Como respuesta a la crisis migratoria más grande de las últimas décadas, la Unión Europea ideó el proyecto para la construcción de los denominados hotspots: centros de recepción y registro para los refugiados solicitantes de asilo, donde se gestiona el flujo de entradas mediante la identificación y toma de huellas dactilares para una posterior reubicación de los migrantes en algún país de la UE, si califican al derecho a asilo o el estatuto de refugiado. Lesbos, la isla griega cercana a las costas de Turquía, es uno de los cinco hotspots previstos en las islas de Grecia y hasta hace aproximadamente un mes, era el único punto activo.

Con un registro diario que fluctúa entre los 3.000 y 3.500, según el diario El País, los refugiados llegan a Lesbos mediante embarcaciones pequeñas e inestables provenientes de Turquía y muchas veces no logran llegar a destino, yaciendo en el Mar Egeo. Dentro de los registros, existe una gran cantidad de niños que llegan solos a la UE; mientras algunos logran contacto con sus compatriotas para continuar su ruta, otros se encuentran en constante riesgo al tráfico de personas y la explotación sexual por parte de bandas mafiosas, debido principalmente a la falta de protección policial en la ruta que emprenden los refugiados una vez que llegan al continente europeo, según consigna Elmundo.es.

Frente a esta situación, el artista contemporáneo y activista chino Ai Weiwei viajó a Lesbos, donde se encuentra grabando un documental sobre la crisis de los refugiados. A través de su cuenta oficial de Instagram, Ai Weiwei actualiza periódicamente su feed de imágenes y videos con lo que está sucediendo en Grecia y la situación de los migrantes. Su objetivo se centra en concientizar al mundo entero, utilizando la instantaneidad del flujo de información, gracias al poder de las redes sociales en nuestros tiempos: “Quería estar más involucrado porque esta es una situación en la que no puedo simplemente girar mi cara” comentó Ai, durante una entrevista para Ruptly Tv.

La causa lo tiene comprometido a tal punto, que a fines de enero cerró su muestra “Ruptures” que se exhibía desde marzo de 2015 en la Faurschou Foundation de Copenhague, Dinamarca, y retiró su instalación “Yu Yi” de la actual exhibición “A New Dynasty -Created In China” del ARoS Aarhus Art Museum del mismo país, en modo de protesta contra la aprobación de la ley por parte del gobierno danés, que autoriza al gobierno a confiscar los bienes de los solicitantes de asilo.

Además de la apertura de un taller permanente para la elaboración de proyectos artísticos relacionados a la crisis de estudiantes chinos y alemanes en el mismo lugar, la producción artística de Ai Weiwei se encuentra sumamente activa y ha mostrado sus resultados continuamente, desde fines de enero hasta ahora.

Primero fue la fotografía de Rohit Chawla para la revista India Today, donde vemos al artista reproduciendo la emblemática imagen que dio vuelta al mundo en septiembre de 2015: la muerte del niño sirio Aylan Kurdi de sólo tres años, que se ahogó producto al naufragio de la embarcación sobre la cual huía junto a su familia. De esta manera, la imagen en cierta forma se transforma en monumento; un símbolo eterno de la guerra que devela la gravedad de la situación actual con respecto al destino incierto que tienen los refugiados y que trasciende, finalmente.

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El 5 de febrero pasado, el artista se trasladó a Praga para presentar la obra “Circle of Animals / Zodiac Heads”, ubicada al frente del Trade Fair Palace. Si bien es una obra que ha expuesto ya múltiples veces en distintas ciudades del mundo, esta vez presentó todas las cabezas de bronce cubiertas por mantas plásticas doradas hasta el día de su inauguración. Estas mantas son utilizadas diariamente en la isla, para atender a los refugiados que llegan a Lesbos con síntomas de hipotermia y proteger su calor corporal, mientras que en la instalación, se transforman en un llamado de atención y protesta de parte del artista a la postura del gobierno checo con respecto a la crisis.

Según el Diario Público de España, durante el 2015 sólo 70 personas recibieron el asilo por parte de la República Checa, entre las 1.400 que lo solicitaron, lo que se suma a las constantes declaraciones que rechazan la iniciativa de la UE por parte del mandatario checo.

Hace una semana, Berlín fue el elegido para la última obra del artista. Se trata de la instalación de alrededor de 14.000 chalecos salvavidas que cubren completamente las columnas del edificio Konzerthaus de Berlín, ubicado en la plaza Gendarmenmarkt, en pleno centro de la ciudad, hecha exclusivamente para la gala de evento “Cine por la paz”. Para la instalación, Ai Weiwei utilizó los chalecos que los refugiados abandonan día a día, y que se acumulan en la costa de la isla griega, hecho que también registra diariamente en su cuenta de Instagram.

La capacidad innata de traducir a imagen, de volver tangible hechos y situaciones con el objetivo de concientizar sobre realidades sociales y políticas de la historia, han caracterizado el trabajo de este artista chino a lo largo de su carrera. Cabe recordar “Sunflowers Seeds”, la obra emblemática que presentó durante el 2010 en la Tate Modern de Londres, donde mas de cien millones de semillas de girasol de porcelana, hechas y pintadas a mano, cubrían el piso de la sala.

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Alrededor de 1.600 personas de la localidad de Jingdezhen –donde antiguamente la mayor parte de la población trabajaba fabricando porcelana para la corte del emperador– estuvieron trabajando aproximadamente cinco años en este proyecto. El símbolo de la semilla de girasol proviene de los carteles de la Revolución Cultural china, que presentaban a Mao Tse-Tung como el sol y representaban al pueblo chino con girasoles a su alrededor, sin embargo, las múltiples posibilidades de interpretación están abiertas directamente a la relación simbólica proveniente del contacto con el espectador (gracias a que se puede caminar sobre ellas, para posteriormente confirmar que no se trata de semillas reales) y la manufacturación de un proceso que lleva siglos de tradición.

Por ende, no nos debe extrañar que el compromiso y la actitud consecuente con todo lo que respecta a la crisis, se refleja emigrando también a su quehacer artístico, que termina por confirmar lo más importante: el rol del artista como mediador, comunicador, pero por sobretodo, como agente de cambios y transformaciones efectivas.

Mediante el descubrimiento y la resignificación, Ai Weiwei transforma a estos objetos y situaciones en emblemas y monumentos de uno de los eventos más trágicos del siglo XXI, tanto en el espacio físico, como viral y virtualmente.

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