Este domingo culminó la séptima versión de Ch.ACO en Estación Mapocho. Con una gran cantidad de asistentes, se sitúa como una de las ferias de arte contemporáneo más importantes del país –reuniendo a artistas, curadores, galeristas y agentes del medio anualmente– que durante extensas jornadas invitan al público a reflexionar sobre el arte contemporáneo y el quehacer artístico tanto a nivel nacional, como internacional.

Estuvimos presente el pasado jueves en lo que fue su inauguración, acompañados por artistas y galeristas que conversaban y resolvían dudas de los asistentes, en un ambiente que no dejaba de ser una celebración; celebrar al arte, el vehículo de comunicación y educación más eficiente, aceptando al mismo tiempo la invitación a reflexionar sobre lo que nos acontece.

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¿Qué presentar? ¿Cómo seleccionar las obras a mostrar en una de las vitrinas más destacadas al año? ¿Cómo distinguirse entre cientos de espacios contiguos?

A todas estas preguntas tuvieron que enfrentarse Javier González Pesce e Ignacio Murua, quienes desde hace 4 años han autogestionado LOCAL, la galería de arte que apuesta por una escena independiente ubicada en Barrio Italia –rodeados por talleres de artistas y nuevos espacios dentro del circuito cultural–, que tiene como objetivo ser un espacio que invite a la experimentación artística, sin límites ni premisas obstaculizantes para el artista. De esta manera, las clásicas presiones formales de una galería tradicional quedan obsoletas y el fin último está centrado netamente en el proceso y los sistemas de producción de apuestas arriesgadas.

LOCAL trabaja paralelamente entre sus proyectos curatoriales colectivos y la representación de los artistas Rodrigo Araya, Alejandro Leonhardt, María Karantzi y Carlos Costa, exhibiendo sus muestras y obras en un total de seis ferias de arte entre Chile, Estados Unidos y España a lo largo de su corta pero significante trayectoria. Con respecto a Ch.ACO, Murua y Gonzalez Pesce ven en el contexto “feria de arte” un potencial site specific que durante los dos últimos años han transformado en una crítica al mismo sistema que oscila entre el coleccionismo en nuestro país y las dinámicas comerciales, mediados siempre por la ironía que reside en cada instalación.

“Nuestras primeras exposiciones fueron diseñadas pensando en cuestionar al sistema del arte nacional, los mecanismos de financiamiento, la legitimación de artistas, influencias culturales, etc (…) Mientras que para Ch.ACO operamos con una actitud crítica que no pretende ser comercial y que al mismo tiempo cuestione irónicamente está noción. El año pasado montamos una playa en nuestro stand, donde diariamente se modelaban en arena algunas de las obras escultóricas más importantes del arte moderno y contemporáneo, por un artesano que contactamos en Valparaíso. Nos interesaba problematizar con respecto al aura que reside en torno al objeto de arte –su valor histórico y traducción económica–, así como la figura del mismo artista y el cuestionar la autoría”, cuenta Ignacio Murua.

Este año LOCAL presentó una nueva sorpresa para todos los asistentes, posicionándose como uno de nuestros favoritos de la feria. Se trata de “Andy Warhol, pop de ultratumba”, una muestra que nace de la factible posibilidad de comunicación a través de sesiones de espiritismo con el fallecido Andy Warhol, para invitarlo a colaborar y exponer en LOCAL durante Ch.ACO 2015, reuniendo una serie de obras póstumas y nuevas, dirigidas y dictadas por Warhol y llevadas a cabo por Murua y González Pesce.

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Andy Warhol es el ícono del coleccionismo por excelencia. Con un cuerpo de obra que supera el total promedio de la mayoría de los artistas –gracias a sistemas de producción asociados a la facturación en serie, el recurso de la serigrafía y la influencia de una sociedad de masas liderada por el consumismo–, se sitúa al mismo tiempo como uno de los más comercializables desde el inicio de su producción, transformándose en uno de los artistas más influyentes de nuestros tiempos.

Su relevante presencia en la historia del arte implica a su vez una resignificación de todos aquellos objetos y situaciones banales del día a día; así lo explica el crítico norteamericano David Hickey en el documental de Warhol de American Masters (escrito y dirigido por Ric Burns) al postular su influencia como un “antes” y un “después” en el mundo, consecuencia del nuevo valor interpretativo conferido a aquello que nos rodea y que produce, finalmente, un cambio de percepción del entorno y de la noción de arte (donde prácticamente cualquier objeto puede transformarse en arte y tiene el potencial para esto).

“Nos parecía muy chistoso que LOCAL –nosotros, la galería chica dirigida por un par de artistas que entran a la feria siempre a último minuto– de pronto estuviese representando y exhibiendo la obra inédita de una de las figuras más relevantes de la historia del arte, que incidió de manera radical en las lógicas comerciales de producción de arte. Warhol es la figura histórica más relevante en relación al vínculo entre arte y mercado. En segunda instancia, se propone un juego jerárquico donde reside la ironía, porque Warhol es gigante y nosotros, incluso Chile mismo, aún somos ínfimos. A casi 30 años de su muerte y durante nuestra humilde feria de arte en una alejada ciudad del fin del mundo, con una incipiente escena de coleccionismo, se presentaría entonces el más reciente trabajo de Warhol en nuestro stand, y ¿quién podría decirnos lo contrario?” comenta Ignacio Murua, al referirse a la factibilidad de comunicación con respecto al sistema de contacto.

Si bien el espiritismo puede ser un medio cuestionable para muchos, existe en la puesta en escena de LOCAL una confirmación de que aquél posible efectivamente podría tratarse de una realidad; una instalación de arte objetual con lógicas y decisiones visuales coherentes a Warhol, donde el público puede comer de los plátanos ubicados al centro siempre y cuando devuelva su cáscara a la pila de bananas –funcionando como una analogía al consumismo dentro del arte mismo, ratificada al mismo tiempo por la exposición de la conversación que mantuvieron con el médium en trance, en una pared del stand.

Y si finalmente no fue real, por último nos queda el “querer creer” que todo esto fue cierto, idea que oscila en cualquier religión/proceso/creencia donde la fe está en juego, funcionando a su vez como razón, explicación y apoyo de todo aquello que no tiene una explicación lógica. “En definitiva, acá hay probablemente una gran ficción; una construcción material en función de una mentira relativa, relativa en la misma medida en que todo esto podría ser cierto”, concluye Murua.

 Dónde: Av. Italia 1129, Santiago de Chile

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