“Siempre he trabajado con libretas, me fascinan. Desde chico tenía croqueras de dibujo en el colegio y después aprendí a encuadernar mis propias libretas, me fui poniendo más exigente con el papel y los lápices. Soy un obsesivo del registro”, explica Juan José Richards sobre el último resultado de esta obsesión: la exposición en la Galería NAC  -que se realizará entre el 31 de mayo y el 21 de junio-, donde explora los bordes entre escritura y visualidad a través de cuadernos que más bien parecen obras de arte y que de hecho se exhiben como tales.

Todo en torno a una de las obras que él considera más raras de José Donoso, El lugar sin límites, que acaba de cumplir 50 años desde su publicación.

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“Escribo, anoto y dibujo todos los días. No importa si es la idea del un proyecto o la lista del supermercado. Tengo unas 50 libretas repartidas entre mi casa y librerías especializadas: bitácoras de viaje, diarios de vida, libretas de apuntes, agendas, cuadernos de nota… A veces vuelvo a leer apuntes que tomé hace años y aparecen cosas olvidadas, ahí me doy cuenta que es un tremendo ejercicio de memoria”, cuenta este hombre, tan complejo de definir como sus libretas: escritor, periodista y diseñador gráfico, facetas que combina de forma alquímica y que dan como resultado una obra tan precisa y al mismo tiempo indefinible.

“Al principio me daba vergüenza mostrar mis libretas porque las consideraba muy íntimas. Uno está volcado con toda su vulnerabilidad en un diario de vida. Fue el curador y crítico español Juan José Santos quien me convenció de participar en una exposición colectiva de cuadernos en la que artistas como Lautaro Veloso, Rodrigo Arteaga y Joaquin Cociña iban a mostrar los suyos. Con esa muestra –en que los cuadernos se tenían que “ver” con guantes–, entendí que había un valor en exhibir lo que hacía”, cuenta.

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Porque es un hecho que los cuadernos generan interés y Richards reconoce que siempre le atrajo ver manuscritos de escritores y diarios de artistas justamente porque hay un acceso a su lado privado. Así, sus cuadernos fueron apareciendo de a poco en publicaciones chilenas e internacionales, hasta que el 2011 fueron destacados por Moleskine y ese el mismo año comenzó a realizar libretas para la Brooklyn Art Library, una biblioteca en Nueva York especializada en cuadernos de artistas.

Hoy, varias de esas  piezas son parte de la colección permanente del lugar. En tanto que el 2015 presentó su trabajo en la New York Art Book Fair, en el MoMA PS1 y el 2016 en la Feria IMPRESIONANTE, en el Museo de Arte Contemporáneo de Santiago. Y espero seguir mostrando lo que hago en muchos lugares más.

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Ahora, cumplidos ya  50 años de la publicación de El lugar sin límites, una de las novelas más extrañas —y analizadas—  de José Donoso, Juan José Richards exhibe su registro de lectura en un cuaderno LEUCHTTURM1917. En esas páginas anotó las expectativas que tenía del libro, cómo fue conseguir un ejemplar, los apuntes de cada capítulo que leía y las relaciones que fueron surgiendo.
Utiliza la caligrafía manuscrita para crear figuras y cuerpos de texto que se instalan en las páginas de sus cuadernos como verdaderos tensores entre el plano textual y el formal. Así, en sus diarios, cuadernos y libretas simultáneamente se lee y se observa un relato que es narrativo y visual.

A través de una escritura caligráfica que guiña a los caligramas propios de las primeras vanguardias del siglo XX popularizados en Chile por Vicente Huidobro, Juan José Richards pone en página la idea de límite: esa línea a veces imaginaria que señala donde termina algo y comienza otra cosa. Mapas, recortes, calendarios, ilustraciones, textos, fotocopias y manuscritos generan un relato del desplazamientos los límites entre escritura y visualidad.

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La exposición Otro lugar sin límites reúne 30 páginas (de un total de 80 que constituyeron el diario) de 21 x 26 cms, pensadas para ser miradas y leídas. Detrás de la figura de Donoso, surge la de la Manuela, el personaje principal del libro: el travesti del pueblo que encarna la representación de la otredad. Las páginas del diario de Juan José Richards recogen la experiencia de la lectura de una novela que se pregunta por los difusos bordes entre los géneros.