“¿Trabaja de nieto?”. Era una de las preguntas sarcásticas más frecuentes ante el arribo de Michael Avedon (24) como invitado estelar en el lanzamiento de la edición chilena de Harper’s Bazaar. Pero este descendiente de Richard Avedon (1923-2004), uno de los fotógrafos más importantes de la industria de la moda y emblemático nombre de la publicación, tiene una intensa historia propia desde que se lanzó a tomar la cámara por sí solo y patentar su ‘ojo’.

Su apellido llamó la atención, pero también sus resultados en papel. Pronto grandes figuras del arte y humanidades posaron para él, trabajos a los que sumó editoriales fashion.

—Y te invitaron para tomar una de las portadas más comentadas de 2014.

—¡Sí! Bazaar me llamó en junio pasado para que retratara a Emma Ferrer, la nieta de Audrey Hepburn. La idea era repetir algunas imágenes que hicieron nuestros abuelos en los ’50. Mientras que con la edición de Chile partimos los contactos para el proyecto de ‘primera foto’ de tapa hace más de tres meses.

—Y acerca de la portada con Emma, ¿te asustó el desafío y las comparaciones?

—Nunca me he puesto al nivel o a compararme con mi abuelo. Soy su máximo admirador. Mi inclinación por la cámara fue natural, ya que me encanta lo que envuelve al ser humano. Así que mi vocación se dio sin ser forzada.

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—Sí llama la atención que estudiaras formalmente fotografía. Sería obvio que alguien en tu posición familiar y social se saltara ese proceso y ascendiera.

—Tuve la suerte de entrar a un programa académico muy bueno en la School of Visual Arts de Nueva York. De ahí fui al International Center of Photography. Esa etapa la viví como un camino de dos sentidos: ellos no pueden imponerte una visión, pero sí nutrir la que tienes. Realmente eres un fotógrafo cuando sales con tu cámara y descubres lo que te estimula. Otra ventaja de estar en una escuela es el acceso que tienes a equipos y a la instrucción técnica.

—¿Y qué pasaba cuando tomaban lista y decían “Mr Avedon”?

—(Sonríe, pero refleja que no fue divertido ser blanco de comentarios entre compañeros) Primera vez que me lo plantean de esa forma… Pero sí, cuando decían mi nombre sentía esa vibra sarcástica y los celos. Pero no soy mi abuelo. Me considero otra persona con una legítima pasión por la fotografía.

—¿Pero, al igual que él, también tienes un gusto por el retrato?

—Se debe a una inclinación por captar al espíritu humano. Como también me mueve escuchar a los Rolling Stones y leer compulsivamente a Balzac.

¿Cuál de sus libros?

—He leído muchos, pero me encanta revisar Las ilusiones perdidas. Mi favorito.

Al contrario de Lucien, el protagonista de la obra clásica, este neoyorquino todavía no pasa por la desilusión. De hecho, a diferencia de esa ficción literaria, ha tenido acceso privilegiado a personajes de primera línea: James Ivory, Lady Gaga, Salman Rushdie, Mikhail Baryshnikov y Francesco Clemente, entre muchos otros.

“Desde muy joven vi en las fotos la puerta para sentir cercano a estos personajes que admiraba. He podido captarlos en mi estudio, en busca de esa esencia que los hace tan particulares. Y la cámara es un gran instrumento para eso”.

—Te encanta trabajar con película (rollo), pero también eres fan de Instagram. ¿Cómo ves la tecnología en tu actividad?

—Mi cuenta (@michaelavedonphography) tiene mi trabajo, no están las  fotos de mi celular. Pero es una plataforma fantástica. Me imagino que Andy Warhol le habría encantado hacer cosas con Instagram, donde se puede manipular en dos minutos color, luz y brillo para que la imagen parezca un sueño. Yo siento gran comodidad con mi Rolleiflex. Pero no hay reglas en cuanto al ‘instrumento’.  

—Eres un joven Avedon que también le ha tocado trabajar con nuevas generaciones de dinastías célebres: Emma Ferrer, Lottie Moss, North West, Rummer Willis, Kylie Kardashian. ¿Te sientes parte de un grupo de Millennials que ya deja huella?

—Habría que poner eso en manos del destino. No me gustaría ‘objetivarme’ en una palabra. Sé que somos hijos de las redes sociales y todo eso, pero todavía no podría categorizarnos. Sí puedo decir que trabajar con todas esas chicas famosas ha sido emocionante. Han sido grandes colaboradoras, ya que mi estilo es entregarles historias para que se inspiren. Somos una nueva generación, pero fotografío a cualquier persona: desde una modelo a un malvado dictador.

—¿Y quieres salir de aventura?

—Sí, ahora más que nunca. Pero tiendo a ser más de trabajo en estudio.

—Como tu abuelo: Retratos y estudio.

—¡Lo sé! Pero se da naturalmente, porque no me mueven los árboles o plantas. Y en ese camino el gran retrato que he realizado es el de mi abuela Elizabeth.

—También vi una foto de tu madre, Maura Moynihan. Inquietante. ¿Esa imagen habla de ella o de ti?

—Muestra algo en el medio… Refleja, obviamente, algo de mí.

Pronto esquiva el tema de su mamá  —quien lo dejó criándose con sus padres en NY–. En esa foto está dividida casi a la perfección por una sombra que cubre la mitad de su cara. Avedon prefiere hablar de su adorada abuela materna.

Otra figura protectora es la ex editora de Vogue Paris Carine Roitfeld, quien tras su ruda salida de esa revista lanzó uno de los fashion books más esperados de la industria: CR. Ella tiene a Michael Avedon como una apuesta personal: le dio la exclusiva de la primera sesión de moda de North West (hija de Kim Kardashian y Kanye West), además, de otros encargos.    

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—¿Es muy especial que tu relación con Roitfeld replique la historia de tu abuelo con Diana Vreeland (legendaria editora que lo adoptó en Bazaar y se lo llevó a Vogue)?

—Llevo trabajando con Carine cerca de cuatro años. Y me siento orgulloso de que en la última edición de CR creció el número de páginas con mi crédito. Como relación laboral hemos evolucionado y he crecido como fotógrafo. Ella ha puesto toda su fe en mi trabajo.

—¿Y cómo ha crecido?

—Me designó para fotografiar a Lady Gaga, Lara Stone y muchas otras figuras importantes. Pero también permite que me lance a mis propios instintos. Ha creído en mí y le estaré por siempre agradecido.

—¿Cómo es su método?

—Te empuja. Es honesta. No te halaga, y debe ser así para alguien que se inicia como yo. Mujeres como Carine son de un tipo especial: Es una lección verla trabajar, ya que lleva décadas en la industria de la moda y se entrega como si fuera una joven de 24 años.

—¿La tienes en el chat WhatsApp?

—(Se ríe mientras trato de espiar un mensaje en su celular). Me escribió hace poco porque estamos trabajando en un proyecto. Pero no me permite desclasificarlo.

En ese momento cambia su cara a la de un niño con un gran secreto. Abre los ojos, los mismos que usa para captar el mundo con su cámara, y ya no es el ‘nieto Avedon’. Es el regalón de una poderosa Roitfeld. Y para mantenerse ahí no hay oportunidad para una foto mala.