El Cirque du Soleil no deja de sorprender. Es la sexta vez que vienen a Chile pero siguen innovando en cada detalle y maravillando al público como si fuera la primera vez. Nos recibe en Ciudad Empresarial la imponente e icónica carpa de líneas azules y amarillas, pero que para Kooza ―y como nunca antes― la rodean en espiral. “Cada vez que creamos un nuevo show intentamos innovar no sólo sobre el escenario, también en la instalación y la infraestructura”, asegura a CARAS.cl el manager general del show, Patrick Flynn.

El irlandés habla en un perfecto castellano, pero su mezcla de pronunciaciones españolas y argentinas son el claro ejemplo de la esencia de la compañía: una gran familia internacional. Miramos en detalle, es posible contar más de 20 banderas de distintos países que se elevan sobre la carpa para representar la procedencia de cada artista.

Nos instalamos a ver el ensayo general, que de ensayo no tiene nada. Pura perfección. Una presentación de primer nivel que siempre tiene por público a niños, adolescentes y familias de las fundaciones Belén Educa, Techo y Funda Amor.

Toda gira de este circo cuenta una historia, y esta vez la trama es un viaje. En Kooza hay un regreso al pasado y a la tradición circense. “Es un tributo. Volvemos a las raíces, a lo esencial del circo: personas haciendo cosas extraordinarias. A diferencia de Corteo, por ejemplo, que tenía 30 motores que movían cosas, aquí hay sólo dos. Todo el resto es esfuerzo humano y eso se comunica al público y ellos responden, ya que recuerdan al circo de su infancia, al que veían cuando eran niños”, explica Flynn.
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El camino lo recorren juntos el Trickster, creador de Kooza, e Inocente, un melancólico e ingenuo personaje que parece ser un niño perdido, y que descubre este nuevo mundo. Durante el recorrido se encuentran con graciosos personajes como el rey y sus bufones, que son sin duda los favoritos de los asistentes. En cada una de sus apariciones fueron pocos los que aguantaron las carcajadas, incluso antes de que comenzara el espectáculo. Los artistas interrumpieron mientras la gente se acomodaba en sus asientos saludándolos, bromeando con ellos e incluso, tirándoles cabritas. Algunos afortunados pudieron hasta subir al escenario y con un tutú seguir los pasos de una bailarina de ballet.

La interacción entre los payasos y los espectadores es una tradición de todos los shows que han pasado por Chile (Saltimbanco, Quidam, Varekai, Alegría y Corteo), pero en Kooza es algo único. “El creador del espectáculo, David Shiner, es un payaso y un director de payasos, y por eso quiso integrarlos en el espectáculo de manera mucho más completa de lo que ya hemos hecho en otras ocasiones. Hay un grupo de bufones que nos acompañan entre número y número, alegrándonos después de la emoción experimentada y contándonos la historia. La comedia aquí es muy bonita y universal. Funciona en Chile, Europa, Australia, donde sea”, cuenta el manager.

Y si bien fueron ellos quienes se robaron las miradas, los protagonistas que hacen juntos este viaje por la tradición circense también fascinaron al público. En los 15 minutos de intermedio, no fue raro escuchar que la elegancia del Trickster era “genial y muy bien lograda”, o que Inocente causaba mucha ternura porque “de verdad parecía perdido”.

Una presentación alegre y colorida, en la que la música en vivo, por supuesto, también ayudó. Canciones que el público siguió palmeando y que en algunos momentos llenó el escenario, sin la necesidad de ser acompañada por alguien más en escena. Marcó el ritmo en todo momento, pasando del entusiasmo a la tensión. Era cosa de estar atento a cada compás para darse cuenta que algo especial venía… los números acrobáticos. Las contorsiones y saltos mortales iban de la mano con pequeños gritos ahogados del público, que dejaron de disimularse en el momento de la cuerda floja.

Los focos apuntaban a los artistas al final de cada acto y la gente se tomaba un par de minutos para dejar de aplaudir y gritar. Y la ovación final, que puso de pie a todos quienes estaban en la carpa, fue el adelanto de todas las emociones que se vivirán hasta el 31 de julio en la Ciudad Empresarial, en el último país sudamericano que visitará la compañía antes de partir a Australia.