Álvaro Izquierdo (32), artista de la Finis Terrae, es de esos artistas pasionales, explosivos y muy trabajadores que muchas veces calza con la imagen que varios tienen del estereotipo, pero que en la práctica cuesta encontrar. En el último tiempo ha trabajado arduamente en una serie de pinturas que no dejan indiferente a nadie, colores ácidos y eléctricos son la constante de estas. Pocas cosas banales del circuito artístico realmente le preocupan, él más bien prefiere dedicarse a lo suyo y que el resto juzgue. Acá un poco de lo que pude dilucidar de su trabajo y persona.

Creció en una familia que no necesariamente estaba ligada al arte. De hecho él reconoce que su familia es bien ecléctica, siendo el mayor de 4 hermanos y el más alejado de lo convencional. Siempre supo que lo suyo no iba por ninguna carrera tradicional. Si bien se consideraba bastante “nerd” para sus cosas en el colegio, siempre estuvo dibujando y relacionándose con la cultura urbana en su adolescencia. Más tarde, complementaria ese tipo de referentes con otras culturas, como estéticas indígenas de distintos lugares de sudamérica. Una cosa tuvo Alvaro y que explica lógicamente el ascenso de su carrera, es que desde un comienzo tuvo convicción y decisión en su trabajo. Siempre se agradece encontrar estas características en un artista, y aunque parecen obvias, la mayoría de las obras mal hechas parten de la base de que su autor nunca creyó en el proyecto o no se atrevió a tomar las decisiones certeras que lo complementaran.

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Izquierdo este año decidió trabajar casi obsesivamente, lo que dio paso a un cuerpo de obra sólido, que ya es reconocido en distintos lugares del circuito local. Si bien reconoce que no tiene un sistema estricto para producir, está muy consciente de los estados psicológicos y físicos que necesita para crear y trabajar, haciendo buen uso de las crisis y las distintas etapas que le ha tocado vivir. Es así como desarrolla una serie de pinturas donde se expone a él y sus imaginarios, los cuales le hacen justicia a su persona. Ni temáticas tibias, ni colores neutros, la fluorescencia de las imágenes creadas por Alvaro no dejan indiferente a nadie. Y es esto último, lo que a mi parecer, es lo que ha despertado un interés por él que es transversal a diversos públicos. Porque la honestidad de una obra siempre será bien recibida.

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Desde que egresó de la carrera de Licenciatura en Artes, la cual reconoce que le sirvió bastante, en especial para acercarse a la pintura, supo que debía autogestionarse y muy consciente que de la mano de esto debía dejar los prejuicios y las limitaciones. Hasta ahora ha experimentado en diversos ámbitos, como la moda y la música. Él mismo se ha denominado satélite en el circuito, nunca se ha quedado en el mismo lugar ni le interesa, lo cual va acorde a su energía, que despliega en sus pinturas. Gracias a esa autogestión y trabajo, es posible hoy ver sus pinturas con una similar acogida en circuitos tan disímiles como lo son Alonso de Córdova y el Barrio Italia.

Dónde: Alonso de Córdova 4280-A, Galería The Art Walk
Cuándo: Desde el 8 de diciembre.

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