“Una mesa preciosa se puede armar en cualquier minuto, pero esto es mucho más”, aclara de entrada Jacqueline Domeyko, mientras termina de acomodar, con máximo cuidado, cada uno de los elementos de la línea El arte de la mesa. Son dos espacios; uno reservado para los artículos de plata que representan a la Luna y otro sólo con elementos de cobre que honran al Sol.

“Llevar este relato ancestral a la mesa a través de objetos grabados con la simbología mapuche convierte cualquier reunión en un verdadero rito”, afirma, entusiasmada y agrega: “Sé positivamente el impacto que generan estos diseños y el tipo de conversaciones que producen. Son diálogos de alto vuelo, con identidad y orgullo, donde el relato ancestral se impone naturalmente. Muchos lo ven como una oportunidad de reivindicarnos como chilenos y mestizos”.

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La línea El arte de la mesa de la colección Lágrimas de Luna incluye desde servilleteros y platos bases hasta piezas para el pan, posavasos, copas y hieleras. Todos, grabados con símbolos atávicos de la naturaleza y el universo. Los diseños se relacionan directamente con el mito andino que afirma que las lágrimas de la Luna se convierten en plata mientras el llanto del Sol se transforma en oro.

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“Como el Sol de Chile es el cobre y aprovechando que tiene tantos elementos beneficiosos para la salud, nos decidimos a usarlo y los resultados han sido fantásticos”, cuenta la diseñadora, curadora e investigadora de la cultura mapuche, que trabaja directamente con comunidades del sur que cultivan este oficio desde hace generaciones. Con cada compra, Domeyko activa una “rueda mágica” que da trabajo a orfebres y artesanos que en otras condiciones deberían moverse desde su lugar de origen en busca de nuevos horizontes.

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“Nuestro desafío es el mismo de hace 20 años cuando partimos. Queremos darle valor al relato ancestral de Chile. En un mundo tan globalizado, la riqueza de tu identidad adquiere mayor relevancia. Para eso, comprender y valorar nuestro patrimonio es fundamental”, dice Domeyko, mientras motiva a potenciales coleccionistas. “Hay gente que parte comprando lo mínimo y después se entusiasma con el cuento de los significados. Hay un encantamiento con la historia de cómo se fabrican las piezas y el valor histórico invaluable que tienen. Entonces, muchos entienden que se están llevando una obra de colección que pueden heredar a sus hijos”.