y se nota que el tema aún le duele…

—Me frustra no haber podido manejar bien las cosas. Sientes que otra persona te está dando todo el amor que te hizo falta y eso te genera una ilusión enorme; y este cariño tan profundo, en un corazón que ha estado muy solo y debilitado, a veces te lleva a confundir los escenarios. Por supuesto que hoy resolvería todo de otra forma, pero no supe hacerlo.

A partir de ahí María Gracia inició, tal como en su fotografía, un período de contrastes, de claros pero sobre todo de oscuros. “Estuve muy triste… Después de la separación empecé a procesar todo lo que había vivido y fue doloroso. Por suerte tuve una terapia maravillosa que me sostuvo y me hizo crecer, entender, perdonarme. Pero lo que más me duele —insiste— es haber hecho sufrir a otras personas. No lo hice con intención, es sólo que no lo supe solucionar de otra manera”.
—¿Con los años no tuvo la posibilidad de conversar con esas personas?
—Sí, pero el daño ya estaba hecho y fue tan marcador… No queda otra que hacerte cargo, apechugar. Hay que seguir adelante y que las caídas sirvan de lección.

—¿Cómo la determinó esta historia en sus futuras relaciones de pareja?
—Por supuesto que es mucho más difícil, estás más protegida, porque un dolor tan grande y una caída tan fuerte, te sitúan en un espacio mucho más cauteloso, de más observación. Ya no quieres equivocarte, hacer daño, sino enmendar. Pero eso también te coarta y dejas pasar ciertas oportunidades sólo por temor y la sensación de que tal vez no mereces volver a enamorarte.

—Sin embargo, continuó la búsqueda.
—Es que nunca dejas de creer en el amor, una ilusión inherente al ser humano. Quieres enamorarte porque es una sensación muy rica. Y no me refiero sólo a sentir mariposas en el estómago, que es lo que pasa al principio, sino que entablar una relación de pareja, construir, compartir, tener una comunidad de destino donde toda tu historia, tu experiencia, lo que has hecho, cobra sentido. Pero el común de las personas no tiene esa suerte. Es casi una lotería.
Fueron años potentes, de mucha soledad, una oscuridad que contrastaba con un escenario de éxito, fama y flashes. “Tenía claro que lo único que debía hacer en ese minuto era trabajar; tenía que subsistir, hacerme un camino y fui tomando todas las oportunidades que fueron llegando. Así pude armarme un espacio en el que ya llevo más de 12 años trabajando como comunicadora. Es curioso (reflexiona), porque en lo laboral siempre supe lo que tenía que hacer, pero en el amor seguía dando tumbos”.

—¿En qué estaba su historia afectiva?

—Muy inestable. Después de un gran amor en la vida uno se demora muchos años en volver a mirar a alguien con esos mismos ojos. A mí me costó volver a abrir mi corazón.

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—Pero entretanto también tuvo algunas historias, como su relación de complicidad con Felipe Camiroaga.

—Fue un gran amigo, lo adoro, un precioso ser humano y tuve la suerte de conocerlo bien, de quererlo y de disfrutarlo. Me reí mucho con él. Además que lo encontraba brillante, con un sentido del humor que tiene muy poca gente. Y eso fue todo. Fuimos grandes amigos, pero nada más.

—También se enamoró de un inglés que iba a venir por usted a Chile, aunque la historia no resultó.
—Pero lo comido y lo bailado no me lo quita nadie (ríe). Si no prosperó, bueno, así es la vida.

—¿En algún momento pensó que podía quedarse sola?

—Lo que tampoco habría sido raro… Aunque siempre tuve ganas de ser feliz, y para mí la felicidad se encuentra con alguien que te acompañe, que te sostenga, alguien con quien reírte y pasar momentos ricos.

—Hasta que conoció a una persona muy especial de la cual se enamoró…

—He tenido muchas experiencias en la vida después de mi separación, con personas muy diversas, he creído y soy una ferviente creyente que uno se enamora de los seres humanos, no importa el género.

—¿Fue una mujer?
—No voy a hablar de eso. Sólo puedo decir que me enamoré de una persona maravillosa que nunca pensé que me fuera a enamorar y que me acompañó durante casi cuatro años. Nunca creí que se fuera a establecer una relación tan bonita. Muchas veces uno tiene ciertos prejuicios, de que estás buscando una cosa u otra, pero hay veces en que la vida te sorprende y te hace regalos inesperados que pueden ser fundamentales en tu vida.

—¿Se defendió o fue algo que fluyó naturalmente?
—Cuando uno se enamora no hay nada que pueda detenerlo. Por más que tengas contradicciones o temores, cuando crees en lo que sientes, entonces te aventuras. No todo el mundo se atreve, pero yo he sido valiente de vivir lo que he sentido y no tengo que dar explicaciones a nadie por eso. El amor es algo tan personal, tan privado, que de quien yo me enamore solamente me concierne a mí y lo que la gente quiera decir me da lo mismo. A lo mejor a los 20 me habría importado, pero hoy, a los 43, hace rato que dejó de afectarme.

—¿Tampoco en ese momento?

—Nunca. Mientras no digan que soy una delincuente o una ladrona. Pero si hablan de mí porque me enamoré de una cierta persona, o porque me desnudé o me equivoqué y terminé mi matrimonio de una manera que no fue la mejor, no tengo por qué dar explicaciones, sólo a los que están involucrados y nada más. No le estoy haciendo daño a nadie. La gente no tiene ni un derecho a meterse en la vida de los otros, ningún derecho a opinar sobre quién uno ama. Nunca nadie sabe realmente lo que hay en esos otros corazones, en esas otras historias. Hay que ser muy cuidadoso y tener suficiente respeto antes de aventurarse a comentar la vida de nadie.

—¿Cómo manejó esta relación de pareja a nivel social, familiar?
—Fui así (extiende la palma de su mano), esto es lo que hay y al que le guste bien y al que no, no.Wp-mARIA-450-3

—¿Tiene que ver con aperturas mentales también?
—Y con aprendizajes, con educación, con temores, porque nos han educado de cierta forma y la gente se rige mucho por lo aprendido y escucha poco a su corazón. Me rebelo contra las estructuras, contra las enseñanzas preestablecidas. El amor es libre. Uno puede elegir de quién se enamora. Mi máxima rebelión en la vida tiene que ver con estar en contra de las estructuras, del deber ser, con lo que nos han enseñado e inculcado desde que nacemos, de que la vida es de cierta forma y debes caminar por esta vereda y no por otra, pensar así y no asá. Una vez dije en la radio que si muero mi epitafio sea: confieso que he gozado. Porque no he dejado nada sin vivir. He oído mi sentir. ¿Cuánta gente reprime lo que siente, lo que desea, por temor a lo que vaya a decir el resto? De lo único que me siento orgullosa es de haber sido libre y haber inculcado en mis hijos también esa libertad, y tengo a los dos hijos más maravillosos del planeta.

—A pesar de que ellos han tenido a una madre muy poco convencional.
—Lo que comprueba que uno no tiene que ser la mamá típica para que tus hijos sean grandes personas. Con esto no estoy diciendo que yo sea fantástica, ¡son ellos los increíbles! Sanos, exquisitos, orgullosos de lo que hago. La Augusta (que este año entra a estudiar Medicina) ahora está en Haití, poniendo inyecciones a los enfermos, curando heridas, trabajando con niños con Sida, cuidando huérfanos.

Y en el acto reconoce:
—Sí, he sido una mamá muy atípica, pero en la mesa de mi casa se hablan todos los temas, no hay asuntos prohibidos. He sido un libro abierto con ellos y les he explicado qué ha significado cada momento de mi vida y por qué he actuado como lo he hecho, por qué se han ido desarrollando esas historias en mi vida. Creo profundamente en la honestidad y en la libertad de acción, por eso soy una defensora de todos los derechos que tengan que ver con las libertades individuales, porque nos han castrado, estamos inmersos en una sociedad tan estrecha de mente. Mira la UDI o todo lo que está pasando dentro de RN, es como estar viviendo en la Edad Media. O sea, no tener AVP, no tener matrimonio igualitario, que no exista una ley de aborto. Yo amo a los niños, a las guaguas, pero no se puede penalizar el aborto, es tapar el sol con un dedo. Hay tantas cosas que están tan mal concebidas, partiendo con de quien uno se enamora. ¡por qué!, ¡hasta cuándo! Porqué los padres tienen que inculcarles a sus hijos de chicos que tienen que enamorarse de una niñita, ¿y si se enamora de un niño? Imagínate el conflicto para ese pobre. Uno tiene que enamorarse de quién siente, y así he educado a mis hijos, que son libres de expresar su amor y que nadie puede decidir por ellos. Cuando uno se siente enamorados de una persona, ¿por qué lo van a reprimir? Si el amor es algo bueno.

—Aunque muchas veces la sociedad censura, castiga.
—Entonces que cambie la sociedad. Uno no tiene por qué esconderse.

—Hay mujeres que pueden perder a sus hijos por tener una opción sexual diferente. Arriesgan un costo muy alto.

—Pero eso va a acabar y las mujeres y los hombres homosexuales van a tener libertades plenas, tal como hoy las tienen los heterosexuales: ambos debieran acceder a los mismos derechos y deberes. Pero tengo confianza en que este país está cambiando a pasos agigantados y que el solo hecho de que el pueblo se manifieste está generando movimientos más profundos. Mira lo que está pasando con la educación. En todos los aspectos la gente se está manifestando, exigiendo. Debemos aunar fuerzas para que cada uno sea feliz como lo siente. Mientras no le hagas daño a nadie, tienes derecho a hacer lo que quieras. ¿Cuántos errores se han cometido por temor, por falta de libertad, por miedo a ser condenado socialmente? ¿Y qué pasa si te condenan, no te van a invitar a esa comida? ¡Yo no quiero ir a esa comida!, no quiero ver a esa gente, no me interesa. La gente que yo frecuento se preocupa de otras cosas; tienen pasiones, ideales, viven la vida según lo que sienten y no según lo que hacen los demás.

Hoy María Gracia lleva nueve meses con el arquitecto Marcial Cortés -Monroy, con quien eran amigos de hace tiempo. “Después de un rato sola, estoy feliz. Viviendo una relación exquisita, tranquila, plácida, construyendo. Uno siempre quiere vivir en pareja y yo nunca perdí la ilusión”.

—Con Marcial se conocían hace tiempo.

—Sí, montones de años. Pero en el amor tiene que existir sincronía y justo coincidió con que los dos estábamos solteros.

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—¿Antes se había fijado en él?

—Siempre me pareció muy atractivo pero no me pescaba; cada uno estaba haciendo su vida, con otras parejas. Hasta que nos encontramos los dos solteros y nos miramos de una manera distinta. Ahora estoy feliz, entregada al momento.

—¿Cómo es el amor hoy, después de todo lo que ha vivido?

—Mucho más templado, calmo; ya no hay grandes euforias ni inseguridades; sabes perfectamente quién eres, cuáles son tus limitaciones y virtudes. Esto es lo que hay y por lo mismo es mucho más rico, vas disfrutando del camino. No hay ansiedad. Ya fuiste mamá, formaste un matrimonio, y ahora los dos están para acompañarse, pasarlo bien, darse amor, disfrutar la vida y es exquisito.

—Aunque también hay miedo a sufrir, a dejarse acompañar porque se es más autónomo…

—Estás más protegida, pero cuando la otra persona es honesta y abre su corazón, tú también lo haces. Tienes más claros tus límites, las cosas se dicen, no hay pasadas de cuenta. El amor es lejos mejor a esta edad. Puedes construir desde un espacio muy rico; no dependes de nadie para vivir y hay más libertad. Se ven cuando realmente quieren encontrarse y no por obligación. Pueden pasar muchos días juntos, salir de viaje, pero es rico tener un espacio donde puedas optar por tu soledad, donde puedas leer, cruzarte en tu cama si quieres. Y eso no se contradice con el amor, al contrario, lo engrandece.

—Debe haber sido un regalo encontrarse un hombre que no le tiene miedo.

—No soy una mujer fácil de querer; he sido tan libre, he hecho lo que se me ha dado la gana, he amado a las personas que he querido, con todo lo que eso conlleva: que a veces hablen de mí o que me teman. Por eso me parece tan valiente y bonito que haya alguien a quien yo le guste y que haya querido seducirme, quererme. Me genera una emoción profunda. Hubo momentos en que pensé que iba a ser difícil que alguien se atreviera a estar conmigo.

—¿Se terminaron los miedos?

—¿Qué saco con tener temor si me puedo morir mañana? La vida es así. Hoy me siento feliz, todos los costos, sufrimientos y dificultades de la vida han dado muchos frutos, y estoy en paz con mi pasado, con mis errores, he pedido perdón y estoy dispuesta a lo que venga, con los brazos abiertos. Me siento bien parada en la tierra