Dicen que es el mejor artista en vidrio soplado, según los especialistas. Lo llaman incluso el sucesor de Louis Comfort Tiffany, el gran maestro del art nouveau. Sus obras, que están repartidas por todo el mundo, son únicas en este campo y algunas alcanzan tales dimensiones, que son consideradas esculturas o trabajos tridimensionales a gran escala.

Una fiel muestra es la imponente figura de cristal que cuelga del techo del clásico Hotel Bellagio en Las Vegas; una instalación abstracta de colores intensos y formas que por su gran tamaño, crea un mundo caleidoscópico de luz y color que impresiona a sus visitantes. Autor de obras impactantes como Chihuly sobre Venecia, otra de sus piezas más llamativas es el Lime Green Icicle, una torre arborescente de 16 metros de altura, que pesa casi cinco kilos y formada por casi 2.500 piezas de cristal.

Nacido en Tacoma (Washington), este licenciado en diseño de Interiores y con varios master en vidrio soplado, consiguió —tras recibir la beca Fulbright— ser el primer soplador de vidrio norteamericano en trabajar en la prestigiosa Fábrica Venini en la isla de Murano. Fue allí donde aprendió que colaborar en equipo y que la actuación en sincronía de varias personas al igual que una orquesta de música, es fundamental para su técnica; sobre todo para lograr un arte a gran escala que caracteriza gran parte de su obra. Más tarde, junto a otros artistas, fundó la influyente escuela de Pilchuck y dirigió y coordinó el soplado de vidrio en candelabros en fábricas de Finlandia, Irlanda y México y después los colgó en Italia.

Según el propio Dale Chihuly ha confesado, la gran inspiración de sus obras ha sido el jardín de su madre en su Tacoma natal, quizá por la fascinación que sentía desde niño por las formas abstractas que ofrecen la naturaleza, los jardines o el océano y sus criaturas, las que junto al color y movimiento son una constante en sus instalaciones y obras de arte medioambientales.

“El jardín es un lugar de placer físico y espiritual que representa el mundo perfecto o el paraíso”, ha sostenido el artista, quien suele agregar neón y argón entre sus materiales.

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Su éxito ha sido tal que sus creaciones han cubierto techos enteros de casinos, hoteles y museos (Clínica Mayo, Rockefeller Center de NY, edificios en Dubai, aeropuerto de Amsterdam, hotel Ritz-Carlton de Singapur), aunque a la vez es capaz de hacer figuras del tamaño de una mano.

También ha intervenido numerosos parques transformándolos en verdaderos jardines de cristales, tales como el Conservatory Garfield Park (Chicago), Mille Fiori (en el Museo de Arte de Tacoma), donde sus piezas de vidrio se entrelazan con ramas y troncos de árboles vivos, se suspenden en el aire o flotan en el agua, logrando una perfecta mezcla y naturalidad con la flora, luz ambiental y arquitectura de estas áreas verdes. También ha dejado su sello en jardines botánicos como en el de Nueva York, en el Real Jardín Botánico de Kew (cerca de Londres), en el Pittsburgh Phipps, en el de Missouri y en el jardín botánico Garfield Park de Chicago, entre otros.

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Dos brutales accidentes amenazaron su exitosa carrera. En 1976, un accidente automovilístico le hizo perder su ojo izquierdo, que le impide tener sentido de la perspectiva y la profundidad. Tres años después, en 1979, practicando bodyboard se dislocó un hombro, que le inmovilizó el brazo y le impidió sostener y manejar la pesada pipa que se utiliza para soplar las piezas de vidrio ardiente. Pero lejos de detenerse, Chihuly reinventó su forma de trabajar y su propio rol. Desde entonces desarrolla el concepto de cada uno de sus proyectos con pintura y lona, y después emplea a un equipo de artistas para realizarlos.

“Esto me permitió ver mi obra desde otra perspectiva, la de supervisor o director”, dice el artista, quien suele ensamblar las piezas de su arte en The Boathouse, casa-estudio de dos mil 300 metros, ubicado junto al lago Unión, en Seattle.