El pasado 22 de agosto abrió sus puertas Dismaland, uno de los proyectos más grandes y ambiciosos del artista británico Banksy hasta el momento. Se trata del “parque del desconcierto”, una parodia directa a los parques temáticos que abundan en ciudades como Orlando, en Estados Unidos, encabezado por el complejo de Walt Disney World que cubre alrededor de 120 kilómetros cuadrados –si consideramos además sus parques acuáticos, hoteles, canchas de golf, entre otras atracciones–, equivalente a la superficie total de la ciudad de San Francisco.

Dismaland fue planeado y construido en secreto, manteniéndose oculto hasta para los propios vecinos del proyecto ubicado en Weston-Super-Mare, Inglaterra, quienes fueron además los primeros privilegiados en visitar el parque durante su inauguración. El recinto reúne las últimas obras de Banksy, donde encontramos algunas pinturas en aerosol y nuevas piezas escultóricas, así como también el trabajo de alrededor de 60 artistas de distintos países –entre ellos Damien Hirst con “The Fragility of love” (2015) y “The Child’s Dream” (2008) y las miniaturas de Jimmy Cauty– invitados a colaborar en el proyecto.

Cada pieza se encuentra bajo la curatoría de Banksy, con el objetivo de enfatizar en esta crítica a la fantasía exacerbada que se somete constantemente al público que visita los clásicos parques temáticos a diario. La devaluación de la realidad mediante el exceso de múltiples estímulos y esa idea de estar “viviendo” un cuento de hadas, gracias a la adaptación de personajes y lugares de ficción a escala humana, son producto de la experiencia que abstrae finalmente al espectador, donde triunfa el principio del placer por sobre el principio de realidad, puesto en términos freudianos.

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Para ello, hasta el más mínimo detalle del parque es coherente al ambiente decadente que busca recrear el artista. Los clásicos cielos nublados de Inglaterra acentúan los grises del parque, los trabajadores lánguidos en constante performance, la esclavitud y el hacinamiento al que se someten los animales de espectáculo (representado en la orca que salta desde un inodoro a través de un arco) y la delgada línea entre lo privado y lo público (presente en la escena de los paparazzi fotografiando a Cenicienta muerta, segundos después de un accidente) son algunas de las temáticas abordadas.

Un escenario que difiere en su totalidad a los cielos soleados la mayoría del año en Florida, donde todo se encuentra en perfecto mantenimiento y funcionando, camuflando a su vez otros aspectos que no dejan de ser cuestionables, como los recorridos obligatorios de sus gift shops hacia la salida de cada atracción. La idea que oscila entre el placer, el gusto por la perfección maqueteada y los objetos/situaciones que lo producen son finalmente consecuencias de la sociedad de masas y el ritmo de consumo al que estamos habituados, nublando simultáneamente de la palestra aquellos otros temas –políticos y sociales– de relevancia mundial.

Hoy se retoma la venta de entradas online para Dismaland, luego del éxito y venta total de la primera tanda de tickets, que se encontraba disponible hasta el 7 de septiembre. Semanalmente se irán disponiendo de nuevas fechas para comprar hasta el 27 de septiembre, fin de la exhibición que culminará con la presentación de Massive Attack y las no exentas de polémicas Pussy Riot.

Desde el inicio de su carrera y sus pinturas con aerosol a comienzo de los noventa, la identidad Banksy (seudónimo adoptado por el artista) y sus datos biográficos han sido un misterio; algunos especulan con respecto a cómo luce, si se trata de un colectivo o si efectivamente las obras son de su autoría.

Ocultarse para transgredir la figura del artista y, en consecuencia, quebrar la certeza de la autoría son finalmente hechos coherentes que no se disocian con su obra y el mensaje político-social que busca transmitir a través de la ironía, donde emigrar de los circuitos tradicionales academicistas tiene como objetivo democratizar también el arte, hecho que ha tenido buena llegada al público. No por nada fue elegido el 2010 como una de las personas más influyentes por la revista Time.

Ciertamente, Banksy lo hizo otra vez.

> Revisa el video de Dismaland, de Bansky

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