Un punto rojo marca un par de obras de Balmes. Están en una de las paredes que todavía permanecen repletas de arte en este espacio de la calle Espoz. Luego de felicitar a Isabel Aninat por esa venta, ella responde: “¡No! Son mías y las marco porque tengo que llevármelas y no quiero que se confundan en todo el embajale”.

La galería con su nombre —que partió en 1984 y que tiene dirección en esta moderna construcción desde 2005— cierra sus puertas a mediados de julio. Allí están las cajas, carpetas, catálogos y archivadores esperando traslado.

Noticia que no pasó inadvertida, porque detrás está una de las mujeres que abrió vitrina para artistas expatriados y retornados en los ’80. Experta que sumó como socia a su hija Javiera García-Huidobro, formada en el área y que está inquieta en la innovación para abordar una escena que tiene otros códigos en este milenio.

Las galeristas arrendarán esta estratégica dirección a Copesa. “Pero negociamos que nos cedan un espacio tres veces al año para exponer”, repara Javiera.

La idea de la dupla madre e hija es abrir en marzo próximo otra sede más pequeña en Vitacura (ya ultiman los detalles del desembarco). El foco es internacionalizar a artistas que representen en ferias y galerías en el exterior. Sacarle un pasaporte al arte local.

“Yo no veo esto como una reducción, sino que todo lo contrario: nos ampliamos al mundo”, dice Javiera.

No fue un salto espontáneo para estas mujeres, una de las duplas más guapas e interesantes de Santiago que siempre captan atención.

Más allá de los planes aparece el arraigo. En el jardín está el canelo que plantaron al llegar y que fue el centro de una ceremonia chamánica a la que fueron invitados varios artistas que enterraron cerca de las raíces sus deseos.

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—Hace años que hablan de este giro. 

—Javiera: Justamente no fue una decisión abrupta. Desde los ’90 empezamos a ir de forma periódica a las ferias de arte internacionales, una nueva plataforma muy interesante que reúne a curadores, instituciones y coleccionistas. Instancia donde también se da una discusión profunda respecto de lo que sucede en el arte.

—Isabel: No puedes tomar estas decisiones si no adquieres en el mundo confianza. Empezamos por participar en ferias que no eran tan importantes y, a medida que curadores veían que nuestro trabajo era serio y que llevábamos artistas serios y buenos —aportando al mundo del arte— se fue abriendo una brecha donde pudimos entrar a las ‘grandes ligas’. Porque ferias hay millones en el mundo: buenas, malas y más o menos. Nosotras apuntamos a las excelentes.

—¿Cómo se reinventan de a dos?

—Javiera: Esa es la parte más…

—Isabel: ¡Peleando! (ríe).

—Javiera: No, con argumentos, debate. Nos costó mucho dejar este espacio. Estuvimos dos años articulando todo esto. Al final, con los objetivos claros, todo se dibuja solo y avanza.

—Isabel: Pero hay discusiones, de frentón acaloradas. Yo soy muy apasionada, entonces no puedo tener una socia sin esa pasión. Ella trata de ser racional, pero no lo es (ríe). Eso nos lleva, de repente, a pescarnos de las mechas, pero al final construyes. Construir desde la pasión es súper fascinante. 

—Javiera: Pero le ponemos racionalidad. Obviamente un proyecto serio abarca de un principio y al fin. Las ferias tienen estándares.

—Isabel: Nadie que tenga 35 años de galería no le ha puesto racionalidad. Pero esa pasión por lo que hago es más fuerte. Es mi motor.

—Isabel, ha dicho que el arte es el alma de un país. ¿Cuál es su revisión de la chilena en estas tres décadas?

—Isabel: Es difícil. Sigo pensándolo.

—¿Hoy Chile es como la canción: Bella sin alma?

—Isabel: No. Creo que estamos en una transición. La globalización es demasiado importante, fuerte. Cambia la cosmovisión y esto también sucede en el mundo.

—¿Y en lo local? 

—Isabel: Nos ha llegado fuerte. Los artistas ya no se sienten con un lenguaje propio, sino que les llega tanta información de afuera que están un poquito abrumados y nosotros igual. Al ir hacia el extranjero nos sumamos a la globalización. Porque es preguntarse: ¿Qué pasa en el exterior?, ¿cómo nos conectamos y qué proponemos? Porque no se saca nada con un arte que repite lo que pasa afuera. Hay que proponer.

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—Y en esta época globalizada, ¿cómo se valora la identidad? ¿Vender a Chile?

—Javiera: En Chile fue muy importante el escenario político de los ’70 y ’80. Salirse de esa etapa tan fundamental y traumática fue difícil. Ahora los artistas comienzan a mirar lo local, ver las diferencias que tenemos con el mundo y rescatar un lenguaje propio. Hay una diversidad de temas que enriquece mucho y eso también es muy importante que se lleve afuera. Con internet los buenos creadores pueden estar muy bien informados y pueden vivir en Chile sin perder internacionalización. Antes los artistas tenían que desplazarse: a París, como Matta; Nueva York, como Iván Navarro o Alfredo Jaar. 

—Isabel: Sabes, los chilenos somos súper políticos y eso no se ha eliminado. El arte local sigue así: ahí están los estudiantes en la calle. Lo otro que está interesando mucho afuera es el hacer material. Por ejemplo, una Paula de Solminihac que trabaja con la arcilla. Aquello más orgánico, manual, pero con mucho contenido y discurso se está volviendo muy fuerte.

 —¿El público demanda a la galería más que antes, cuando la galería ‘educaba’? 

—Isabel: O sea, nosotras estamos en las dos partes, porque tenemos un espacio en Parque Arauco que es una lectura mucho más fácil. Allí hacemos entrar a gente en tránsito y que, además, le tiene un poquito de miedo a la galería. Es el primer paso: cruzan la puerta, entienden y empiezan a familiarizarse con el arte —que siempre tiene algo de distante—, y luego ya empiezan a circular por otros lugares. El arte es un camino, un diálogo con el espectador. Si se vuelve muy monólogo, no sirve. 

 —Javiera, ¿sientes que en esta posta tomas el relevo de tu mamá?

—Javiera: No, es un trabajo en equipo.

—Isabel: Pero la pregunta… Ya voy a ir cada vez menos y ahora le toca a ella. Y esa es una de las cosas que me entusiasma: que el otro ponga otras cosas. Javiera por ejemplo, es súper buena. Yo no era tan buena para hablar con los curadores y con los directores de los museos. Aunque no parezca, soy más tímida, pero ella se relaciona muy bien con ellos. Entonces, eso es un plus.

—Javiera: Porque es un equipo.