Tuve la suerte de conocer a Luisa Rivera y aprender de ella mientras fue mi ayudante, a lo largo de mi primer curso de dibujo en la universidad y desde ese entonces que siento mucha admiración por ella. No sólo por su precioso trabajo –sumamente sensible y detallista–, sino también por su determinación y perseverancia que hoy traen consecuencias positivas en el éxito que está teniendo, tanto en nuestro país, como internacionalmente.

Luisa es una artista visual e ilustradora de 28 años que se encuentra radicada en Londres. Vive en el extranjero hace dos años y medio aproximadamente, luego de quedar aceptada y ganarse una beca Fulbright y un Fondart  para estudiar el Magíster en Artes Visuales, especializado en Ilustración, del Minneapolis College of Art and Design (MCAD) de Estados Unidos. Motivada principalmente por el proceso de búsqueda y exploración que implicaba abandonar su país, abrir sus horizontes y solidificar las bases creativas y conceptuales de su técnica, decidió emigrar para aprender desde una nueva perspectiva: “Antes de irme  ya estaba trabajando como ilustradora en Chile, pero una de las razones para ir a especializarme afuera era aprender de una visión más abierta de la disciplina. La escena nacional es muy activa, y hay muchas personas haciendo cosas geniales, pero mi interés era aprender la ilustración como una rama de las artes visuales, y por ende un área sólida y autónoma, así que Estados Unidos fue el lugar indicado para hacerlo”, comenta la artista.

Conoció el mundo de la ilustración mientras se encontraba terminando sus estudios universitarios y desde ese entonces, encontró en ella un sentido de pertenencia; un lugar donde podía mezclar su interés por lo figurativo y la cualidad narrativa que se desprende de la imagen. Así fue como sus primeros años fuera de la universidad se centraron netamente en trabajar largas horas en el taller, probando e investigando para generar un cuerpo de obra coherente que fuese honesto con respecto a su interés de liberar a la ilustración de su relación intrínseca con el diseño, para guiarla hacia fines artísticos.

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Esta honestidad se refleja en los recursos gráficos y soluciones visuales de Luisa Rivera que han ido mutando en los últimos años, donde destaca el desarrollo de un lenguaje sumamente personal plasmado en todo lo que toca. “Gracias al magíster que duró dos años, pude explorar mucho el contenido de mi trabajo y gracias a eso me siento mucho más conectada con lo que hago. (…) Me hizo más consciente de las temáticas que estaba utilizando, y eso tuvo un efecto expansivo, porque llevé mi trabajo a otros formatos, como cómic y street art, que no pensé que iba a trabajar antes”, cuenta al revisar su paso por el extranjero.

Resultado de esta ardua investigación –y mientras trabajaba paralelamente tanto en su obra, como para importantes clientes como The New York Times o Variety Magazine, entre otros– nació Wildium, el sitio que reúne los relatos visuales que construye, donde prima la imagen por sobre el diálogo. El origen temático de estas tiras surge de la necesidad de la artista por meditar sobre temas que le importan, a partir de nexos simbólicos sumamente sensibles: “Generalmente son cómics que no contienen muchas palabras, porque ese silencio tiene mucho que ver con el acto de contemplar. Quería generar una narrativa donde pudiera comunicar cómo percibo nuestra relación con la naturaleza o la relación que tenemos con nosotros mismos”, comenta frente a la creación de este nuevo espacio que actualiza periódicamente.

Definitivamente abandonar la zona de confort implica una movilización creativa y personal positiva, aunque todo proceso de cambio implica, también, un proceso de adaptación. Una vez transcurridos los dos años de sus estudios en Minneapolis, Luisa y su pareja emigraron nuevamente (esta vez por un postgrado de él) con destino a Londres, donde viven desde septiembre del año pasado. En este punto, la conversación se extiende.

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–¿Cómo te enfrentas al proceso de adaptación que implica durante este corto período (hasta el momento) vivir en el extranjero? Considerando que te ha tocado dos veces ya abandonar de cierta manera el hecho de “pertenencia” a un lugar, para llegar a otro donde todo es totalmente nuevo.

Por un lado, me encanta la aventura y el enfrentarme a lo desconocido, porque la creatividad tiene mucho de eso. Pero por otro lado también requiere energía, ya que en cada lugar, las cosas y las personas tienen su propio dinamismo, y uno se demora en descifrar eso. De a poco uno se va armando una rutina que te hace sentir más estable, te vas armando de relaciones que te hacen sentir más acompañado y sin darte cuenta, una parte de ti enraíza. Ahí empieza lo bueno.

–¿Cuáles son los mayores aprendizajes que has tenido dentro de estos años fuera?

El mayor aprendizaje es ser constante, disciplinado y trabajar muy duro por lo que amas. Además, generar una ética de trabajo porque con ello tu obra va a ser sólida, al mismo tiempo que no comprometer tu trabajo por conseguir algo más rápido o instantáneo. Personalmente, me importa hacer un trabajo que signifique algo, que comunique un contenido, y si es un camino más largo, no importa.

–¿Complementas tu trabajo de artista con algún trabajo part-time?

Ahora estoy en la ciudad más cara del mundo, así que si en algún momento tengo que mezclarlo con algo part-time, no tengo problemas. Así también lo hicieron figuras que admiro como Patti Smith, Philip Glass o Richard Serra. Lo importante es seguir creando.

–¿Cómo te visualizas en diez años? ¿Piensas volver?

Me visualizo trabajando intensamente. Eso es lo más importante para mí, y espero poder estar creando incluso más que hoy. Ahora, ¿dónde?, no tengo la menor idea. Quiero estar en el lugar donde mejor pueda desarrollar mi carrera, así que estoy abierta a las posibilidades.

Hablar con Luisa termina por completar en mi cabeza el diagrama de su mundo y sólo destacar aún más la admiración de la que hablaba en un principio; creo que de esa determinación, pero por sobre todo de esa curiosidad, deberíamos aprender todos. Desde las instancias dentro de su taller, hasta los momentos de “ocio creativo” –como lo denomina ella–, toda situación dentro de este aparente status quo diario implica un posible estado de alerta. De esas observaciones pueden nacer nuevas cosas, nuevos proyectos, pero por sobre todo, nuevos enfrentamientos.

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