Empatizar con la obra de Elena Losón fue casi intuitivo. Acompañé a una amiga a buscar un dibujo de Elena que había mandado a enmarcar, muy cerca de su taller en pleno Bellavista. Encontrarme con su obra fue amor a primera vista y rápidamente se transformó en admiración.

Elena es una nómade por excelencia. Nació en Rosario, Argentina, donde vivió hasta los 12 años para luego continuar con su vida y sus estudios en Buenos Aires. Se formó paralelamente a su educación universitaria como la antigua camada de artistas lo hacían: asistiendo a los talleres de Tulio de Sagastizábal, Carolina Antoniadis y Tomás Fracchia, dedicándole varias horas semanales a resolver temas que no sólo tenían que ver con la representación de un objeto, sino también cómo hacerse cargo del espacio que lo envuelve, cómo representar ese vacío.

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Luego de terminar su Licenciatura en Arte en la Universidad de Palermo –que durante un largo tiempo complementó por gusto con estudios en Filosofía en la Universidad de Buenos Aires–, conoce a quien sería su esposo en un viaje a Barcelona, motivo que la traería a Chile, donde continuaría sus estudios haciendo el Magíster en Arte de la Pontificia Universidad Católica de Chile. En la actualidad Elena vive con un pie en Santiago y otro en Buenos Aires, gestionando en paralelo proyectos y su carrera en ambas ciudades.

Muchos cambios de casa, viajes y traslados se transformaron en excusa temática de su actual investigación artística, a través de la adaptación, intervención y rotación a la que somete constantemente a sus animalitos de plástico –dibujados múltiples veces en variadas posiciones. Un estudio que busca transformar la bidimensionalidad del papel y de su técnica en volumen, espacio, peso y materia con el objetivo de concientizar la acción que implica trasladarse.

¿Hacia dónde marchan sus figuritas? El intento por encontrar un rumbo se desvanece al intervenir el grafito como línea, masa, obstáculo, bruma y polvo, consecuencia del devenir. Materializar cada huella del proceso del dibujo y del desdibujo; la basura del borrador como rastro que permite a su vez traducir el tamaño de aquello que efectivamente existió, la costra de grafito lijado y la huella del paso de sus animalitos como la interpretación temporal. Cubrir un cuerpo plástico con cinta de papel y dibujar sobre él a modo de cicatriz, un cambio de piel.

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Nos demuestra que si bien la tarea de representar lo intangible –como el paso del tiempo o los vestigios de una consecuencia– no es tarea fácil, sí puede albergar como resultado una imagen lúdica que reside en lógicas de juego. “Si bien no todos lo notan, mi trabajo implica un proceso muy tedioso en cuanto al tiempo; hacer reiterativamente mil animalitos iguales, o el proceso del recorte, se traduce en muchas horas sentada en el taller (…). Tengo muy presente el tiempo asociado a la obra porque no es un tiempo que pase rápido… El goce del artista está en la idea y en el resultado lúdico final, mientras que el proceso –y el intervalo temporal que significa– lo atravieso con procedimientos casi mecánicos”, comenta.

El perderse como posibilidad de reconfiguración, el modo de relacionarse con otro, el extranjero mimetizándose con su nueva manada, la sensación de “hogar” que reside en las personas (más que en las cosas o los lugares), son ideas que oscilan constantemente en la mezcolanza de animalitos que marchan juntos en su obra. Finalmente, la noción de territorio se encuentra latente en la interminable hoja blanca y las infinitas posibilidades de habitarla o atravesarla, dibujar la línea, cubrir la superficie, estampar(se) o recortar(se).

Este 22 y 23 de agosto, Elena Losón estará presente con su stand en la segunda versión de Art Stgo. en el Centro Cultural Gabriela Mistral, vendiendo y exhibiendo obras de pequeño y gran formato. Además, para quienes se encuentren en Buenos Aires por estos meses, hasta el 4 de septiembre permanecerá abierta su muestra individual “Eres Polvo” en la Fundación Esteban Lisa.

Por estos días Elena se encuentra preparando material para un próximo taller abierto a realizarse a fines de septiembre en Santiago de la mano de Hache, galería que la representa en Buenos Aires. Además está produciendo una obra de pequeño formato que podrá encontrarse desde septiembre en la tienda STU Smiling to Unlock.

De modo palalelo, y hace poco más de tres años, se desempeña diseñando el material pedagógico en Nube, programa de arte y educación en conjunto con la Corporación de Educación de la Municipalidad de Las Condes, que tiene como objetivo extender las prácticas creativas a la educación integral de los niños, basándose netamente en la experiencia del taller y los artistas que lo guían.

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