Luego de dos intensos días de seguir sus pasos durante la conferencia de prensa e inauguración de la muestra, que culminaría con una íntima conferencia abierta al público en el Centro de las Artes 660 al día siguiente, fui testigo de una de las experiencias más honestas y humanas de quién me pondría a sólo un grado de separación de Andy Warhol.

A una semana de su inauguración en el Museo de Arte Contemporáneo de Parque Forestal y con aproximadamente 3.500 asistentes durante sus primeros tres días de exhibición, la retrospectiva de David LaChapelle gestionada por Fundación AMA ha dado mucho que hablar. Algunos medios lo han catalogado superficialmente como “el fotógrafo de las celebridades”, pero ¿qué hay detrás de uno de los artistas contemporáneos clave de nuestra época? ¿cómo utilizó lo comercial como una estrategia visual para abordar y desarrollar temáticas de contenido a nivel mucho más profundo?

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A principios de los ochenta, David LaChapelle se mudó al East Village, Nueva York en búsqueda de una oportunidad en el circuito artístico –como muchos otros jóvenes de la época también lo hacían, por “15 minutos de fama”–. Este período fue definido por el artista como uno de los mejores y peores momentos a la vez, ya que para ese entonces el sida era una enfermedad relativamente nueva y muchos de sus amigos estaban muriendo a causa de él. “Esto me llevó a preguntarme constantemente qué pasa con la energía de todas esas personas de 21 años al morir”, interrogante clave que activaría una serie de estudios a lo largo de su investigación artística, donde la metáfora con respecto al cuerpo y el alma se presentarían en variadas ocasiones.

Escenografías, personajes y situaciones que remiten al Barroco en cuanto al proceso de selección de sus modelos y elementos, encontrando al mismo tiempo su inspiración en el Renacimiento, al interesarse por resaltar y acentuar la figura humana y su belleza puesta en contexto. Imágenes de alta carga dramática que proponen al cuerpo como una cáscara, un envoltorio que sufrirá las consecuencias del tiempo sin importar la cantidad de tratamientos a los que se le someta.

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Es por esta razón quizás, que su trabajo más comercial continúa siendo fiel a sus interrogantes artísticas, en el momento que las celebridades funcionan como vehículos de comunicación a través del retrato; una ventana hacia el mundo narrativo interior del personaje donde la presencia del simbolismo es imprescindible. En consecuencia, y producto al ofrecimiento laboral en Interview Magazine de parte de Warhol, es que LaChapelle define su paso por las editoriales de moda como un ‘gran curso de fotografía’. “La fotografía era un proceso muy costoso en ese entonces (…) esto implicaba que podría producir material y a la vez vivir de ello, así que lo tomé”.

Este camino implicó también fuertes reflexiones en torno a una sociedad de consumo que no sólo devora productos y objetos obsoletos, sino que también termina por desechar socialmente y sentenciar a quienes no son capaces de mantenerse en la palestra. Con la maduración de esta idea y recurriendo a la iconografía religiosa y citas de la historia del arte, LaChapelle vuelca sus imágenes a un contexto de juego con el espectador, desafiándolo a través de esta doble moral presente en algunas de sus escenas.

Con respecto a su último período de editoriales el 2006, el fotógrafo comentó: “La gente se asustaba porque usaba la imagen de Jesús (…) ahí sentí que se acababa la época de revistas de mi vida”. La decisión fue acompañada por un alejamiento a nivel personal, mudándose desde la ruidosa ciudad de Los Ángeles, California a su actual casa en Maui, Hawái. A los pocos meses de instalarse, David recibe la llamada de una galería europea ofreciéndole un espacio de exhibición: “le dije que ya no sacaba fotos a celebridades y ellos me dijeron que no les importaba (…) ahí vino la pregunta ¿qué quiero comunicar?, ¿qué quiero hacer?”.

Esta libertad creativa es a la que tiene que estar dispuesta a enfrentar el espectador durante su visita al MAC, pues refleja una evolución intelectual-productiva coherente y consecuente, que toma las reflexiones y metáforas de una carrera temprana para integrarse como proceso primordial en la comprensión de los últimos diez años de producción del artista, donde la constante interpelación del espectador nos obliga a enfrentarnos a nosotros mismos. Un reflejo de la sociedad que se disfraza bajo códigos y representaciones populares en torno a las cuales todos hemos fantaseado: la idea de un paraíso, el fin del mundo, la vida después de la muerte y la dimensión metafísica de las cosas.

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