Partiendo ya me siento desconectada de todo, la ropa que uso, el ritmo de llegar y partir, ducharse temprano en la mañana. Te bajas a comprar algo en pijama y nada importa. Tenemos alrededor de 15 días y veremos que pasará.

El viaje se inicia desde Santiago hasta Victoria, durante el camino todo brillaba, los campos, techos, árboles, el tren pasando por el lado, en fin todo auguraba un lindo viaje.

Una de las cualidades fantásticas que tiene andar con la casa a cuesta (camper), es que podemos parar a dormir donde queramos. La primera noche lo más fácil para dormir y partir temprano, fue una de las bombas de bencina del pueblo, mejor todavía si ésta no trabaja de noche. Empezó la hora de trabajo en el lugar y ahí partimos con rumbo a Curacautín.
En el trayecto se veía a un costado el volcán Llaima y al otro el Lonquimay. Con ese paisaje seguimos la ruta hacia nuestro último destino chileno antes de cruzar a Argentina.
Vimos el Salto del Indio, la bella cascada de 20 mts de altura, termas, el Salto de la Princesa, el pueblo Malacahuello, etc. Cruzamos el túnel Las Raíces, de 4.528 mts de largo, el que por mucho tiempo fue el más largo de Sudamérica.

Llegamos a Lonquimay, un lugar que me sonaba, porque hace algunos años fue tristemente conocido debido a la erupción del volcán del mismo nombre. Nos alojamos en “Agrocamping Las Raíces”, un lugar precioso, subiendo por la cordillera, muy simple pero con todo lo necesario (ducha, electricidad, lava plato y pan amasado recién hecho al desayuno) y con senderos que te llevan a una cascada preciosa y bañable, que obviamente aprovechamos.

En el pueblo antes de salir, nos encontramos con un señor en un carro que vendía leche fresca, me tomé un rico tazón de leche recién sacada de la vaca, cosa que no hacía desde mis tiempos de scout en el colegio.Esa mañana mi desayuno costó $300 ($100 el pan amasado y $200 el tazón de leche.

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Seguimos por la Reserva Nacional Alto Bio Bío, rodeados de Araucarias centenarias. Y cruzamos la frontera por el paso de Pino Hachado a 1.884 m de altitud. Partimos el recorrido en territorio argentino, todas las bombas de bencina que vimos en Zapala no funcionaban, ya que se les había acabado la bencina debido a la cantidad de turistas.
Tomamos la Ruta 40 (la que cruza el país de norte a sur), por un típico paisaje de pampa, donde se ve un horizonte plano, arenoso, con arbustos achaparrados, una belleza especial.
Antes de llegar a Junín de los Andes, nos metimos hacia el lago Paimún, pasando por el lago Huechulafquén, en el Parque Nacional Lanín, todo territorio Mapuche. (Curioso, la entrada al parque nacional vale más caro para los extranjeros que para los argentinos).
Un paisaje precioso, con el volcán Lanín majestuoso siempre presente a uno de los costados del camino.

Nos encontramos con una pequeña iglesia, que antes había sido una caballeriza. En su techo tenía la cruz romana y la ortodoxa. Resalta su altar y sus imágenes talladas. Donde se ven claramente María y José de rostros y vestimentas mapuches, a un lado animales que representan la fauna autóctona que existía antes de la llegada de los españoles (pumas, gatos guiña, la bandurria al medio porque es tierra de bandurrias, el pehuén y al otro extremo los animales que introdujeron éstos y que hoy son habituales de ver como el ciervo rojo, el jabalí y la oveja.Y un vitreaux que representaba los mounstros de la laguna.

Alojamos en el camping Piedra Mala a orillas del lago, donde habíamos quedado de juntarnos con unos amigos chilenos.
Conocimos a una familia de franceses, era una pareja joven del sur de Francia, que decidieron hacer una pausa en la vida con sus niños y con sus ahorros y que en vez de comprarse una casa y establecerse tradicionalmente, compraron un motor home y ya llevan viajando dos años por América.

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Después de un recorrido por el lago en el bote de uno de los chilenos, manejado por uno de los niños franceses , una rica fogata, buena conversa y rica comida de bife , chorizos a la parrilla y con la luna apareciendo detrás del volcán.

Al día siguiente el viento fuertísimo que había comenzado en la noche, no paraba, por lo que todos partimos rumbo a Junín de los Andes, a ver la fiesta de los Posteros (los gauchos que suben en las épocas de primavera verano a dejar ganado a la cordillera), que se estaba desarrollando en esos días. Puestos de artesanía, artículos de cuero, de montar, quesos, chorizos, salames, etc. Y en otro sector se realizaban las actividades con caballos.
De ahí algunos seguimos rumbo a San Martín de Los Andes. Nos estacionamos a dormir en un lugar fantástico, bajo los árboles, frente al lago Lacar.
Al despertar, lo primero que hice fue darme un rico baño en el lago.
Había leído en internet que una de las mejores vistas de la ciudad se podía ver del mirador Las Bandurrias, así que para allá partimos. Un lindo recorrido entre Coigues, Raulies y Arrayanes.  Por un lado se veía el gran lago y desde otro sector se veía la ciudad.
Seguimos por el camino recorriendo, hasta llegar a una playas preciosas, primero estaba La Islita y más allá Playa Bonita. Dejamos el camper estacionado arriba del cerro y bajamos por praderas de helechos; encajonadas en medio del bosque, con arena amarilla entre gallinas mapuches y caballos alrededor. Un lugar realmente lindo.
También conocimos en San Martin, el otro mirador El Arrayán, que queda hacia el otro sector de la ciudad. Caminar la calle principal es un entretenido y tentador panorama, lleno de tiendas, restoranes y ricos cafés. Busquen el pan con chocolate, es una delicia.

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Y seguimos nuestro recorrido por la ruta 40, hacia los 7 Lagos. Pasando por el Lago Meliquina, el Parque nacional Nahuel Huapi, cascadas, el Lago Falkner, lago Villarino, hasta llegar al lago Traful.
Todo el paisaje verdísimo, entre árboles, bosques no intervenidos por el hombre,lagos, aguas verdosas y turquezas, cerros y playas escondidas.
Mucha gente practicando la pesca y el treking. Lo precioso que tiene este trayecto, además del paisaje, es que acá los caminos no están cercados, o sea uno puede llegar a la orilla de cada uno de ellos. Son todos accesibles, no como en Chile.

Finalmente llegamos al lago Traful, donde nos quedamos en un camping en la Villa. El tiempo estaba buenísimo, sin una gota de viento, lo que nos hizo apreciar el lago como un espejo, donde el cielo, los árboles, nubes, todo se reflejaba en el agua.
Pude recorrer estas aguas transparentes sobre una tabla de stand-up paddle (sup), se veía su fondo de arena perfecto, algunas algas, algunos troncos y de tanto en tanto, algunos peces pasar.

Al ver este paisaje, era difícil de imaginar lo que nos contaba el dueño del camping, hijo de alemanes. Resulta que hace un tiempo atrás, en el camping con la erupción del cordón Caulle, toda esta zona quedó cubierta con una gruesa capa de ceniza volcánica, demoraron meses trabajando todo el día a pala para retirarla.

El recorrido hasta ahora ha sido muy bonito, me llamó la atención el cuidado que tiene la gente con su entorno, no he visto papeles, ni botellas, ni otros residuos en ninguno de los lugares. Algo que ojalá se replicara en nuestro país.

En definitiva, parajes vírgenes y dignos de postales. Un viaje único que les recomiendo hacer cuando puedan.

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