Recientemente se desarrolló la 39ª Muestra Internacional de Artesanía Tradicional UC, la feria más grande del país en este rubro, organizada por la Pontificia Universidad Católica de Chile en conjunto con la Municipalidad de Vitacura y patrocinada por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. Donde se exhibieron las obras únicas de 100 artistas nacionales y más de una treintena de artesanos extranjeros. El invitado especial de este año fue Ecuador.

La muestra busca ser un aporte cultural a la comunidad, manteniendo vivas las tradiciones artesanales del país y de Latinoamérica. Destacar la importancia de los artesanos, quienes son los verdaderos protagonistas de esta fiesta de creación y tradiciones, resaltando el significado patrimonial que tienen  y el valor que poseen como personas conocedoras de un oficio con identidad local más que en los objetos

“Durante las casi cuatro décadas, el trabajo de la Universidad Católica con esta Feria, ha estado orientado a favorecer la prolongación de las distintas técnicas patrimoniales que hoy más que nunca están en peligro de desaparecer, si es que no las entendemos como “Patrimonio Cultural Inmaterial” es decir, como el resultado del entorno, de la naturaleza, de la historia y las influencias culturales diversas, a las que las comunidades que las producen están expuestas”, comenta Celina Rodríguez, Directora del Programa de Artesanía de la Pontificia Universidad Católica.

“En el caso del tejido Aymara , que proviene de una tradición de siglos enraizada en la cultura panandina y que ha tenido como principal artífice a las mujeres. Las niñas aprenden desde pequeñas las técnicas del hilado, el teñido y el complejo tejido a telar. Prácticas que se van sumando y perfeccionando a lo largo de la vida de la tejedora y son el centro de la principal expresión visual en los Andes” prosigue Rodríguez.

Los textiles son equivalentes a textos que han exigido el desarrollo de una amplia variedad y modos complejos de tejidos para resolver sus representaciones, los que junto a las terminaciones de cada pieza textil dan cuenta de un relevante esfuerzo por transmitir con solvencia técnica los diversos mensajes.

En la actualidad la producción de cada una de estas piezas tradicionales, cada vez son más escasas debido a que la producción se enfoca en prendas que son altamente rentables versus la cantidad de tiempo destinado y los costos asociados en cada uno de los materiales utilizados. Por tanto, el tejido tradicional queda relegado por su escaso valor comercial en desmedro de chales, ruanas y bufandas de alpaca que se comercializan ampliamente en el país y en el extranjero, siendo utilizadas como complemento de vestir por mujeres urbanas.
En vez de realizar las antiguas  prendas de vestir como el asku o anako (prenda femenina que se usa a modo de vestido) awayu o llijillas (telas en las que las mujeres cargan a sus hijos en la espalda), fajas,  ponchos y otras relacionadas al trabajo en el campo, en las tareas domésticas, costales y sogas.

En medio de la conversación con Cecilia, ella entra en un terreno que considero cierto, “si bien somos testigos de un traspaso netamente comercial y “material” a otras esferas de la sociedad, también vemos con tristeza como se está perdiendo la continuidad del conocimiento de esta técnica milenaria, es decir, una verdadera “pérdida del patrimonio cultural inmaterial” debido al escaso valor que le asigna la población al trabajo del artesano”.

Así como es el caso de la textilería Aymara, también hay que tomar conciencia y medidas sobre la inminente  pérdida patrimonial de una gran cantidad de oficios y expresiones de  nuestra tierra. Como el bordado  “ingenuo”, cerámica en greda y la creación de figuras típicas, réplicas de carretas o de artículos del campo, incluso de piezas claves de vestimentas típicas como chupallas, chamantos, etc.

Una gran experiencia acompañada de un potente mensaje.

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