El pequeño municipio portugués de 316 kilómetros cuadrados y apenas 377 mil habitantes vive días convulsionados. La inminente llegada de la máxima diva del pop a las montañas donde el Premio Nobel de Literatura José Saramago sentenció “todos los caminos conducen a Sintra”, inquieta a la comunidad.

Pese a recibir cientos de turistas, este enclave de la sierra lusa consiguió preservar ese espíritu bucólico que en el pasado llevó a las órdenes de monjes jerónimos a utilizarlo como un lugar de meditación y retiro. Sin embargo, las cosas podrían cambiar cuando la artista se instale definitivamente en la Quinta del Reloj, una de las estancias más características de la zona.

Aunque sus planes originales eran trasladarse junto a sus hijos a Lisboa, bastó con que uno de sus asesores inmobiliarios le hablara de esta residencia construida en el siglo XVIII y sus conexiones místicas, para que la intérprete de Like a Virgin decidiera ver con sus propios ojos la propiedad de 2,1 hectáreas. Poco le importó que el estado de conservación fuera deplorable y que el costo rondara los 7 millones de dólares. Tras caminarlo, la madre de Lourdes no tuvo dudas. Los 1.840 metros cuadrados de edificación rodeados de jardínes con lagunas y cascadas declarados Patrimonio de la Humanadidad por la Unesco, la convencieron.

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Levantada en el reinado de Pedro V, está a 30 kilómetros de Lisboa y tiene una de las mejores ubicaciones del municipio. Mira hacia dos joyas arquitectónicas de la zona: el Castillo de los Moros y el Palacio de Pena. Tiene una columna central con siete habitaciones, cinco baños, y tres salones. Además, cuenta con una casa de campo con habitaciones, baño, sala y cocina. El personal de servicio cuenta con su propia edificación.

Tras décadas de abandono, el lugar donde los futuros reyes de Portugal Carlos de Braganza y María Amélia de Orleans pasaron su luna de miel en 1886, necesita una remodelación. Parte de la ruta conocida como el Paisaje Cultural de Sintra mezcla estilos y diseños de las épocas más gloriosas de la monarquía europea. Sus torres subterráneas y símbolos masónicos le han valido historias cargadas de misticismo, lo que en definitiva habría terminado de convencer a la chica material.

Pero hay más. Basta caminar algunos kilómetros para encontrarse con uno de los rincones más paradisíacos de la costa luza. Se trata de Cabo de Roca, donde la sierra y el mar se funden en un feroz acantilado.