“¿Ahora qué quieres?”, dice Alejandro Jodorowsky (89) al otro lado del teléfono. Es evidente que se incomoda al saber que se trata de la entrevista que ha postergado por meses. Pero su hostilidad termina de inmediato al saber que la entrevista viene desde Chile.

Al momento de la llamada se está re-acomodando en su hogar en París. Como buen artista, lleva una vida de patiperro, siempre acompañado de su mujer, la francesa Pascale Montandon (46). Justamente es con ella con quien exhibió hace poco en la sala Blum & Poe en Los Angeles.

La obra presentada lleva por autoría el nombre pascALEjandro, la suma de ambos nombres que da como resultado su hijo alegórico, tal como ha explicado en varias entrevistas.

“Mostramos cómo un hombre y una mujer que se aman pueden colaborar en una obra sin pelearse, sin envidiarse y crear juntos, al igual que cómo se crea un hijo”, explica desde la ciudad que lo cobija hace seis décadas. Fue a los 24 años cuando emprendió su viaje a Francia, la premisa era simple, pero no sencilla: forjar su carrera como mimo.

Quién lo diría, llegó lejos, incluso trabajó y fraguó amistad con el afamado Marcel Marceau, evento que cualquiera podría interpretar como pináculo de su vida. Para Jodorowsky no. De la pantomima pasó a la dramaturgia, de allí al arte, los libros, la poesía y las historietas, solo por nombrar algunas de una larga lista. Pero fue gracias al cine que logró la fama internacional, películas como El topo (1970) y La montaña sagrada (1973) fueron sus armas. Es más, seguro de su popularidad, pide que se haga un concurso para encontrar al artista chileno más conocido, infiriendo que él será el elegido.

La fama es un tema delicado, admite que es esquiva, según él, porque no se ha alineado con la industria. Tal vez por eso mismo le llamó la atención cómo los chilenos recibieron la muerte de Nicanor Parra a los 103 años, uno de los pocos amigos que le quedaban. Describe que su sorpresa es porque “los poetas no son muy consagrados en el mundo”.

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—¿Cómo recibió la noticia?

—No puedo decir que me da tristeza porque yo también estoy cerca de eso, tendría que estar triste por mí, ya tengo 89 años. Más bien tengo satisfacción por cómo fue recibida la noticia.

PSICOMAGIA LA PELÍCULA

La última vez que visitó Chile fue para la grabación de Poesía sin fin (2016), película que fue financiada en base a uno de los innovadores métodos que ofrece internet, un crowfunding, es decir, todas las personas del mundo pueden dar de su dinero para que logres tu meta. Solo así reunió más de 440 mil dólares, por lo que este año decidió probar suerte otra vez, ahora con su nueva película, Psicomagia, que espera finalizar a fines de año. Es con esta cinta que busca realizar algo diferente, de partida no utilizará actores, dice que solo habrá personas “reales”, pero deja claro que no se trata de un documental.

“El público está acostumbrado a ver sentimientos falsos porque no son verdaderos, lo interpretan actores. Yo estoy dando un paso adelante en mostrar verdaderos sentimientos, cuando alguien llora, sí llora, cuando alguien se enoja, sí se enoja. Ya terminé la primera parte de postproducción, pero me falta filmar hasta agosto el otro resto, en septiembre vuelvo a la postproducción y termina en diciembre”. Al momento de preguntarle si será un éxito, responde que lleva años “creando un público”, que incluso ahora llena cines en Japón, donde afirma que su última película se exhibió por cuatro meses. Rehúye del concepto cine industrial, no le agrada: “No me he vendido a nada”, repite a lo largo de la conversación.

“Hice lo quería, guste o no guste. En cambio, el cine industrial se dirige a un público que ya existe. ¿Quieren cosas románticas?, vengan historias de amor, ¿quieren cambio de sexo o algo gay?, vengan historias de eso. Lo que más quieren es ganar dinero y para eso tienen que gustar al mayor número de personas. Por otra parte está el artista, el creador, ese que es como un poeta, para él está el cine de autor y tiene que crear su público. Di una conferencia en Los Angeles presentando una de mis películas en un teatro con 300 asientos, pero reunimos casi 2.000 personas. ¡Gran éxito! Jóvenes todos porque hay una gran cantidad de ellos que están cansados del cine industrial, ya no dan más del oportunismo, de los escándalos, del Oscar, ¿a quién le importa esa tontera? A nadie”.

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—¿Está atento de la nueva camada de cine chileno, los Larraín, Lelio? Una mujer fantástica sigue ganando premios.

—Si, pero siempre he dicho que los Oscar me importan un rábano. No sé cómo me eligieron para estar entre la gente que vota, me nombraron aunque no lo pedí. Entonces, ya he visto todo, me llegaron todas las películas y te explican que no puedes mostrarle a nadie por la piratería. Yo hice todo eso y voté por La forma del agua, la mejor película como arte cinematográfico, más bien hecha, la más todo. Guillermo del Toro no es oportunista porque, como te decía, en las películas hay mucho oportunismo, todos hablando de lo mismo, de las personas que migran, de quienes cambian de sexo. No es honesto, es negocio.

—¿Una mujer fantástica le parece oportunismo?

—Me parece oportunismo, pero no tengo que opinar, no me metas en líos, no opino. “Mira, te hablo porque eres chileno y aún tengo un lazo con Chile a pesar de que la industria chilena ha sido muy mala conmigo, nunca me han presentado para el Oscar. Tú sabes que hay una página que se llama Rotten Tomatoes, ahí se reúne la calificación de todos los críticos en porcentaje y Poesía sin fin fue la película con mejor nota el año pasado. Pero no les interesa, no me toman por chileno. Yo soy el que está en Japón hace cuatro meses y nunca sale un artículo mío, no se sabe lo que hago”.

La vida parisina de Jodorowsky tiene poco de aquella romántica ilusión imaginable, dice estar lejos de poder vivir gracias al cine, “gano como un obrero o como fotógrafo, no gano el sueldo de un director”. Y es por eso que decidió ingresar de lleno al mundo de las historietas, su verdadera forma de ganarse la vida, su “ganapán”. Como un accidente comenzó su incursión en las viñetas, era la década del setenta y Jodorowsky tenía un megaproyecto entre manos. La adaptación del libro Dune había requerido toda la creatividad del cineasta, Salvador Dalí, Mick Jagger y Orson Welles, eran parte del reparto e, incluso, iban a contar con Pink Floyd en el apartado musical.

“La película de ciencia ficción no concretada más importante de la historia”, comenta al recordar la historia. Del proyecto solo quedaron las ganas, finalmente la versión conocida hasta ahora es la de David Lynch. Pero Jodorowsky prefirió no echar a la basura lo avanzado, llamó al encargado del área visual, el artista francés Moebius.

“Le dije fracasar es solo cambiar de camino, lo que nosotros hicimos y tus ilustraciones son obras de arte. Entonces, voy a extraer todo lo mío y vamos a hacer un cómic y lo hicimos con todo lo que no pudimos hacer en Dune. Fueron dos partes, la primera El Incal y La casta de los metabarones con Juan Jiménez. Hasta hoy tienen mucho éxito”.

“Ahora estoy haciendo algo que se llama Los caballeros de Heliópolis, que es una revisión de la historia de Francia, desde Luis XV hasta el futuro, pero mezclado con alquimia, una versión diferente. También estoy trabajando con el japonés Katsuya Terada, ahí hago El Cosmopirata que es de ciencia ficción, y con el genio José Ladrönn Los hijos del Topo, que nunca pude filmar así que lo hago en cómic. También estoy haciendo Sangre real y el cuarto tomo del Papa terrible con Theo que es italiano. Todos son grandes dibujantes. Los pintores actuales no saben dibujar, pero en el cómic está todo el arte del dibujo y yo trabajo con los mejores”.

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Pero no todo su día lo dedica a las novelas gráficas, a eso del mediodía detiene todo lo que está haciendo y se acerca a su computador. La hora sagrada para conectarse con su fanaticada a través de Twitter. Son cerca de dos millones de seguidores quienes leen atentos los consejos de quien, en muchas respuestas, califican como “maestro”.

—¿Solo usted escribe en la cuenta?

—Yo solamente, si no no vale la pena. Durante años hice quince tuits al día, pero ya estoy tan cansado con tanta cosa, así que hago entre tres y cinco tuits diarios. Lo hago en el peor horario porque hay menos gente, para que no se vea que estoy buscando público. Siempre intento sembrar ideas poéticas, psicológicas, filosóficas, de sabiduría popular, algo que sea útil para quien lo lea.

—¿Le gusta la respuesta de la gente?

—Sí, es formidable, además, he sembrado el tarot de Marsella que no es ninguna cosa de ver el futuro, es una terapia psicológica y hay muchos seguidores que lo practican. De hecho, le leí el tarot a la presidenta en el primer mandato, fue ahí en La Moneda y le dije, mire, ahí usted tiene tres cartas, pero no me diga lo que pregunta y yo voy a leer las cartas. Así fue con la primera carta que le hizo sentido, luego con la segunda y así estuvimos como media hora, le dije, que tenía curiosidad por saber qué le dije, me respondió ‘quizá cuando termine mi periodo le podré decir’.

—Pero también tiene muchos detractores.

—Es muy entretenido recibir tu dosis de insultos diarios (ríe) es un muy buen masaje para el ego, así no te sientes la gran caca, ¿ves? Y uno los recibe con humor porque ya está, no eres un dios para que toda la gente crea que lo que haces es una maravilla.

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—La mayoría de quienes critican apuntan hacia la psicomagia, que sería un fraude.

—Lo tomo con mucha filosofía, digo, no la entendieron, yo cometí el error de hacer algo público y tratar de curar con una frase de 140 caracteres, era como algo surrealista ¿no? Y, claro, entonces no lo hago más, eso es todo, no soy solo eso. Lo borré de mi expresión porque si no se entiende no lo hago. Ahora en la película que estoy haciendo voy a mostrar lo que es, pero voy a tener dos horas para eso y no con una sola frase.

“Además, hubo un revuelo con unos tuits inventados que no escribí, pero la cosa pública… Es lo que le pasa a Woody Allen, lo están acusando hoy en día de algo que él ya demostró que era inocente, pero en internet apenas hay una acusación se da por hecho, la persona es culpable hasta que se demuestra lo contrario”.

Jodorowsky se refiere a la vez cuando por medio de falsificación de imágenes, se intentó hacer creer que había posteado: “Todos deberían violar a sus hijos. Eso los hace despertar un afecto traumáticamente inquebrantable por sus padres”, lo que se comprobó falso a las pocas horas. “Ahora evito todo lo que no pueda ser comprendido. Política muy poquito, porque hay partidarios muy feroces. Cuando hablo que un presidente lo está haciendo mal, hablo en general, como tampoco hablo de religión. Si quieres sembrar tienes que hacerlo en un terreno en el que crezca tu semilla y tienes que hablarle a quien te quiera oír. Eso aprendí, a no forzar mucho los límites”.